Cuando los aliados se tambalean

Las autoridades se olvidan de un rey moribundo. Eso dijo Tennyson. Por otra parte, los Estados Unidos no tenían ninguna prisa al inicio de los rápidos cambios que están ocurriendo en Egipto de renunciar a Hosni Mubarak. Poco después de que las manifestaciones empezaran, el Vicepresidente Joe Biden llamó a Mubarak un aliado y Hillary Clinton, la secretaria de estado, dijo que su gobierno era "estable". No fue sino cuando el juego se veía casi perdido para el presidente egipcio que el gobierno de Obama empezó a pedir una "transición ordenada". Y no fue hasta el primero de febrero en la noche que Barack Obama mismo declaró, después de una llamada telefónica a Mubarak, que la transición "debe ser significativa, debe ser pacífica y debe empezar ahora".
La renuencia de los Estados Unidos a moverse más rápidamente no fue - o por lo menos no fue solo - un caso de incertidumbre. Como el benefactor y armero del régimen de Mubarak, a los estadounidenses les ha resultado difícil mantener el equilibrio. No podían aparecer abandonando a su aliado de tanto tiempo al primer soplo de gases lacrimógenos. Eso asustaría a otros aliados árabes leales, tales como los reyes de Jordania y Arabia Saudita, y pondría en peligro las relaciones con Egipto si de alguna manera Mubarak lograra mantenerse en el poder. Sin embargo, Obama tampoco podía aparecer del lado del dictador en contra del pueblo. Eso ofendería los principios estadounidenses y le haría daño a las relaciones con el régimen sucesor si el pueblo ganara. De ahí el quedarse parado en las gradas: El mensaje oficial del Departamento de Estado mientras los manifestantes atestaban las calles de Cairo fue: Mubarak es nuestro aliado, pero deploramos la violencia y estamos de parte de la "reforma".
Obama fue cuidadoso al decir, por lo menos en público, que el futuro de Egipto es para los egipcios decidirlo no los Estados Unidos. Sin embargo los Estados Unidos ejercen influencia en un régimen que depende de ellos para recibir $1.5 mil millones en ayuda al año y casi todo su armamento moderno. Podemos decir sin temor a equivocarnos que el trabajo principal de Frank Wisner, el ex embajador que Obama envió a hablar con Mubarak, era presentarle al presidente egipcio sus órdenes de movilización. En cuanto a quien le sucederá, los estadounidenses conocen y les gusta Omar Suleiman, el jefe de inteligencia que fue nombrado vicepresidente. Él ha sido el emisario entre bastidores entre Egipto e Israel. En este caso también Estados Unidos ha sido cuidadoso en su lenguaje, ya que un endoso manifiesto podría ser utilizado para mostrar a Suleiman como un títere de los Estados Unidos.
Aun así, el manejo correcto de la crisis no puede disimular el catastrófico golpe que el colapso del régimen podría ocasionar a la posición de los Estados Unidos en todo el medio oriente. El valor de Mubarak para la superpotencia está convenientemente resumido en un cable del Departamento de Estado del 2009 publicado por WikiLeaks. Dice que la fuerte relación militar de los Estados Unidos con Egipto ha dado apoyo a la paz entre Egipto e Israel y ha asegurado el acceso crítico al Canal de Suez y al espacio aéreo egipcio para las operaciones militares estadounidenses. Dice el cable que Mubarak y los líderes militares egipcios ven la ayuda estadounidense como una "compensación intocable" por lograr y mantener la paz con Israel.
El peligro a que expone la paz con Israel será la principal preocupación estratégica para los Estados Unidos si el presente régimen colapsara después de la salida de Mubarak. Egipto ha desempeñado lo que los Estados Unidos consideran un papel crucial para mantener a Hamas contenida en la Franja de Gaza y la disminución del flujo de armamentos iraníes hacia el movimiento radical islamista. Si el nuevo régimen no hiciera otra cosa que abrir sus fronteras con Gaza - Mohamed ElBaradei, por su parte, dice que el cerco debe ser eliminado - la política estadounidense e israelita hacía los palestinos se vería seriamente perjudicada. Pero las cosas podrían ser mucho peor que eso.
Si, como parece probable, un nuevo régimen tratara de hacerse popular endureciendo su postura con Israel, el equilibrio de poder más amplio en la región podría cambiar también. En el peor escenario, en la opinión de los estadounidenses, la nación árabe más grande y antigua podría salir de la órbita de los Estados Unidos y buscar nuevos amigos en la llamada alianza de "resistencia" de Irán, Siria, Hizbullah y Hamas. Los esmerados esfuerzos de Obama para construir una alianza regional para contener a Irán que se sospecha está en la búsqueda de armas nucleares podría ser desarticulada.
La mayor prueba
Otras consecuencias mayores son más difíciles de cuantificar si los Estados Unidos "perdieran" a Egipto. Si el poderoso Egipto le da la espalda a los Estados Unidos, ¿cuánto tiempo tomaría para que viejos aliados como Jordania, Marruecos y Arabia Saudita lo hicieran también, o se volcaran a otros para su protección?¿Qué oportunidad tendrían entonces los Estados Unidos para mantener su posición en Irak, donde ha gastado tantas vidas y dólares estadounidenses? ¿Podría Egipto, que fue de tanta ayuda durante la presidencia de George Bush en "entregar" a sospechosos de ser terroristas, convertirse en una base de al-Qaeda? Ayman al-Zawahiri, el número dos de la organización, es egipcio - como lo era Muhammad Atta, el secuestrador principal el 11 de septiembre de 2001.
Con tantos intereses vitales en juego, el comedimiento de Obama al decir que Egipto necesita una "transición ordenada" tiene un sentido más claro. Ésta es, a la fecha, la crisis de política exterior más grave de su presidencia. Son, como dice él, los egipcios quienes al final tendrán que decidir su destino. Pero en las próximas semanas los Estados Unidos utilizarán todas sus palancas, especialmente su ayuda financiera y sus vínculos con las fuerzas armadas, para maximizar la continuidad y guiar a Egipto hacia un futuro que sea aceptable para ambos países.
© 2010 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved.
De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
La renuencia de los Estados Unidos a moverse más rápidamente no fue - o por lo menos no fue solo - un caso de incertidumbre. Como el benefactor y armero del régimen de Mubarak, a los estadounidenses les ha resultado difícil mantener el equilibrio. No podían aparecer abandonando a su aliado de tanto tiempo al primer soplo de gases lacrimógenos. Eso asustaría a otros aliados árabes leales, tales como los reyes de Jordania y Arabia Saudita, y pondría en peligro las relaciones con Egipto si de alguna manera Mubarak lograra mantenerse en el poder. Sin embargo, Obama tampoco podía aparecer del lado del dictador en contra del pueblo. Eso ofendería los principios estadounidenses y le haría daño a las relaciones con el régimen sucesor si el pueblo ganara. De ahí el quedarse parado en las gradas: El mensaje oficial del Departamento de Estado mientras los manifestantes atestaban las calles de Cairo fue: Mubarak es nuestro aliado, pero deploramos la violencia y estamos de parte de la "reforma".
Obama fue cuidadoso al decir, por lo menos en público, que el futuro de Egipto es para los egipcios decidirlo no los Estados Unidos. Sin embargo los Estados Unidos ejercen influencia en un régimen que depende de ellos para recibir $1.5 mil millones en ayuda al año y casi todo su armamento moderno. Podemos decir sin temor a equivocarnos que el trabajo principal de Frank Wisner, el ex embajador que Obama envió a hablar con Mubarak, era presentarle al presidente egipcio sus órdenes de movilización. En cuanto a quien le sucederá, los estadounidenses conocen y les gusta Omar Suleiman, el jefe de inteligencia que fue nombrado vicepresidente. Él ha sido el emisario entre bastidores entre Egipto e Israel. En este caso también Estados Unidos ha sido cuidadoso en su lenguaje, ya que un endoso manifiesto podría ser utilizado para mostrar a Suleiman como un títere de los Estados Unidos.
Aun así, el manejo correcto de la crisis no puede disimular el catastrófico golpe que el colapso del régimen podría ocasionar a la posición de los Estados Unidos en todo el medio oriente. El valor de Mubarak para la superpotencia está convenientemente resumido en un cable del Departamento de Estado del 2009 publicado por WikiLeaks. Dice que la fuerte relación militar de los Estados Unidos con Egipto ha dado apoyo a la paz entre Egipto e Israel y ha asegurado el acceso crítico al Canal de Suez y al espacio aéreo egipcio para las operaciones militares estadounidenses. Dice el cable que Mubarak y los líderes militares egipcios ven la ayuda estadounidense como una "compensación intocable" por lograr y mantener la paz con Israel.
El peligro a que expone la paz con Israel será la principal preocupación estratégica para los Estados Unidos si el presente régimen colapsara después de la salida de Mubarak. Egipto ha desempeñado lo que los Estados Unidos consideran un papel crucial para mantener a Hamas contenida en la Franja de Gaza y la disminución del flujo de armamentos iraníes hacia el movimiento radical islamista. Si el nuevo régimen no hiciera otra cosa que abrir sus fronteras con Gaza - Mohamed ElBaradei, por su parte, dice que el cerco debe ser eliminado - la política estadounidense e israelita hacía los palestinos se vería seriamente perjudicada. Pero las cosas podrían ser mucho peor que eso.
Si, como parece probable, un nuevo régimen tratara de hacerse popular endureciendo su postura con Israel, el equilibrio de poder más amplio en la región podría cambiar también. En el peor escenario, en la opinión de los estadounidenses, la nación árabe más grande y antigua podría salir de la órbita de los Estados Unidos y buscar nuevos amigos en la llamada alianza de "resistencia" de Irán, Siria, Hizbullah y Hamas. Los esmerados esfuerzos de Obama para construir una alianza regional para contener a Irán que se sospecha está en la búsqueda de armas nucleares podría ser desarticulada.
La mayor prueba
Otras consecuencias mayores son más difíciles de cuantificar si los Estados Unidos "perdieran" a Egipto. Si el poderoso Egipto le da la espalda a los Estados Unidos, ¿cuánto tiempo tomaría para que viejos aliados como Jordania, Marruecos y Arabia Saudita lo hicieran también, o se volcaran a otros para su protección?¿Qué oportunidad tendrían entonces los Estados Unidos para mantener su posición en Irak, donde ha gastado tantas vidas y dólares estadounidenses? ¿Podría Egipto, que fue de tanta ayuda durante la presidencia de George Bush en "entregar" a sospechosos de ser terroristas, convertirse en una base de al-Qaeda? Ayman al-Zawahiri, el número dos de la organización, es egipcio - como lo era Muhammad Atta, el secuestrador principal el 11 de septiembre de 2001.
Con tantos intereses vitales en juego, el comedimiento de Obama al decir que Egipto necesita una "transición ordenada" tiene un sentido más claro. Ésta es, a la fecha, la crisis de política exterior más grave de su presidencia. Son, como dice él, los egipcios quienes al final tendrán que decidir su destino. Pero en las próximas semanas los Estados Unidos utilizarán todas sus palancas, especialmente su ayuda financiera y sus vínculos con las fuerzas armadas, para maximizar la continuidad y guiar a Egipto hacia un futuro que sea aceptable para ambos países.
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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
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