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Estados Unidos que funciona

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Estados Unidos que funciona
Hay otro Estados Unidos que sí funciona.

"La nación más importante de la tierra - la nación más importante de la tierra - no puede continuar haciendo sus negocios a la deriva de una crisis manufacturada a otra. No podemos hacerlo," explotó Barack Obama el mes pasado. La crisis del momento, el "secuestro" (un paquete de recortes presupuestarios diseñados para ser tan terribles que el Congreso promulgaría una versión mejor), entro en vigencia el 1 de marzo. A menos que el congreso acuerde una extensión de su presupuesto, el gobierno empezará a cerrar el 28 de marzo. En mayo la nación más importante del mundo alcanzará su techo de deuda; a menos que sea elevado, el Tío Sam muy pronto empezará a incumplir sus deudas.

Estos son los Estados Unidos de quien se ríen los líderes chinos, y el resto del mundo democrático pierde las esperanzas. Su deuda está creciendo, su población está envejeciendo de manera amenazante para el presupuesto, sus escuelas son mediocres según los estándares internacionales, su infraestructura está desvencijada, sus leyes son densas, su código impositivo bizantino, su sistema migratorio atolondrado - y ha caído de la primera posición en competitividad del Foro Económico Mundial a ocupar la séptima posición en solo cuatro años. El año pasado Obama y su oponente en las elecciones, Mitt Romney, se quejaban de que el sueño americano se está perdiendo. Hoy, las empresas principales del país tienen cerca de $2 trillones en efectivo, y tienen miedo a invertir en parte debido a que los jefes corporativos no pueden imaginar que los partidos enfrentados en Washington logren resolver nada.

Sin embargo, hay otro Estados Unidos que sí funciona. Una señal proviene de lo que a esos jefes les gusta llamar la verdadera economía. Los números recientes de los mercados de trabajo y el sector inmobiliario han sido bastante saludables. Los estados de situación de los consumidores están mejorando. La bolsa de valores acaba de alcanzar un nivel histórico. Parte de esto es cíclico: el sector privado está rebotando de la crisis. Pero también refleja el hecho de que, más allá del Distrito de Columbia, el resto del país está empezando a atacar algunos de sus problemas más graves de competitividad. Los negocios y los políticos no están esperando por el gobierno federal que venga a rescatarlos. Por el contrario, ellos están enfrentando las fallas que el Congreso ignora.

Estados Unidos la bella

Una razón para el optimismo es que los inventores en los Estados Unidos están tan ocupados como nunca lo han estado, y sus emprendedores están aprovechando sus ideas con la misma celeridad de siempre. La inversión en investigación y desarrollo como participación de la producción recientemente equiparó su record anterior, 2.9% del PIB, establecido en la cima de la carrera espacial. Estados Unidos cuenta con 27 de las 30 universidades que han presentado la investigación científica más citada - y todavía está desarrollando esas ideas. A pesar de que muchos países tienen grandes reservas de petróleo y gas atrapadas en rocas impermeables, los negociantes estadounidenses han descifrado como liberar esa energía y luego comercializar esa tecnología rápidamente; el resultante "gas de esquisto" está ahora ondeando las velas de la economía.

Parte del dinero para la tecnología de la fracturación hidráulica (fracking) provino del gobierno federal, pero la revolución del esquisto en gran parte ha ocurrido a pesar de Obama y su tribu de legisladores verdes. Ha ocurrido de abajo hacia arriba - por emprendedores y por los estados como Dakota del Norte que compiten para atraer inversionistas con mucho más fervor, que por ejemplo, Francia.

Esto se ajusta a un patrón. Presionados por la necesidad de dinero en efectivo, los estados están adoptando grandes reformas para atraer migrantes e inversión. Luisiana y Nebraska desean abolir impuestos corporativos y personales. Kansas creó una posición denominada el "Derogador" para eliminar la burocracia y paga una "recompensa" a las escuelas normales por cada calificación vocacional que sus estudiantes ganan en ciertos campos; Ohio privatizó su agencia de desarrollo económico; Virginia acaba de reformar su sistema tributario a la gasolina.

En este momento, Estados Unidos puede, está aplicando formulación de política creativa a los mismos problemas de los cuales huye el congreso, tales como el gasto en infraestructura. Mientras que el gobierno federal pierde el tiempo, los estados y las ciudades, que tienen mucho menos efectivo, están diseñando nuevas formas de obtener dinero para carreteras, puentes y escuelas. Chicago tiene un fondo fiduciario especial para obtener fondos privados para restaurar edificios decrépitos de la ciudad. Indiana se ha dirigido a la privatización para obtener dinero para la construcción de carreteras.

Hasta la educación está dando señales de algunos cambios. Los estados les están dando a la educación la mayor revisión en la memoria reciente. Cuarenta y cinco de ellos están desarrollando nuevos currículos. Los exámenes son más rigurosos y por fin se están haciendo responsables de los resultados a las escuelas y a los maestros. Treinta y ocho estados han reformado los salarios de los maestros, atándolos, en muchos casos, a los resultados de los exámenes de los estudiantes. Cuarenta y dos ahora permiten "escuelas chárter" administradas de manera independiente, pero financiadas por el gobierno. Es demasiado pronto para decir que resultados tendrán estos cambios, pero finalmente se está haciendo una revisión que hace mucho debió hacerse.

Hágase a un lado y resuelva

Legislación, innovación, infraestructura, educación: cada uno de estos es crucial para la competitividad. Reúna las pequeñas cosas que están ocurriendo en los estados y se convierten en algo bastante grande. Esa es la esencia de los Estados Unidos que funciona.

¿Y el gobierno federal? En algunas ocasiones, ayuda - las leyes federales fueron un catalizador para las reformas educativas - pero con mayor frecuencia Obama y los contenciosos republicanos parecen irrelevantes u obstruccionistas. Por ejemplo, una ley federal restringe los peajes en las autopistas, quitándoles a los estados un medio obvio para financiar nuevas carreteras. Los créditos impositivos federales para I&D deben ser renovados regularmente, lo que crea incertidumbre innecesaria a los que invierten en innovación. El congreso evita que inmigrantes talentosos entren al país (y convierte en criminales a muchos residentes). Muchos más de los Estados Unidos funcionaría si Washington aprovechara las ideas exitosas de sus estados laboratorios: el costo de oportunidad de no hacerlo es inmenso.

Y podría empeorar. Las "crisis manufacturadas" en Washington posiblemente socaven las cosas que sí funcionan. Mejores escuelas y energía más barata son maravillosas, pero si Obama y el congreso no hacen nada para frenar el incosteable crecimiento del gasto en salud y pensiones, los Estados Unidos caerán en la bancarrota. Para el 2037 esas prestaciones se comerán el 17% del PIB - una cifra insostenible. Aun si los Estados Unidos que fracasan no pueden ponerse de acuerdo para ayudar, Obama y los republicanos podrían por lo menos tratar de no arruinar las cosas.

© 2012 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com