Estoicismo en medio de los escombros

Una ocurrencia positiva en la panoplia de desastres que ha asediado a Japón desde el terremoto y el tsunami del viernes es que, según los expertos, la crisis nuclear podría estarse estabilizando gradualmente. Durante el fin de semana, la amenaza de una catástrofe nuclear distrajo la atención de lo que podría resultar ser una tragedia humana de una proporción mucho más grande: una cadena de pueblos y aldeas a lo largo de cientos de kilómetros de costa en la región nordeste de Japón está enterrada bajo agua o ha sido arrastrada por el agua. Miles de residentes han fallecido. Cientos de miles están viviendo en albergues provisionales.
Otro hecho positivo es como el gobierno, las fuerzas de defensa y la gente de Japón famosa por su estoicismo se comportan ante el desastre. El gobierno de Naoto Kan, que hace una semana o dos estaba de rodillas, a la fecha parece estar manejando bien las complejidades de una crisis nuclear, y sus explicaciones han proporcionado tranquilidad durante una pesadilla que fácilmente pudo convertirse en pánico.
Durante el terremoto de Kobe en el 1995, desde el inicio el gobierno dio muestras de incertidumbre, pero en esta ocasión 100,000 tropas fueron desplegadas hacia las zonas más afectadas para dirigir los esfuerzos de búsqueda y rescate. Su trabajo ha sido entorpecido por las terriblemente dañadas vías de comunicación, y han sido criticados por no concentrarse más en ayudar a los sobrevivientes, especialmente las personas mayores y las discapacitadas, en lugar de ocuparse de los fallecidos.
Habiendo dicho esto, ellos están llegando a las áreas más afectadas y están transportando alimentos y suministros por aíre a 450,000 evacuados. Solo el 14 de marzo, por lo menos 2,000 cuerpos fueron encontrados flotando en las aguas en la costa de la prefectura de Miyagi - a pesar de que se dice que el número de víctimas en uno de esos lugares, Minamisanriku, podría no ser de 10,000 como se esperaba, debido a que muchos residentes lograron escapar. Los informes sobre el área revelan un nivel de devastación que el ministro de reforma fiscal del gobierno, Kaoru Yosano, estima que podría costar más de los ¥10 trillones (US$120 mil millones) que costó el terremoto Kobe, en el cual unas 6,500 personas murieron. Sin embargo, esa cifra podría no ser exacta debido a que la industrial Kobe es muy diferente de las comunidades rurales, en las cuales muchos de sus habitantes eran pensionados, que fueron devastadas en esta ocasión.
Hasta ahora, la preocupación económica en un país con uno de los peores niveles de deuda en el mundo ha sido grave, pero no conducente al pánico. El lunes el promedio Nikkei 225 bajó 4.7%. El mismo día, el Banco de Japón para contrarrestar un esperado descenso en la confianza en los negocios, inyectó al sistema financiero un monto record de efectivo y duplicó el tamaño de un programa de compra de activos. Estas medidas podrían haber debilitado al yen, pero en vista del impacto que se espera tendrán los apagones en la industria, podría no ser suficiente para prevenir el daño a la frágil recuperación del país.
Otra preocupación es fiscal. Según Moody, la agencia calificadora de crédito, una crisis fiscal no es inminente, a pesar de la posibilidad de que el terremoto contribuirá al déficit fiscal de Japón. Pero dijo que podría desplazar el punto de inflexión - cuando los ahorrantes pierdan la confianza en la deuda japonesa - un poco más cerca. Una señal de que tan gravemente ven la deuda los formuladores de políticas de muchas tendencias, es que ya la oposición habla de un aumento de emergencia de los impuestos para pagar la reconstrucción. Comprensiblemente, el gobierno dice que tienen asuntos más prioritarios que atender.
Las amenazas de la planta nuclear Fujushima No. 1 continuaban el lunes y no hubo transacciones en la bolsa de las acciones de la Compañía de Energía Eléctrica de Tokio (Tepco), la compañía de servicios públicos más grande de Japón, que es propietaria de la planta; si hubiese habido transacciones se espera que las acciones hubieran caído 20%. El tercer reactor sufrió una explosión similar a la que voló la cubierta exterior del primer reactor el sábado. Pero al igual que la anterior esto no se considera amenazante y se debió a una concentración de hidrógeno, no de gases radioactivos. Dijeron que el recipiente de contención que protege el núcleo no ha sufrido daños.
Hubo problemas adicionales en el sistema de enfriamiento del reactor número dos, pero se disipó la creencia de que Japón estaba experimentando un escape radioactivo tipo el de Three-Mile-Island o como el de Chernobyl. Un experto nuclear japonés dijo que los niveles de radiación detectados no eran de peligro para la vida, especialmente cuando tantos residentes locales habían sido evacuados a más de 20 kilómetros de la planta. Dice que es probable que el haber empapado dos de los reactores afectados con agua salada pueda haber resuelto el problema.
Pero en un país donde una tercera parte de la electricidad es generada por energía nuclear (Japón no cuenta con combustibles fósiles), es muy probable que la crisis obligue a repensar la política de energía nuclear. Es probable que esto sea exacerbado por apagones en todo el país, que afectan la circulación de los trenes y ha obligado a las industrias a suspender la producción.
La habilidad de los japoneses para soportar la adversidad está siendo probaba en una crisis que dice Kan es la peor desde la segunda guerra mundial. En algunas estaciones de gasolina las filas son de kilómetros, principalmente porque muchas refinerías, tales como Cosmo, han cerrado. Los alimentos empiezan a escasear en los supermercados y las farmacias no tienen yodo, que la gente está comprando por miedo a la radiación. En una medida predecible, el gobierno puso a su telegénica primera ministra, conocida como Renho, a cargo de promover el ahorro de energía. A la fecha, la gente ha demostrado una habilidad sorprendente para enfrentar la perspectiva sin quejarse - y muchos voluntarios en Tokio están tratando de hacer el peligroso viaje al norte para ayudar sus desvalidos compatriotas. Otros se sienten obligados a permanecer al lado de sus familias, porque todavía hay una advertencia oficial de que podría ocurrir otro terremoto de gran magnitud.
© 2011 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
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