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Aliados de EEUU deben prepararse para una presidencia de Biden

El período antes de las elecciones de noviembre no es un momento para que los europeos se crucen de brazos

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Aliados de EEUU deben prepararse para una presidencia de Biden
Joe Biden

No hay que hacer predicciones pero, de vez en cuando, es útil imaginar que las noticias van a mejorar. Si miramos más allá del verano, aparecen dos eventos que potencialmente pueden conducir a un punto de inflexión. Los científicos nos dicen que una vacuna o tratamiento para COVID-19 pudiera conducirnos a la salida de la pandemia. En cuanto a la segunda posibilidad, mis amigos en la comunidad de política exterior han hecho un voto de silencio. Podemos susurrarlo en voz muy baja: Es posible que EEUU elija un nuevo presidente.

Una gran parte del mundo actualmente está saliendo de los confinamientos provocados por el coronavirus, pero la recuperación seguirá siendo irregular y vacilante hasta que tengamos una mucha mayor certeza de que COVID-19 puede dominarse permanentemente. El actual peligro es que cualquier cosa que se parezca a un regreso a la vida normal marque el comienzo de una segunda ola de infecciones en el otoño. Los epidemiólogos piensan que un resurgimiento es inevitable. La cuestión es, más bien, la escala. Mientras haya incertidumbre, las empresas se contendrán de realizar la inversión total necesaria para una sólida recuperación.

El ingrediente crítico para una recuperación sostenida es la confianza. Al eliminar el riesgo futuro, una vacuna — o la firme promesa de que habrá una dentro de, digamos, un año — transformaría las perspectivas. Un tratamiento que redujera en gran medida las tasas de mortalidad también ayudaría enormemente. La desalentadora imagen que presentan en la actualidad la mayoría de los pronosticadores económicos se basa en la suposición de que el virus se mantendrá entre nosotros indefinidamente. Con la perspectiva de una completa supresión, el repunte económico probablemente sería mucho más fuerte que el visto después de la crisis financiera de 2008.

Tan dispuestos como están a especular acerca de todos y cada uno de los pasos hacia una vacuna, los políticos y los legisladores más allá de las costas estadounidenses están visiblemente silenciosos en relación con lo que, en ausencia de la pandemia, habría sido el evento geopolítico de 2020. Salvo un puñado de autócratas, los amigos y aliados de EEUU apoyan, en su mayoría, a Joe Biden, el candidato demócrata. Una segunda victoria presidencial de Donald Trump, se oye a los líderes europeos murmurar, representaría una catástrofe para la comunidad democrática de naciones que comúnmente llamamos el Occidente. Pero la mayoría de ellos se equivocaron rotundamente con respecto al resultado de las elecciones en 2016. Predecir que los votantes estadounidenses ahora se desharán del Sr. Trump sería tentar al destino.

Sin embargo, las encuestas sugieren que el Sr. Biden tiene más de 50:50 de posibilidades de ganar la Casa Blanca. El Sr. Trump ha recurrido al apoyo de su base, la economía tendrá dificultades para volver a un robusto crecimiento en los meses previos a las elecciones, y COVID-19 pudiera cobrar muchas más vidas estadounidenses. Es posible que las circunstancias cambien, pero sería imprudente ignorar la posibilidad real de que el Sr. Trump sea barrido por una avalancha de furiosos tuits.

Una victoria por parte del Sr. Biden por sí sola no cambiaría al mundo. La intensa rivalidad chino-estadounidense, tanto estratégica como económica, no puede desaparecer porque así se desee. El Medio Oriente está muy lejos de la paz. El presidente ruso, Vladimir Putin, muestra pocas señales de abandonar su revanchismo. El estrés y las tensiones ocasionados por la globalización y por la desigualdad continuarán avivando los fuegos del populismo. El tejido del multilateralismo se ha desgarrado seriamente en el momento mismo en el que más se necesita para enfrentar la amenaza existencial del calentamiento global. Éstos son retos que van más allá de una fácil solución, incluso para el liderazgo estadounidense más benigno.

Pero no importa. Después de la volatilidad del Sr. Trump, el simple hecho de tener un presidente que valore las alianzas, que esté listo para devolver a EEUU al acuerdo sobre el cambio climático de París y que quiera fortalecer, en lugar de derribar, el orden liberal abierto del Occidente, sería un considerable avance que reviviría la oportunidad perdida por el beligerante unilateralismo del Sr. Trump. El hecho de que la democracia esté en retirada a nivel mundial refleja, en gran medida, el desdén hacia el líder de la nación democrática más poderosa del mundo.

Así es que éste no es momento para que los amigos de EEUU se crucen de brazos. Más bien, deberían estar pensando detenidamente en cómo pudieran ser socios en el esfuerzo por restaurar un sistema internacional basado en reglas, un orden que probablemente sería rechazado por China y Rusia, pero que es vital para preservar los valores democráticos de los dependen la seguridad y la prosperidad del Occidente.

El Sr. Biden, sabemos, es un firme defensor de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Su elección sería el momento para que los miembros europeos de la alianza cumplieran sus promesas de contribuir más a esa alianza. Asimismo, el candidato demócrata ha indicado que desearía rescatar el acuerdo nuclear internacional con Irán. ¿Qué puede hacer Europa para persuadir a Teherán de que aborde las comprensibles preocupaciones de numerosos estadounidenses?

Más allá de tales preocupaciones regionales, los gobiernos europeos — junto con aliados como Japón, Corea del Sur y Australia — tienen un papel que desempeñar en la elaboración de una amplia estrategia occidental en relación con China que combine el necesario involucramiento con Beijing con una sólida defensa de los intereses y valores occidentales. Las condenaciones, las sanciones y las amenazas del Sr. Trump les han dado a los europeos una excusa para esquivar las decisiones difíciles.

El momento unipolar — ese breve período después del final de la Guerra Fría en el que parecía que EEUU sería capaz de moldear al mundo como quisiera — se ha ido para siempre. Pero la presidencia del Sr. Trump ha demostrado el potencial destructivo de una retirada estadounidense del liderazgo internacional. La oferta que los aliados le hagan a un ‘presidente Biden’ debe ser de asociación. Por supuesto, el Sr. Trump aún podría ganar. Pero, en ese caso, quién sabe qué pueda pasar.

©The Financial Times Ltd, 2020. Todos los derechos reservados. Este contenido no debe ser copiado, redistribuido o modificado de manera alguna. Diario Libre es el único responsable por la traducción del contenido y The Financial Times Ltd no acepta responsabilidades por la precisión o calidad de la traducción.?

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