Cómo el euro ayudó a Alemania a evitar convertirse en Japón

  • Berlín debería estar agradecida por lo que la moneda única, y Mario Draghi, le han dado

“Pensad que dos y dos son cuatro/y nunca cinco ni tres./El corazón del hombre ha estado enfermo/y enfermo seguirá”. Cualquiera que esté pensando en la economía necesita recordar estas líneas del poeta inglés A. E. Housman. Las cosas deben ser congruentes. La pregunta es cómo lograrlo. Las personas responsables de las grandes economías no pueden ignorar esto. Una tragedia de la eurozona, particularmente del papel de Alemania dentro de ella, es que la transición a pensar en cómo los ingresos y los gastos son congruentes en los niveles de la eurozona y de los globales hasta ahora no ha ocurrido.

Esto explica, en parte, la generalizada hostilidad alemana hacia las políticas del Banco Central Europeo (BCE). Sin embargo, esas políticas no cambiarán fundamentalmente; incluso es posible que tengan que volverse aún más agresivas. Si es así, la desafección revelada a través de las renuncias de tres funcionarios alemanes de la junta del BCE, más recientemente la de Sabine Lautenschläger, y en los ataques de los legisladores alemanes, empeorará. Esta hostilidad pudiera tener consecuencias a largo plazo no diferentes a las de tres décadas de euroescepticismo en el Reino Unido. Pudiera resultar catastrófico. La Unión Europea (UE) puede sobrevivir sin el Reino Unido, pero no sin Alemania, su principal país.

Cuando el euro se lanzó hace unas tres décadas, yo temí que terminaría dividiendo políticamente a la UE. Pero no existe un camino fácil para dar marcha atrás. Tiene que funcionar. Para los alemanes, es necesario comprender que el euro ya está trabajando a su favor al estabilizar su economía, a pesar de sus enormes superávits de ahorro. Tampoco se puede hacer que esos ahorros excedentes sean altamente remunerativos porque el mercado no los necesita. Eso es lo que significa estar en una “trampa de liquidez” global, con una inversión débil a pesar de las tasas de interés ultrabajas: los ahorros no son escasos sino superabundantes.

¿Cuáles son los beneficios del euro para Alemania? Una respuesta proviene de una comparación con la economía a la que más se asemeja: la de Japón. Ambos países renacieron de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial como aliados de EEUU y como dinámicos exportadores de manufacturas. Son la tercera y cuarta economías más grandes del mundo. También cuentan con el segundo y tercer lugar de las edades medianas más altas del mundo. La tasa de fertilidad de Alemania ocupa el ducentésimo cuarto lugar en el mundo, mientras que la de Japón ocupa el ducentésimo noveno. Éstos son países relativamente grandes de altos ingresos que tienen una rápida tasa de envejecimiento y una sólida industria de fabricación.

No es sorprendente que ambos países también tengan enormes superávits de ahorro privado en comparación con las inversiones. Entre 2010 y 2017, el superávit del ahorro privado comparado con la inversión promedió alrededor del 7 por ciento del producto interno bruto (PIB) en Alemania y el 8 por ciento en Japón. Sin embargo, la composición era diferente: el superávit de ahorro de los hogares representaba el 72 por ciento del superávit privado total de Alemania, mientras que el superávit del sector corporativo representaba el 76 por ciento del de Japón. Incluso con las tasas de interés ultrabajas, la inversión privada nacional se quedó muy por detrás de los ahorros privados. Como cuestión de aritmética, los déficits fiscales o los flujos de capital en el exterior tenían que absorber estos excedentes de ahorros. Es aquí donde surgió la diferencia. En Japón, las salidas netas de capital (por definición, la imagen especular del superávit en cuenta corriente) absorbieron sólo un tercio del superávit privado, y el resto terminó en déficits fiscales. En Alemania, las salidas de capital absorbieron todo el superávit privado, ya que el gobierno también tenía superávits fiscales.

La diferencia no era la virtud fiscal alemana y el vicio fiscal japonés. Japón más bien se vio obligado a tener déficits fiscales porque generar y mantener superávits en cuenta corriente del 8 por ciento del PIB, que de otro modo habría sido necesario, no era viable: la tasa de cambio real era demasiado inestable y los socios extranjeros demasiado hostiles.

Alemania, sin embargo, tiene una tasa de cambio real estable y competitiva. Cerca del 40 por ciento de sus exportaciones de bienes van a otros países de la eurozona. Aquí, la posición competitiva que Alemania alcanzó durante los primeros años de la eurozona todavía está establecida. Además, la tasa de cambio del euro refleja la competitividad de un promedio ponderado de sus usuarios. Estos beneficios han facilitado enormemente la combinación deseada de excedentes privados, fiscales y comerciales de Alemania. El euro hizo que la prudencia funcionara.

¿Qué habría sucedido si la economía alemana no hubiera estado protegida por la eurozona? El marco alemán seguramente se habría apreciado enormemente, esta vez en un mundo de baja inflación. Eso habría llevado la inflación doméstica alemana a niveles por debajo de cero; habría perjudicado la rentabilidad y el rendimiento de las exportaciones; y habría ocasionado pérdidas en las instituciones financieras alemanas, con sus enormes activos extranjeros. También hubiera hecho imposible preservar unas tasas de interés nominales fuertemente positivas y probablemente imposible evitar los déficits fiscales persistentes. En resumen, la eurozona protegió a Alemania de convertirse en otro Japón. Los alemanes deberían estar agradecidos por lo que el euro les ha dado; deberían elogiar a Mario Draghi, el presidente saliente del BCE, por sus valientes decisiones para salvar al sistema de la calamidad; y deberían tener la esperanza de que su sucesora, Christine Lagarde, siga su ejemplo.

Las tasas de interés del ahorro alemán no podrían ser significativamente más altas, ya fuera dentro o fuera de la eurozona. En la economía actual, la única forma de que los ahorradores alemanes disfruten de mayores retornos es correr más riesgos.

Sin embargo, como país, Alemania pudiera ayudar a cambiar el equilibrio de los ahorros e inversiones deseados a nivel mundial. Conforme la economía mundial se desacelera, e incluso la economía de Alemania muestra signos de debilidad, y conforme la demanda extranjera se retrasa, el argumento a favor de hacerlo aumenta. Los legisladores en Alemania y en otros países debieran promover el gasto público y el privado, la inversión, sobre todo. Todo parece indicar que existen enormes oportunidades. Además, la posibilidad de pedir préstamos a las actuales tasas de interés ultrabajas a largo plazo representa una bendición, no una maldición.

Hay que ser ambicioso. En la economía actual, es la única estrategia prudente.

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