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Coronavirus presenta el riesgo de nuevas guerras de divisas

La flexibilización monetaria estadounidense debiera hacerse en conjunción con Japón y con la eurozona y no de una forma que los perjudique

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Coronavirus presenta el riesgo de nuevas guerras de divisas
El Banco Mundial y el FMI, así como la FED, anunciaron medidas para estimular la economía y enfrentar el virus.

El mundo ha tenido más de una década desde la crisis financiera de 2008 para prepararse para otra recesión mundial. Pero no ha usado bien ese tiempo. Ahora ha llegado un enorme choque, en forma del brote de coronavirus, en un momento en el que las economías más grandes del mundo se encuentran divididas por disputas comerciales. Una respuesta política descoordinada que prolongue la debilidad económica y desencadene una nueva ronda de guerras de divisas representa un peligro real.

Aún se desconoce mucho de la enfermedad conocida como Covid-19. Lo que se sabe, sin embargo, sugiere que la única respuesta efectiva, una vez que el virus se arraiga, es implementar cuarentenas como la de China y ahora la de Italia. El inevitable resultado es un enorme choque económico global. La propagación de la enfermedad, incluso en EEUU, contribuyó a una dramática caída en los precios de las acciones mundiales y en los rendimientos de los bonos esta semana.

En un mundo ideal, todos los bancos centrales enfrentarían este reto con un saludable nivel de inflación y con tasas de interés superiores al 5 por ciento.

Lamentablemente, no nos encontramos en tal situación. En muchas partes del mundo rico, especialmente en la eurozona y en Japón, las tasas de interés están por debajo de cero, y el uso de otras herramientas de flexibilización, como la compra de activos, está cerca del límite. En EEUU, las tasas de interés de política monetaria comenzaron esta crisis en un rango de 1.5 a 1.75 por ciento, pero ya han sido reducidas en 50 puntos básicos. Países como México, con tasas de interés del 7 por ciento, y Rusia, con un 6 por ciento, tienen más margen para maniobrar.

Esta asimetría es una receta para lo que el ex ministro de Hacienda de Brasil, Guido Mantega, ha llamado las “guerras de divisas”: no una manipulación directa de las divisas en busca de una ventaja competitiva, sino divergencias en la política monetaria que conducen a fuertes movimientos en el cambio de divisas y a amenazas de represalias por parte de los ‘perdedores’.

Si la Reserva Federal de EEUU (Fed) reduce las tasas cuando el Banco Central Europeo y el Banco de Japón no puedan seguirla, es probable que el dólar se debilite frente al euro y al yen. El recorte de emergencia de la Fed de la semana pasada, y el posterior escape de activos riesgosos, llevaron al yen a alcanzar los ¥101 frente al dólar en un momento dado. Los niveles de alrededor de ¥100 perjudican las exportaciones de Japón, y han provocado amenazas de intervención monetaria en el pasado. El yen pudiera fácilmente fortalecerse aún más si EEUU reduce las tasas a cero. El euro se encuentra en la misma situación.

El margen de la Fed para recortar aún más las tasas también es limitado, y aunque el dólar puede estar cayendo frente al yen, está subiendo con respecto al rublo, al peso mexicano, a la rupia india y a otras monedas, especialmente las afectadas por la decisión de Arabia Saudita de bombear más petróleo y por la resultante caída en los precios del petróleo. Al menos por ahora, parece que la crisis del coronavirus está impulsando una huida hacia la seguridad en EEUU, en lugar de salidas de capital hacia mercados emergentes de mayor rendimiento, como sucedió en 2010 cuando el Sr. Mantega presentó su advertencia.

La pregunta crucial es qué hará el presidente estadounidense, Donald Trump, durante un año electoral con la economía de EEUU hallándose bajo presión. ¿Tolerará él la depreciación de la moneda entre un grupo de socios comerciales estadounidenses? Eso no parece concordar con su carácter. El Sr. Trump pudiera recurrir a la intervención monetaria o a los aranceles punitivos en algún momento durante 2020 si pensara que los socios comerciales estadounidenses están obteniendo una ventaja. La cooperación económica mundial ya se encuentra en un frágil estado; cualquiera de esas dos medidas la fracturaría por completo.

Con la política monetaria limitada, la alternativa es la política fiscal. Pero los países también difieren en su disposición a tener déficits. La eurozona, y Alemania en particular, generalmente se muestran reacios a gastar más. La política fiscal, por lo tanto, también tiene un enorme potencial de generar tensión internacional. Imaginémonos que el Reino Unido implementara un gran estímulo fiscal en respuesta al coronavirus, pero que la Unión Europea (UE) no lo hiciera. Las exportaciones europeas pudieran beneficiarse de la demanda en el Reino Unido, y las negociaciones comerciales del Brexit, las cuales ya son difíciles, se tornarían todavía más difíciles.

La única respuesta es una cooperación global. Es posible que Japón y la eurozona no puedan reducir sus tasas de interés para igualar la de la Fed, pero la flexibilización estadounidense debería hacerse en conjunción con ellos y no de una forma que los perjudique. Jay Powell, el presidente de la Reserva Federal, trabajó arduamente para establecer contacto con los bancos centrales del G7 antes de su recorte de tasas la semana pasada. Incluso si sus esfuerzos no resultan en recortes coordinados de las tasas mundiales, sigue siendo crucial que se mantenga la unidad de los bancos centrales. La Fed debería ampliar las líneas de intercambio de divisas con otros bancos centrales para ayudarlos a satisfacer la demanda de dólares si la liquidez local se reduce.

El G20 también tendrá que actuar. Debiera instar a sus miembros a lanzar un estímulo fiscal focalizado, proporcionándoles dinero en efectivo a los trabajadores que no pueden ganárselo porque sus hijos han sido enviados a casa debido al cierre de escuelas, y a las empresas en peligro de insolvencia debido a una pérdida repentina de la demanda. Cuanto más actúe cada país para apoyar su propia economía, en lugar de tratar de usar la exportación para solucionar sus problemas aprovechando la demanda en otras naciones, menos fricción habrá.

Si bien el panorama médico se está oscureciendo, todavía existen motivos para tener esperanza económica. A diferencia de la crisis de los préstamos hipotecarios de alto riesgo de 2008, el choque no proviene del sector financiero, razón por la cual es menos desestabilizador, y hay más posibilidades de una rápida recuperación. Pero existe sólo una forma de lograrlo: en la economía, como en la lucha directa contra la enfermedad, el mundo debe trabajar en conjunto.

©The Financial Times Ltd, 2020. Todos los derechos reservados. Este contenido no debe ser copiado, redistribuido o modificado de manera alguna. Diario Libre es el único responsable por la traducción del contenido y The Financial Times Ltd no acepta responsabilidades por la precisión o calidad de la traducción.?