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|Cambios en Cuba|
| 26 JUL 2018, 8:00 AM

Cuba sofoca el espíritu empresarial con la burocracia


La Habana.
La Habana.
20180726 https://www.diariolibre.com

Por Marc Frank

La emisión de nuevas licencias comerciales viene acompañada de regulaciones opresivas

Niuris Higueras dijo que está complacida de saber que más cubanos tendrán la oportunidad de seguir el “sueño” de la iniciativa privada en la isla comunista, tras el anuncio del gobierno de la semana pasada afirmando que se iba a reanudar la emisión de licencias comerciales, incluso para bares.

Pero la propietaria de Atelier, uno de los restaurantes más populares de La Habana, tendrá que esperar un poco más para cumplir su sueño de atraer más clientes y construir una nueva cafetería. Además de sufrir una caída en los visitantes estadounidenses, el gobierno ahora está limitando el número de personas que pueden servir los restaurantes a 50 clientes, y los propietarios sólo pueden tener un solo negocio.

“Estos límites no tienen nada que ver con la forma en que funcionan los negocios”, dice ella.

Cuba anunció la semana pasada que reanudaría la emisión de licencias para restaurantes privados, pensiones, taxistas y algunas otras actividades en diciembre, poniendo fin a un congelamiento de 16 meses. Pero también emitió 129 páginas de nuevas regulaciones destinadas a limitar las ganancias y aumentar los ingresos fiscales.

Los empresarios estarán limitados retroactivamente a un solo negocio y los restaurantes a 50 clientes. Además, las pensiones tendrán más inspecciones y tal vez límites en el número de habitaciones que pueden alquilar.

Las medidas son el último giro en la crisis de identidad del país con respecto a la acumulación de capital, que el gobierno ha permitido a regañadientes en un esfuerzo por aliviar sus problemas económicos postsoviéticos.

Los ingresos en moneda extranjera han caído precipitadamente desde que la caída en los precios del petróleo desencadenó la implosión económica del benefactor Venezuela en 2015, lo que ocasionó recortes en las importaciones y asignaciones de energía a las entidades estatales, retrasos en los pagos a los proveedores, estancamiento económico y escasez esporádica.

A los restaurantes privados como el de la Sra. Higueras se les permitió sólo 12 asientos en la década de 1990, seguido por una congelación de licencias por una década. Después los asientos aumentaron a 20 y luego a 50. Los restaurantes estaban evadiendo ese límite con una segunda licencia. Las nuevas reglas lo prohíben.

El “sector no estatal” de Cuba está formado por una combinación de propietarios de pequeñas empresas, sus empleados y personas que venden sus productos en el mercado abierto. Ha aumentado de 157,000 en 2010 a 592,000 o 13 por ciento de la fuerza de trabajo. Hay cerca de 2,200 restaurantes privados en el país y sólo 7,000 empresarios tienen más de una licencia.

Un diplomático europeo dijo que la buena noticia era que los gobernantes cubanos “tienen que aceptar a las pequeñas empresas, les guste o no, porque necesitan los ingresos fiscales”.

La mala noticia, dijo, fue que “la mejor solución que pudieron encontrar es añadir más regulaciones”.

“Estas medidas son más políticas que económicas. Su objetivo es apaciguar a los elementos más conservadores que están preocupados por la expansión del sector y las desigualdades”, dijo Pavel Vidal, un ex analista cubano del Banco Central que ahora es profesor en la Universidad Javeriana Cali en Colombia.

De hecho, el gobernante Partido Comunista recientemente agregó una prohibición sobre la acumulación de riqueza a la prohibición de la propiedad actual en su plan de reforma.

Paul Hare, un ex embajador británico en Cuba, describió las nuevas reglas como “una imagen poco sorprendente pero impresionante del alcance y la huella de la sofocante burocracia cubana contemporánea”.

“Los tentáculos del Estado se están extendiendo cada vez más en todos los aspectos del autoempleo”.

Las empresas a menudo recurren al mercado negro debido al incremento en los precios en las tiendas minoristas estatales y al suministro errático. La promesa del gobierno de abrir puntos de venta al por mayor no se ha materializado.

Para realizar un mejor seguimiento de los ingresos con fines impositivos, las pequeñas empresas ahora tendrán que abrir cuentas bancarias especiales y llevar a cabo la mayor parte de su negocio a través de ellas.

“Simplemente están tratando de exprimirnos más”, dijo el dueño de una tienda de bocadillos en un barrio lejos del sector turístico de La Habana. “Si yo siguiera las reglas, no tendría una tienda y los cubanos no podrían permitirse una pizza”, dijo, y pronosticó que el Estado “que ni siquiera puede administrar la recolección de basura” no iba a poder obligarlo a seguir las reglas.

Muchos de los 6,000 conductores del “museo automovilístico sobre ruedas” en La Habana, que operan abiertamente taxis colectivos con combustible del mercado negro para compensar las tarifas relativamente bajas que reciben, expresaron enojo y ansiedad por las nuevas reglas.

Se verán obligados a comprar una cantidad mínima de combustible de las gasolineras estatales a precios más altos, pagar una cuota mensual de ganancias estimadas y cumplir una regulación que podría limitar sus licencias a los municipios o provincias.

“Esto es un desastre. Es un abuso. Quieren controlar todo y, al final, nada cambia”, dijo el conductor de un “almendrone”, o un viejo automóvil estadounidense utilizado como taxi colectivo por los cubanos.

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