El iPhone apenas está comenzando a crecer

$!El iPhone apenas está comenzando a crecer
Los ‘juguetes’ de Apple ahora se basan en una tecnología mucho más sofisticada que la de hace unos años.

Por John Gapper

Las ventas planas de teléfonos inteligentes enmascaran una tercera revolución industrial que aún no ha alcanzado su punto máximo

No muchas compañías les aconsejan a sus clientes que utilicen menos sus productos más populares. Sin embargo, Craig Federighi, el jefe de ingeniería de software de Apple, con una calma voz comentó el lunes en California cómo el uso del iPhone se había convertido en “un hábito tal que quizás ni siquiera reconozcamos lo distraídos que nos hemos vuelto”.

Y todavía menos compañías sugieren formas de tomar un descanso cuando su mercado se ha quedado sin crecimiento, como ha sucedido con las ventas de unidades de teléfonos inteligentes. Once años después del lanzamiento del iPhone, las ventas globales de los dispositivos cayeron levemente en 2017, y el grupo de investigación IDC anticipa otra caída este año. Definitivamente no parece el momento ideal para enumerar los males del producto.

Apple no está muy preocupada. Cualquier compañía que le dedique tanto tiempo a una presentación de dos horas para (1) jugar con los avatares animados de MeMoji, (2) demostrar una aplicación que imita una radio de dos vías y (3) mostrar un juego de Lego de realidad aumentada, no puede sentirse en peligro existencial. “¡Les van a encantar esos salvapantallas aéreos!”, exclamó Tim Cook, el director ejecutivo de Apple, ante los desarrolladores de aplicaciones.

Es una prueba del adagio de que tendemos a sobreestimar los efectos de cualquier tecnología en el corto plazo, pero los subestimamos a largo plazo. Alrededor de 3.6 mil millones de personas — la mitad de la población mundial — actualmente tiene acceso al Internet. Las ventas planas de teléfonos inteligentes no son un signo de malestar sino de su velocidad de adopción.

Los teléfonos inteligentes tardaron una década en llegar a la cima de la Curva S, el patrón de difusión clásico en el cual el lento crecimiento inicial es seguido por una rápida captación, conforme se corre la voz, y luego disminuye. Pero incluso cuando las personas se apresuran a comprar la nueva tecnología, a menudo es demasiado pronto para comprender todo su potencial: la comprensión sólo se produce después de que las industrias y las sociedades se ajustan completamente.

La era de la adopción generalizada — cuando la tecnología ya no genera tanto entusiasmo y la atención se dirige hacia el próximo dispositivo (en este caso, relojes, altavoces domésticos y drones) — es cuando las cosas realmente comienzan a suceder. Esto fue cierto en el caso de la electricidad y de la reorganización de las fábricas del siglo XX en torno a múltiples fuentes de electricidad, en lugar de en torno a partes impulsados por vapor. El teléfono móvil ha entrado en esa fase.

El signo más claro es la cantidad de atención que las personas dedican a sus teléfonos, tal y como lo señaló Mary Meeker, una socia en la firma de capital de riesgo Kleiner Perkins Caufield & Byers, la semana pasada durante la Conferencia sobre Código en California. Su resumen anual de las tendencias del Internet representa un ritual del exagerativo entusiasmo de Silicon Valley, pero ella mostró suficientes pruebas de que las ventas planas enmascaran otras formas de crecimiento.

El estadounidense promedio ahora pasa 3.3 horas al día usando medios digitales en su teléfono móvil, 10 veces la duración típica en 2008, cuando los iPhone eran los ‘juguetes’ más novedosos. El uso total, incluyendo el tiempo en computadoras de escritorio y en otros dispositivos conectados, actualmente suma casi seis horas, lo cual rivaliza el tiempo que se pasa durmiendo. Un 45 por ciento de los adolescentes estadounidenses reportó en una reciente encuesta de Pew que estaban en línea “casi constantemente”.

De ahí surge el lanzamiento de la aplicación Screen Time de Apple para permitirles a sus usuarios controlar sus adicciones al iPhone y, también, la optimista actitud del Sr. Federighi al anunciarla, reconociendo que pasar un poco menos de tiempo en Twitter y en Instagram no le hará daño a su compañía. Siempre habrá un recorrido en Uber que calificar, un chat de grupo en FaceTime al cual unirse, un MeMoji para enviar a los amigos.

Los ‘juguetes’ de Apple ahora se basan en una tecnología mucho más sofisticada que la de hace unos años. La compañía informalmente develó un conjunto de herramientas para permitir que 20 millones de desarrolladores de software en 77 países exploten el aprendizaje automático para el reconocimiento de imágenes en sus aplicaciones, una naciente forma de inteligencia artificial (IA) cuando Steve Jobs lanzó el primer iPhone.

Los teléfonos inteligentes comenzaron como minicomputadoras conectadas a líneas inalámbricas de banda estrecha, pero ahora incluyen una serie de tecnologías que van desde banda ancha de alta velocidad hasta el posicionamiento global, las unidades de procesamiento gráfico (GPU, por sus siglas en inglés) y los sensores. El dispositivo que ha surgido en la parte superior de la Curva S sólo está relacionado lejanamente con el original.

Esto ha creado una explosión, no solamente de aplicaciones sino de aplicaciones industriales. Éstas incluyen el 20 por ciento de las ventas minoristas chinas que corresponde al comercio electrónico, en gran parte móvil, y las aplicaciones como Waze, la cual combina el mapeo con los reportes de los conductores acerca de los patrones de tráfico. Crea lo que la Sra. Meeker llama “mucho uso y mucha utilidad”, así como también abusos.

Robert Gordon, el economista estadounidense, pone en duda el impacto de la revolución de las computadoras y de las comunicaciones en comparación con el de la “segunda revolución industrial” de 1870 a 1900, la cual incluyó la electricidad, el motor de combustión y el agua por tubería. La revolución de las computadoras — tal vez la tercera revolución industrial — es notoriamente difícil de encontrar en las estadísticas de productividad, como alguna vez lo apuntara bromeando el economista Robert Solow.

El Prof. Gordon fecha el clímax de la revolución de la computadora durante la burbuja puntocom de la década de 1990, lo cual ignora por completo el teléfono inteligente. Yo no estoy de acuerdo. Las compañías tecnológicas, las cuales alcanzaron el 33 por ciento del valor de las empresas estadounidenses que cotizan en bolsa en el índice MSCI en el mes de la burbuja de marzo de 2000, han vuelto a subir hasta el 25 por ciento.

Apple jugó juegos con los desarrolladores el lunes, pero la tecnología que ha inventado todavía está por mostrar su impacto total. No te desconectes todavía.

20180613 https://www.diariolibre.com

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