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Estamos entrando en la nueva era de austeridad estadounidense

En la década posterior a la crisis financiera se creó una gran burbuja de precios de activos

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Estamos entrando en la nueva   era de austeridad estadounidense
Afiche de protesta en Ohio, EE.UU. (AP)

Los estadounidenses son tradicionalmente los consumidores mundiales de última instancia. Pero eso está a punto de cambiar. Incluso cuando finalice lo que el Fondo Monetario Internacional (FMI) llama el Gran Confinamiento y salgamos de la crisis inmediata del coronavirus, las ramificaciones económicas de este momento darán pie a una nueva era de austeridad estadounidense.

Podría parecer poco probable que los estadounidenses se vuelvan tacaños durante un período prolongado, a pesar de que actualmente viven la peor recesión desde la Gran Depresión. Después de todo, la economía de hoy se basa en el consumo.

Desde la década de 1980, EEUU ha incentivado la deuda sobre los ahorros tanto para los consumidores como para las corporaciones, y ha estimulado el crecimiento de un sector financiero que ha generado burbujas de activos en repetidas ocasiones para respaldar el gasto que el crecimiento económico real no pudo respaldar.

De hecho, en la década entre la crisis financiera de 2008 y ésta se creó una gran burbuja de precios de activos en casi todo. Esa burbuja ahora está estallando, exacerbando los cambios económicos que ha traído la pandemia, ya sea un aumento masivo de la deuda pública, la relocalización de las cadenas de suministro internacionales o los cambios forzados por la tecnología en los mercados laborales.

En muchos sentidos, EEUU ya ha pasado por esto antes. El período previo a la caída de la bolsa de 1929 y sus secuelas se asemejan mucho a nuestro pasado reciente. También sugiere lo que podría suceder después: una nueva era en la que los estadounidenses deben ahorrar y producir más, y consumir menos.

Al igual que la década previa a la crisis financiera, los ‘felices años veinte’ se caracterizaron por maravillas tecnológicas, dinero fácil (incluyendo un recorte de tasas en 1921 por parte de la Reserva Federal estadounidense que preparó el terreno para una burbuja bursátil) y una enorme desigualdad de ingresos.

Los salarios de la clase trabajadora se estancaron, mientras que la riqueza de la clase alta aumentó, impulsada por el aumento de los precios de los activos. En aquel momento, al igual que ahora, cuando las personas no podían permitirse el lujo de comprar, pidieron prestado: en la década de 1920, los estadounidenses compraron a crédito más del 75 por ciento de los principales artículos domésticos. También comenzaron a invertir en valores en masa por primera vez. Como lo expresó Edwin Gay, historiador económico de Harvard, en un artículo en Foreign Affairs en 1932: “No los educaron sobre el uso del crédito; simplemente recibieron una nueva visión de sus posibilidades”.

Todo eso terminó en lágrimas en 1929. Pero los cambios en el comportamiento que surgieron de la crisis crearon una generación de personas como mi abuela, quien usaba una bolsita de té varias veces antes de tirarla. La tasa de ahorro personal de los estadounidenses aumentó de alrededor de cero a principios de la década de 1930 a un 28 por ciento durante la segunda guerra mundial.

Esto es crucial. Al igual que hoy, el gasto público aumentó considerablemente en la década de 1930 para evitar una recesión aún mayor. El gasto federal era apenas superior al 3 por ciento antes de la Gran Depresión. Después aumentó al 10 por ciento y siguió aumentando a más del 40 por ciento a finales de la década de 1940. En aquellos momentos, al igual que ahora, el déficit presupuestario se disparó. Sin embargo, a diferencia de ahora, las tasas de ahorro privado eran mucho mayores. De hecho, eran positivamente chinas, en parte porque el racionamiento forzado limitó el consumo, mientras que los ingresos aumentaron gracias a las sólidas exportaciones y la expansión económica relacionada con la guerra.

Será más difícil lograr ganancias similares actualmente. La relocalización de las cadenas de suministro podría beneficiar partes del sector industrial estadounidense y aumentar los salarios, lo cual sería un beneficio tanto para las empresas como para los trabajadores; las compañías Mittelstand alemanas (pequeñas y medianas empresas) podrían servir como modelo. Pero a corto plazo, la desglobalización elevará los precios para todos.

Mientras tanto, las compañías que sobrevivan el confinamiento sustituirán con software a tantos trabajadores como puedan, por lo que el desempleo seguirá siendo elevado. El gasto del sector público también se disparará, y la deuda federal estadounidense crecerá de casi el 80 por ciento del producto interno bruto antes de la crisis a más del 100 por ciento en octubre, y luego probablemente aún más. Esto afectará aún más el desempeño económico: las opiniones académicas sobre los umbrales de deuda preocupantes varían, pero está claro que los altos y crecientes niveles de deuda disminuyen el crecimiento económico.

Lo que el gobierno estadounidense está haciendo ahora no es una especie de programa productivo de gasto keynesiano, sino un rescate de todo a gran escala. Quizás algún estímulo fiscal prudente en áreas como la infraestructura hará que parte de esa carga de deuda adicional sea más productiva. Pero es difícil ver cómo eso compensará los enormes obstáculos económicos que enfrentamos. No estamos en la década de 1990 y la economía estadounidense tendrá dificultades para crecer y salir de la situación.

La solución, según la historia, es clara. Los estadounidenses tendrán que ahorrar mucho más. En 2010, un estudio premonitorio del McKinsey Global Institute, de 45 episodios de desapalancamiento en economías maduras desde 1930, reveló que la mitad involucró períodos sostenidos de austeridad, lento crecimiento del crédito y mayores ahorros.

Esto no significa que no necesitemos el gran gasto gubernamental que se están implementando ahora. Lo que significa es que EEUU necesita una tener conversación honesta sobre qué rumbo tomar a partir de ahora.

En última instancia, la deuda es una carga nacional que comparten todos los contribuyentes. Por lo tanto, los responsables políticos deben pensar en cómo incentivar el ahorro: eliminar todas las deudas improductivas y las lagunas de apalancamiento del código tributario sería un buen comienzo. Con el tiempo, la Reserva Federal también tendrá que explicar cómo reducirá toda esa deuda en sus balances. Y todos tendrán que pensar en ahorrar. Estamos entrando en la nueva era de la austeridad estadounidense.

©The Financial Times Ltd, 2020. Todos los derechos reservados. Este contenido no debe ser copiado, redistribuido o modificado de manera alguna. Diario Libre es el único responsable por la traducción del contenido y The Financial Times Ltd no acepta responsabilidades por la precisión o calidad de la traducción.?

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