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|Libre comercio|
| 18 NOV 2017, 12:00 AM

La vulnerabilidad de Brasil es una gran oportunidad para inversores chinos


China, segunda economía mundial.
China, segunda economía mundial.
20171118 https://www.diariolibre.com

¿Es China el salvador o el captor de los activos del país latinoamericano?

El súper puerto de Açu, cerca de Río de Janeiro, fue bautizado como la “autopista a China” por Eike Batista, el ahora desgraciado ex multimillonario, cuando lo fundó hace más de 10 años.

Poco del imperio empresarial brasileño del Sr. Batista sobrevivió al final del “boom” de las materias primas y quebró en 2014 con una estela de promesas exageradas y gastos extravagantes. Pero un proyecto que ha florecido es el puerto de Açu. Revitalizado por su nuevo propietario, la compañía de capital privado EIG Global Energy Partners, con sede en EEUU, se ha convertido no sólo en una carretera a China, sino que pronto podría ser parcialmente propiedad de compañías chinas.

Ubicado en las playas al norte del estado de Río de Janeiro con un muelle de casi tres kilómetros en el océano Atlántico sur, ya sirve como puerto para los envíos de mineral de hierro a China y como base logística para los grandes yacimientos de petróleo en alta mar de Brasil, en los que están interesados dos de las mayores compañías petroleras de China, Sinopec y Cnooc.

Ahora, EIG busca expandir el puerto y desarrollar nuevos negocios, desde terminales de contenedores hasta plantas de energía y una conexión ferroviaria, lo que ha atraído el interés de China. Las conversaciones de las empresas chinas interesadas en invertir en Açu son parte de una oleada de inversión en los últimos dos años por parte de las mayores compañías del país asiático en Brasil.

Además de Sinopec, las compañías chinas que han comprado activos en Brasil incluyen a China Three Gorges Corporation (constructor de la presa del mismo nombre), al especialista en transmisión de energía State Grid Corp, a la compañía comercial Cofco y a HNA, el conglomerado que incluye desde negocios de aviación hasta empresas financieras. Empresas de tecnología como Baidu también se han incursionado en la economía más grande de América Latina.

Para Brasil, el auge de la inversión china no pudo haber llegado en un mejor momento, ya que ayudó a apuntalar la economía de Brasil que enfrenta dificultades. El producto interno bruto se ha contraído más de 7 por ciento en los últimos dos años en la peor recesión de Brasil conforme lucha por enfrentar un escándalo de corrupción masivo.

La oleada de interés en Brasil representa un cambio significativo de rumbo para Beijing. Desde 2005, China ha prestado más de US$140,000 mil millones a América Latina, casi la mitad a Venezuela. Sin embargo, Beijing ha diversificado cada vez más sus inversiones en Venezuela y otros aliados tradicionales en la región, como Ecuador, hacia países con una base financiera más sólida y con mayores posibilidades estratégicas, principalmente Brasil.

Los partidarios ven la asociación como un matrimonio de dos potencias económicas emergentes: China, el líder industrial de rápido crecimiento, y Brasil, la potencia de recursos agrícolas y naturales.

Pero los políticos nacionalistas brasileños están comenzando a cuestionar la influencia de China de cara a las elecciones presidenciales del próximo año. La invasión de Beijing en el patio trasero de EEUU también está causando preocupación en Washington.

Las inversiones chinas en el resto del mundo, fuera de Brasil, han caído un 40 por ciento en los primeros ocho meses del año — luego de alcanzar un máximo de US$170,000 mil millones en 2016 — como resultado de las enérgicas medidas de Beijing para limitar las inversiones en el extranjero. No obstante, la situación ha sido completamente diferente cuando se trata de los negocios de China en Brasil.

De acuerdo con Dealogic, las fusiones y adquisiciones de empresas brasileñas anunciadas en el año ascendieron a un total de US$10.8 mil millones este año, en comparación con US$11.9 mil millones durante todo el año pasado. Estas cifras han aumentado de casi US$5 mil millones en 2015 y son las más altas desde el récord de US$12.5 mil millones en 2010.

Los analistas sostienen que el aumento de la inversión en Brasil comenzó alrededor de 2010 como parte de una directiva estatal para aumentar la seguridad alimentaria y energética de China a través de adquisiciones en el extranjero.

“Las industrias como la energía, la minería y la agricultura son prometedoras y complementarias para la economía china”, dice Cui Fan, profesor de comercio internacional de la Universidad de Negocios Internacionales y Economía de Beijing. “Invertir en Brasil también puede ayudar a las empresas chinas con exportaciones a las Américas”.

En una segunda fase, en 2014, las inversiones se diversificaron hacia la manufactura y otras industrias enfocadas en el mercado interno de Brasil, ya que China estaba buscando un mercado para el exceso de capacidad industrial en acero, la industria automotriz y otras industrias domésticas.

Los bancos chinos con respaldo estatal se establecieron en Brasil durante esta fase. Los bancos y grupos de inversión chinos también respaldaron el Fondo China-Brasil equivalente a US$20 mil millones, un fondo administrado por Beijing para financiar proyectos de infraestructura que se lanzó formalmente en mayo de este año.

Los abogados y los banqueros dicen que una tercera fase comenzó el año pasado. En lugar de enfocarse en objetivos geoestratégicos específicos, actualmente las compañías chinas han comenzado a actuar más como multinacionales convencionales, buscando rendimientos competitivos e invirtiendo de manera oportunista en una amplia gama de industrias.

La ola más reciente de inversión china también se ha beneficiado por una investigación de corrupción que ha conmocionado a Brasil, según los analistas. Conocida como Lava Jato, o lavado de autos, la investigación, que ha descubierto una red de sobornos a cambio de contratos entre políticos, compañías estatales y contratistas privados, ha llevado a la bancarrota a muchas compañías y ha forzado a otras a vender activos. Una de ellas, Odebrecht, un gran grupo de construcción, en julio vendió su participación controladora en Galeão, el aeropuerto internacional de Río de Janeiro, al conglomerado chino HNA en un acuerdo de R$1 mil millones (US$310 millones).

Lava Jato también profundizó la peor recesión en la historia del país. Para apuntalar el presupuesto federal, el gobierno del presidente Michel Temer está privatizando activos que van desde compañías hidroeléctricas hasta la casa de la moneda nacional.

De momento, las empresas chinas no están enfrentando la misma resistencia política a sus inversiones en Brasil que en otros países, como Australia, donde los inversionistas chinos han sido excluidos de algunas transacciones de tierras agrícolas y compañías de transmisión de electricidad. En 2009, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva limitó las compras extranjeras de tierras en una medida que según muchos estaba dirigida a la adquisición china de granjas grandes. Pero esta vez, Brasilia está desesperada por atraer cualquier inversión.

Sin embargo, con las muy disputadas elecciones que se avecinan en Brasil el próximo año, esta situación benigna podría no durar. El político de extrema derecha y candidato presidencial Jair Bolsonaro, que actualmente ocupa el segundo lugar en las encuestas de opinión de cara a las elecciones de 2018, dice: “Lo que necesitamos es tomar conciencia de que China está comprando a Brasil. No comprando en Brasil, pero comprando a Brasil”.

Larissa Wachholz, directora de Vallya, una consultora que trae inversionistas chinos a Brasil, dice: “En el momento en que los chinos comiencen a entrar en áreas estratégicas, tendrán que pensar en realizar una campaña de relaciones públicas porque están comenzando a atraer la atención de personas a quienes no les gusta lo que están haciendo”.

Por Joe Leahy, Andres Schipani y Lucy Hornby (c) 2017 The Financial Times Ltd. All rights reserved

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