×
Compartir
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Horóscopos
Crucigrama
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Versión Impresa
Redes Sociales
Política
Política

Lo que Trump perdió cuando destruyó sus relaciones comerciales

Expandir imagen
Lo que Trump perdió cuando destruyó sus relaciones comerciales
Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. (ARCHIVO.)

Los consejos asesores pueden funcionar, pero necesitan un presidente fuerte y una agenda adecuada.

Una vez que Donald Trump revirtió a su posición de “culpar a ambos bandos” en relación con las ofensivas manifestaciones por parte de los nacionalistas blancos en Charlottesville, era casi imposible para cualquier director ejecutivo estadounidense continuar sirviendo en sus consejos de asesoramiento empresarial.

Larry Summers, el ex secretario del Tesoro de EEUU, lo expresó mucho mejor de lo que yo lo hubiera podido hacer en un artículo del Financial Times escrito antes de que dos de las juntas de negocios finalmente implosionaran el miércoles pasado. El título del artículo fue “¿Por qué no renuncian a los consejos de asesoramiento de Trump todos los directores ejecutivos?”. Ahora ya lo han hecho. La decisión de los ejecutivos de separarse precedió al tuit del presidente, el cual implicaba que él mismo los había despedido.

Fue el caótico final de una extremadamente caótica relación pública entre el Sr. Trump y los ejecutivos, un resultado que también pone en duda sus alardes acerca de su destreza empresarial, una razón central por la que la gente lo eligió.

Pero creo que sería contraproducente simplemente declarar ahora que esos consejos nunca debieran existir.

En contra de los consejos asesores se halla la sospecha de que son ejemplos ligeramente velados del amiguismo, un sistema de redes de alto nivel en la sombra, en el que las empresas hacen negocios a través de canales subrepticios carentes de documentación, de regulación y de observación.

Definitivamente había un aspecto de seguridad en cuanto a ser parte de un gran grupo al unirse a los consejos del Sr. Trump. A continuación el caso de un director ejecutivo estadounidense que conocí recientemente: A Andrew Liveris — el director ejecutivo de Dow Chemical que presidía el Consejo de Fabricación Estadounidense del Sr. Trump — le gustaba entusiastamente justificar su membresía y la de otros ejecutivos señalando que con el Sr. Trump, “si no estás alrededor de la mesa, estás en el menú”. Esa máxima pareció estar enfatizada a principios de la semana pasada cuando el Sr. Trump atacó a Merck en Twitter por abusar de sus clientes con los altos precios de los medicamentos, después de que el director ejecutivo del grupo farmacéutico abandonara el consejo.

La otra crítica de los consejos asesores toma la dirección opuesta: que son mero ‘escaparatismo’. Los ejecutivos se hacen miembros simplemente para disfrutar de algo de la gloria y del prestigio que se refleja desde el más alto cargo político en la tierra, y viceversa. Cuando se necesita asesoramiento real, son completamente inútiles.

En realidad, los ejecutivos corren el riesgo de ser condenados si se unen a estos consejos y de ser condenados si no lo hacen.

Cuando, como líder de la oposición, David Cameron reclutó a Eric Schmidt — el presidente de Alphabet, la compañía matriz de Google — para su “comité de recuperación económica” en 2009, él admitió que el ejecutivo con sede en California probablemente no asistiría muy a menudo. El Sr. Schmidt se incorporó en aquel entonces al consejo de asesoramiento comercial que el Sr. Cameron había establecido como primer ministro. Los críticos posteriormente citaron a su membresía como un ejemplo de excesiva ‘intimidad’ entre la compañía de búsquedas y el gobierno.

El mandato del Sr. Trump ha enfatizado todavía más el hecho de que tales intercambios de prestigio pueden revertirse en detrimento de ambas partes. Conforme el brillo del permanente bronceado de la presidencia del Sr. Trump se ha desvanecido, lo mismo ha sucedido con la reputación de los ejecutivos estadounidenses que disfrutaron de su anaranjado resplandor.

Yo siento escasa compasión por los líderes empresariales estadounidenses afectados por su proximidad al Sr. Trump. Ellos deberían haber sabido en qué se estaban metiendo. Pero él es la excepción extrema que prueba una regla generalmente sensata que escuché de una directora ejecutiva estadounidense, cuya compañía ha aconsejado a cada presidente de EEUU desde la época de Woodrow Wilson. “El negocio necesita involucrarse con el gobierno para resolver problemas”, ella declaró. “Así es como se progresa”.

De hecho, para los ejecutivos, algo peor que estar en un consejo de asesoría empresarial es no estar en uno. Los líderes empresariales británicos se indignaron de que Theresa May, la primera ministra británica, hubiera disuelto el consejo creado por el Sr. Cameron y de que no los estuviera consultando. Sólo recientemente, la Sra. May revivió las reuniones regulares para recabar recomendaciones sobre cómo manejar el Brexit.

Si los ejecutivos poderosos desean asesorar, o incluso presionar, a los políticos, es casi seguro que puedan organizar una reunión en persona. Es probable que sea más productiva, y más discreta, que una reunión en grupo.

Existen, sin embargo, maneras de hacer que los consejos asesores funcionen. Necesitan un presidente fuerte, una agenda adecuada y apoyo administrativo. Mi colega Rana Foroohar ha escrito que el consejo de fabricación del Sr. Trump nunca celebró una reunión con todos los miembros. Las reuniones que tuvieron lugar estuvieron mal organizadas y fueron acudidas por las personas equivocadas.

Un último punto: los consejos asesores deben asesorar y sus coordinadores deben escuchar. No soy tan ingenuo como para suponer que el único o incluso el principal objetivo de los ejecutivos empresariales en asistir a estas reuniones es proporcionar asesoramiento gratuito. Pero los donantes y los beneficiarios pudieran sacarle más provecho al intercambio de lo que sugieren sus bajas expectativas.

En su libro de 2013, “Dar y recibir”, Adam Grant destacó en su investigación que los “recibidores” se alejaban de la búsqueda de consejos porque temían que “los pudiera hacer parecer débiles, dependientes o incompetentes”. Ésta parece ser la posición por defecto del Sr. Trump. Pero el estudio también mostró que a aquellos “dadores” que buscaban asesoramiento se les calificaba más favorablemente que a aquellos que nunca pedían ayuda. Al destruir sus relaciones comerciales de mayor importancia, es probable que el presidente de EEUU haya sacrificado más que una ocasional oportunidad fotográfica.

Por Andrew Hill (c) 2017 The Financial Times Ltd. All rights reserved

TEMAS -