20180705 https://www.diariolibre.com

Concluida la segunda guerra mundial, la recuperación económica de Alemania mereció ser calificada como milagrosa. Y no quedó atrás tampoco la transformación de la economía japonesa. Hoy en día, un nuevo caso de restauración nacional parece estar en marcha.

Hace quince o más años, en Rusia no había dinero para pagar salarios ni pensiones. Las industrias estaban paralizadas por falta de equipos y materias primas. Los científicos pasaron a ser mantenidos por países occidentales. La productividad de los cultivos agrícolas descendió. Los maestros y médicos no cobraban, y las escuelas y hospitales carecían de libros y medicamentos. Las viviendas se deterioraban por falta de mantenimiento, igual que las calles, carreteras y canales de riego. Había cortes de energía eléctrica. Los buques, aeronaves y otros armamentos estaban oxidados e inoperantes. La delincuencia se organizó en mafias. Los horarios de los ferrocarriles se dislocaron, mientras subía la frecuencia de los accidentes mortales. Fuertes tensiones separatistas en el flanco sur del país provocaban sangrientos conflictos. Para poder subsistir, las familias tenían que vender reliquias que habían estado en su posesión durante décadas. El desempleo subió vertiginosamente, y tanta era la penuria que la tasa de natalidad cayó abruptamente. Una sensación de profunda depresión invadió el ánimo de la población, cuyo orgullo nacional estaba desecho.

En el 2018, los visitantes extranjeros por causa del mundial del fútbol alaban la limpieza de las ciudades, la puntualidad de los transportes y el entusiasmo exhibido por los rusos. El orgullo nacional se ha recuperado, y la economía, a pesar de las sanciones, está creciendo.

Analistas políticos deploran lo que describen como un grave retroceso en las libertades públicas alcanzadas por los rusos luego del colapso de la Unión Soviética. Pero más que esas libertades, la población parece recordar los sufrimientos de esa época.

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