Los autores deben apoyar a Amazon en su batalla con Hachette
Los escritores más espabilados recibirán una proporción mucho mayor de los ingresos de las ventas

Un grupo de reconocidos autores, incluyendo Donna Tartt, Stephen King y Malcolm Gladwell, ha tratado de intervenir en la disputa entre la editorial Hachette y el gigante minorista Amazon. Quienes siguen la industria de la música están familiarizados con esta táctica: músicos prominentes se convencen a sí mismos de que los intereses de los editores de música concuerdan con los suyos. La realidad es muy diferente.
La música y los medios impresos son dos de las industrias que más radicalmente han cambiado debido a la digitalización. Cuando Amazon compara el cambio con la llegada de las ediciones de bolsillo, subestima gravemente sus efectos; la invención de la imprenta es una mejor analogía. Los costos y las barreras de entrada en cuanto distribución han prácticamente desaparecido.
Las empresas establecidas en todas las industrias se inhiben en su respuesta ante el cambio radical debido a los intereses inherentes a sus modelos comerciales existentes. Los editores de música intentaron bloquear las nuevas tecnologías, y se vieron marginados por empresas mejor administradas: Apple, Walmart y Spotify. Los editores de libros respondieron inicialmente con reproducciones en pantalla de mala calidad de sus libros impresos. Cuando éstas no se vendieron, decidieron proteger el status quo.
El punto de cambio determinante fue cuando los fabricantes de hardware pudieron producir pantallas que proporcionan una lectura casi tan agradable como la página impresa. Pronto serán aún mejores. La capacidad de distribución de Amazon le ha permitido desafiar la obstinación de los editores.
El papel del editor de libros se ha basado en su control al acceso a los canales de distribución. La ambición del autor aspirante siempre ha sido la de "ser publicado". Junto con la decisión acerca de lo que debe ser publicado, la compañía ha proporcionado tradicionalmente una colección de servicios asociados: identificación, apoyo y financiación del proyecto literario subyacente, la edición del manuscrito, y la comercialización y promoción de la obra terminada.
Pero los grandes conglomerados que han llegado a dominar la industria editorial están a cargo de personas que aman el dinero más de lo que aman los libros. Estas actividades de apoyo han sido recortados en aras de la maximización de los ingresos, desde el control de acceso hasta la distribución. Las listas actuales de los "best sellers" están repletas de imitaciones de los libros que ya han tenido éxito: las biografías de futbolistas, cocineros famosos, vampiros y literatura erótica femenina.
Estos editores no están preparados para estos nuevos entornos. No sé hasta qué punto el libro impreso seguirá siendo viable de aquí a dos décadas. Pero ya se venden tantos libros electrónicos que el hecho de ser publicado por una empresa como Hachette o Penguin Random House (de propiedad parcial de Pearson, quien también es propietaria del Financial Times) ya no es un factor crítico.
Lo importante para el éxito o el fracaso de un libro es la calidad de la concepción y la ejecución del proyecto en cuestión, la competencia de la edición y la eficacia de la comercialización y la promoción. La mayoría de los nuevos títulos autopublicados fallan estas pruebas; en particular, la ausencia de un editor competente es a menudo obvia. Pero esto también es cierto de muchos títulos publicados por algunas compañías editoriales establecidas.
Algunos editores existentes prosperarán en función de sus puntos fuertes en los servicios de apoyo al autor. Pero para la mayoría no será así. Los autores espabilados y bien asesorados, a menudo ayudados por agentes, podrán comprar técnicas de edición y de comercialización con las ganancias de una proporción mucho mayor de los ingresos de ventas de lo que permite el modelo tradicional. Una de las lecciones del nuevo mundo de la música es que la mayoría de los ingresos se han desplazado desde los derechos de publicación a los espectáculos en vivo y la venta de mercancía. Los grandes pagos por adelantado a los autores también serán reemplazados, así como ha sucedido en la música, por la titulización de futuros flujos de ingresos. La financiación de proyectos de libros con capital de riesgo - tal vez comenzando con libros de texto universitarios y manuales para practicantes - es posible.
Los lectores extrañarán las librerías tradicionales y el ambiente confortable de las bibliotecas. Tenemos un cariño nostálgico por las obsoletas locomotoras de vapor, y las cenas a la luz de las velas. El cambio es rara vez un beneficio inequívoco. Pero los autores que firmaron la carta abierta no se han percatado de la consecuencia comercial más importante en la evolución de la industria del libro. El autor ahora se encuentra donde él o ella debe estar - a cargo.
La música y los medios impresos son dos de las industrias que más radicalmente han cambiado debido a la digitalización. Cuando Amazon compara el cambio con la llegada de las ediciones de bolsillo, subestima gravemente sus efectos; la invención de la imprenta es una mejor analogía. Los costos y las barreras de entrada en cuanto distribución han prácticamente desaparecido.
Las empresas establecidas en todas las industrias se inhiben en su respuesta ante el cambio radical debido a los intereses inherentes a sus modelos comerciales existentes. Los editores de música intentaron bloquear las nuevas tecnologías, y se vieron marginados por empresas mejor administradas: Apple, Walmart y Spotify. Los editores de libros respondieron inicialmente con reproducciones en pantalla de mala calidad de sus libros impresos. Cuando éstas no se vendieron, decidieron proteger el status quo.
El punto de cambio determinante fue cuando los fabricantes de hardware pudieron producir pantallas que proporcionan una lectura casi tan agradable como la página impresa. Pronto serán aún mejores. La capacidad de distribución de Amazon le ha permitido desafiar la obstinación de los editores.
El papel del editor de libros se ha basado en su control al acceso a los canales de distribución. La ambición del autor aspirante siempre ha sido la de "ser publicado". Junto con la decisión acerca de lo que debe ser publicado, la compañía ha proporcionado tradicionalmente una colección de servicios asociados: identificación, apoyo y financiación del proyecto literario subyacente, la edición del manuscrito, y la comercialización y promoción de la obra terminada.
Pero los grandes conglomerados que han llegado a dominar la industria editorial están a cargo de personas que aman el dinero más de lo que aman los libros. Estas actividades de apoyo han sido recortados en aras de la maximización de los ingresos, desde el control de acceso hasta la distribución. Las listas actuales de los "best sellers" están repletas de imitaciones de los libros que ya han tenido éxito: las biografías de futbolistas, cocineros famosos, vampiros y literatura erótica femenina.
Estos editores no están preparados para estos nuevos entornos. No sé hasta qué punto el libro impreso seguirá siendo viable de aquí a dos décadas. Pero ya se venden tantos libros electrónicos que el hecho de ser publicado por una empresa como Hachette o Penguin Random House (de propiedad parcial de Pearson, quien también es propietaria del Financial Times) ya no es un factor crítico.
Lo importante para el éxito o el fracaso de un libro es la calidad de la concepción y la ejecución del proyecto en cuestión, la competencia de la edición y la eficacia de la comercialización y la promoción. La mayoría de los nuevos títulos autopublicados fallan estas pruebas; en particular, la ausencia de un editor competente es a menudo obvia. Pero esto también es cierto de muchos títulos publicados por algunas compañías editoriales establecidas.
Algunos editores existentes prosperarán en función de sus puntos fuertes en los servicios de apoyo al autor. Pero para la mayoría no será así. Los autores espabilados y bien asesorados, a menudo ayudados por agentes, podrán comprar técnicas de edición y de comercialización con las ganancias de una proporción mucho mayor de los ingresos de ventas de lo que permite el modelo tradicional. Una de las lecciones del nuevo mundo de la música es que la mayoría de los ingresos se han desplazado desde los derechos de publicación a los espectáculos en vivo y la venta de mercancía. Los grandes pagos por adelantado a los autores también serán reemplazados, así como ha sucedido en la música, por la titulización de futuros flujos de ingresos. La financiación de proyectos de libros con capital de riesgo - tal vez comenzando con libros de texto universitarios y manuales para practicantes - es posible.
Los lectores extrañarán las librerías tradicionales y el ambiente confortable de las bibliotecas. Tenemos un cariño nostálgico por las obsoletas locomotoras de vapor, y las cenas a la luz de las velas. El cambio es rara vez un beneficio inequívoco. Pero los autores que firmaron la carta abierta no se han percatado de la consecuencia comercial más importante en la evolución de la industria del libro. El autor ahora se encuentra donde él o ella debe estar - a cargo.
Diario Libre
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