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Los descontentos acampadores

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Los descontentos acampadores
Asamblea en la Puerta del Sol, Madrid. AP

Michael Banks, un niño en un musical de Disney en el 1964, "Mary Poppins", es un héroe que tiene poca relación con la airada juventud española de hoy día. Pero su cara aparece en algunos de los miles de afiches pegados a las paredes de la Puerta del Sol en Madrid, donde los manifestantes han acampado por casi dos semanas. ¿La razón? Él le exigió al Dawes Tomes Mousley Grubbs Fidelity Fiduciary Bank que le devolvieran sus dos peniques y provocó una estampida.

Cuando el gobernante partido socialista de España se tambaleó por su derrota de casi 10 por ciento a manos del conservador Partido Popular (PP) en las elecciones municipales y regionales el 22 de mayo - el peor resultado que ha sufrido el partido en su historia - algunos encontraron la respuesta entre los manifestantes en tiendas de campaña en Madrid y en otras docenas de ciudades españolas. No es que los manifestantes - una extraña mezcla de anticapitalistas, anarquistas y pragmatistas molestos por la corrupción y el desequilibrio electoral - hicieran cambiar las mentes de los votantes. Es que ellos, y gente como ellos, usualmente votarían por partidos de izquierda. El 22 de mayo los socialistas perdieron 1.5 millones, o uno en cada cinco, de sus votos. Sin embargo, la coalición Izquierda Unida dirigida por comunistas solo obtuvo 210,000. Igualmente, Mariano Rajoy, el líder del PP, concentró su campaña electoral en la economía y trabajo, las dos preocupaciones mayores de España, pero el PP solo obtuvo 560,000 de los votos sobrantes. Su victoria se debió principalmente al desencanto con la izquierda, no por grandes avances de la derecha.

Aun así esta fue una paliza histórica. Se mide mejor por el número récord de gobiernos regionales y ayuntamientos ganados por el PP. El partido ahora dirigirá entre nueve y once de los 17 gobiernos regionales de España y tendrá una intervención importante en muchos más. Los socialistas quedaron con el control solo de Extremadura y otras dos regiones que no votaron - Andalucía y el País Vasco. Pero todas las capitales provinciales de Andalucía, incluso la tradicionalmente socialista Sevilla, están ahora en manos del PP.

Para finales del próximo marzo se deben celebrar elecciones generales. José Luis Rodríguez Zapatero, el primer ministro socialista, anunció en abril que él no se postulará nuevamente, con la esperanza, probablemente en vano, de salvar a su partido al actuar como el pararrayos de la furia de los votantes. Muy pocos dudan ahora que Rajoy, en su tercer intento, ocupará la posición de primer ministro en el Palacio de la Moncloa. La pregunta es si él logrará el Santo Grial de la política española: una mayoría parlamentaria. Si se repite, la delantera del PP de diez puntos por encima de los socialistas el 22 de mayo lo lograría - apenas. Menos de eso amenaza dejar a Rajoy sin el mandato para las reformas que España urgentemente necesita.

La popularidad de Zapatero ha demostrado ser inversamente proporcional a la sabiduría de su toma de decisión. Durante dos años negó que España estuviese en serios problemas financieros. Su apoyo cayó ligeramente a pesar de la recesión y el desenfrenado desempleo. Pero en mayo pasado, en la medida que el contagio se esparcía por toda la periferia de la eurozona, él hizo un giro en U, abrazando la austeridad, y en menor grado, la reforma. Su popularidad se desplomó.

Ahora los socialistas deben elegir su sustituto. Se espera una amarga batalla fratricida, con llamados para una asamblea de emergencia del partido para destituirlo como secretario general. Si pierde el control de su partido, Zapatero podría perder la posición de primer ministro, o hasta podría verse obligado a propugnar por elecciones tempranas, como ha sugerido el PP. La reunión del partido el 28 de mayo estaba supuesta a determinar el curso. Alfredo Pérez Rubalcaba, el vice primer ministro y Carmen Chacón, la joven ministra de defensa, son los favoritos para sustituir a Zapatero. En términos de política ninguno representa un cambio significativo.

Mientras su partido se impacienta, Zapatero está apegado a un camino de austeridad dirigido a disminuir el déficit presupuestario de España de 11.1% del PIB en el 2009 a 4.4% para finales del próximo año. El grupo de investigadores OECD, dice que lo logrará. El costo político se está haciendo aparente. Pero si los socialistas creen que los votantes de izquierda les abandonaron solo debido a los recortes de gastos, reducción del salario de los servidores públicos y reforma de pensiones, deberían estudiar la demografía de los disgustados acampadores de la Puerta del Sol.

La mayoría de los manifestantes son estudiantes. "La mayoría vive con sus padres. Su problema es su falta de futuro", dice Ignacio Sánchez-Cuenca de la Fundación Juan March de Madrid, un organismo de investigación. El impresionante desempleo de España de 21% aumenta a 45% entre la juventud. El crecimiento de solo 0.8% el año pasado, continúa lento. Una bonanza de una década de endeudamiento privado seguido de un repentino endeudamiento público cuando la crisis atacó, ha dejado una pesada carga. El saldo de la deuda podría afectar el crecimiento por años. La encuesta del The Economist predice un crecimiento este año de solo 0.6%, seguido de 1.1% en el 2012. Eso creará pocos puestos de trabajo.

Cifras económicas provisionales divulgadas a principios de mayo contienen detalles preocupantes. Un incremento sorpresa en el gasto del sector público - que aumentó en 1.1% en el primer trimestre del 2011 después de cuatro trimestres en declive - suscita preguntas acerca de la habilidad de una España descentralizada para mejorar su salud fiscal. Ángel Laborda, de Funcas, un organismo de un banco de ahorro, dice que los gobiernos regionales y los ayuntamientos podrían haber utilizado el presupuesto de este año para cubrir costos del 2010. Eso implica extra déficit encubierto.

Muchas de esas administraciones están ahora en manos del PP. Un cuidadoso escrutinio debe revelar el verdadero estado de la situación. El PP tiene ahora la oportunidad de demostrarles a los votantes cómo manejará las finanzas públicas. Hasta ahora su récord es mixto. La región de Madrid, por mucho tiempo un bastión del PP, tiene el menor déficit de las 17 regiones de España. Pero Murcia gobernada por el PP tiene uno de los peores desempeños.

Los mercados no celebraron el triunfo del PP. El rendimiento de los bonos aumentó y las acciones bajaron, atizando el miedo de que el intento de España de "desacoplarse" de los problemas de otros países de la periferia de la eurozona podría peligrar. Rajoy criticó la reforma de pensiones de Zapatero sin ofrecer una alternativa. Si él desea asumir el control de un país que no esté en crisis él debe ser más claro acerca de sus planes de gobierno.

©  2011 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved.

De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com