No te preocupes, sé feliz (II de II)

Bolsas de valores. Los inversionistas piensan que las acciones son la mejor opción en tiempos de política de expansión monetaria
La inflación baja le ha reafirmado a los inversionistas que los bancos centrales pueden mantener su pie en el acelerador monetario - y permitir que el precio de las acciones aumente más rápidamente que los beneficios. Pero ¿han subido demasiado los precios? La valoración de las bolsas de valores puede ser medida de dos maneras: relativa y absoluta. En términos relativos, la convención es comparar la valoración de los valores de renta variables con el de bonos gubernamentales o efectivo, y calcular la prima de riesgo (el rendimiento más alto que los inversionistas exigen por colocar dinero en una bolsa de valores más volátil).
Un nuevo artículo por Fernando Duarte y Carlo Rosa, dos investigadores del Fed de Nueva York, analiza 29 modelos separados utilizados para calcular la prima prevista en los últimos 50 años. Un promedio ponderado de esos modelos sugiere que la prima actual es de alrededor de 5.4 puntos porcentuales, aproximadamente tan alta como lo fue después del mercado bajista de mediados de los años de 1970 y cercano al precio de acciones más bajo a principios del 2009. Eso hace que los valores de renta variable parezcan una ganga.
Por el contrario, la relación precio-ganancias cíclicamente ajustada de la bolsa de valores estadounidense, que promedia beneficios en diez años, actualmente es 23.2, como fue calculada por Robert Shiller de la Universidad de Yale. La valoración está muy por encima del promedio histórico, lo que sugiere una rentabilidad de capital menor, no mayor.
¿Será posible cuadrar las mediciones absolutas con las relativas? Las acciones podrían tener un mejor desempeño que los bonos gubernamentales, pero solo porque esos bonos ofrecerán un rendimiento pésimo. Los investigadores del Fed de Nueva York encontraron que la razón principal por la alta prima de riesgo era el excepcionalmente bajo nivel de rendimiento. En los Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y Japón, el rendimiento de los bonos a diez años en todos es menor de 2%.
Otra posibilidad es que los beneficios pueden avanzar aún más - en los Estados Unidos están en su proporción más alta del PIB desde la segunda guerra mundial. Hay pocas señales de que los beneficios sean erosionados por crecimiento salarial. Y las caídas de los precios de las mercancías han aliviado otra presión de costo. Pero parte de la fortaleza de los beneficios estadounidenses proviene de ventas en el exterior. Especialmente, una caída de 17.8% en el dólar ponderado por el comercio entre marzo 2009 y julio 2011 estimuló el valor de las ganancias en el extranjero. Desde entonces el dólar se ha estabilizado en una base ponderada en el comercio, y con las expectativas de un crecimiento lento del comercio mundial, el estímulo de las ganancias en el extranjero podría estarse disipando.
Aun así, debido al carácter poco atractivo de los posibles rendimientos de los bonos y el efectivo, probablemente se necesitaría un choque para descarrilar el rally de las acciones en el corto plazo. Ese choque podría ser económico (digamos un repentino incremento de la inflación que provoque un cambio de la política monetaria) o geopolítico (una guerra más amplia en el Medio Oriente, por ejemplo). Pero por ahora, los toros no ven la necesidad de preocuparse.
¿Será posible cuadrar las mediciones absolutas con las relativas?
Las acciones podrían tener un mejor desempeño que los bonos gubernamentales, pero solo porque esos bonos ofrecerán un rendimiento pésimo.
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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
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