Palabras huecas

Libre intercambio. ¿Son inútiles los modelos que muestran los impactos económicos del cambio climático?
Los modelos simplifican. Están supuestos a hacerlo. Es una característica no un error. Su fórmula puede ser compleja pero los modelos deliberadamente omiten algunas cosas a fin de concentrarse en otras. Dejan fuera también factores que no pueden ser presentados satisfactoriamente. Eso es comprensible, pero ¿qué ocurre si los factores que no pueden ser modelados hacen una gran diferencia en el resultado? Y ¿qué ocurre si las cosas que son excluidas tienden a producir un sesgo sistemático en los resultados?
Esa es precisamente la situación que enfrentan los que hacen modelos del impacto económico del cambio climático, argumentan dos nuevos estudios (ver fuentes citadas). Nicholas Stern, el autor de una opinión influyente en el 2007 sobre la economía del cambio climático, dice que los modelos minimizan el daño al medio ambiente. Robert Pindyck de la Escuela de Administración Sloan de MIT va más allá, diciendo que los insumos que emplean los economistas son tan arbitrarios que sus modelos casi no dicen nada útil.
Ambos piensan que los modelos climáticos minimizan o descartan los riesgos de "punto de inflexión" que podrían no afectar al clima todavía pero que podrían hacerlo algún día. Ejemplos de esos riesgos incluyen rendimientos de cultivos - que podrían declinar gradualmente en respuesta al calentamiento global, y luego tambalearse al borde del precipicio - y la posibilidad de que partes de Siberia se calienten, liberando reservas de metano que se encuentran atrapadas en el permafrost. Como el metano es un gas de efecto invernadero, podría producir un ciclo vicioso de más calentamiento y más emisiones de gases. Un estudio reciente en Nature considera que si el metano del Ártico se liberara, podría (estiman los autores) ocasionar $60 trillones en daños - a pesar de que no hay señales de que eso esté ocurriendo.
Los modelos económicos - conocidos como Modelos de Evaluación Integrada (MEI) - toman prestadas las limitaciones de los modelos climáticos y les agregan sus propios problemas. Lord Stern arguye que tienden a subestimar el daño medioambiental y equivocadamente asumen que las tasas de crecimiento económico a largo plazo continuarán inafectadas aun si el clima cambia drásticamente. Objeta Pindyck que las suposiciones básicas que hacen los economistas acerca de cosas tales como las tasas de descuento y la respuesta de las temperaturas al aumento de las concentraciones de carbono son tan arbitrarias que, como dice él, "esos modelos pueden ser usados para obtener casi cualquier resultado".
Típicamente los modelos económicos incorporan pérdidas o daños (de recesiones al igual que del cambio climático) mediante la disminución del valor de un flujo de salida en lugar de reducir el valor del capital, la tierra o el trabajo. Usualmente esto tiene sentido. Pero el cambio climático podría ser diferente. Si, digamos, los niveles del mar subieran, que lo hicieron en cerca de 20 cm en el último siglo, podrían inundar ciudades costeras y destruir grandes cantidades de capital y tierra productivos (sin mencionar daños a la vida y la integridad física). Eso afectaría no solo la producción actual sino la futura también.
Los modelos tienden también a subestimar los daños del cambio climático porque, como ha señalado William Nordhaus de la Universidad de Yale, son extraordinariamente pobres en extrapolar más allá de un calentamiento de más de 3° C. Uno de los modelos de Nordhaus asume que un aumento de 19° C sería asociado con una pérdida de la mitad de la producción mundial.
Un calentamiento de ese nivel probablemente estaría más asociado con la extinción de la vida humana en la tierra. Muchos modelos implican que el mundo estaría mejor a pesar de concentraciones más altas de dióxido de carbono de hasta 650 partes por millón (comparado con 400 ppm ahora). Para la mayoría de los científicos del clima, 650 ppm lucen como un escenario de Mad Max. Pindyck denomina las suposiciones de los modelos acerca del cambio climático "completamente fabricadas".
Lord Stern argumenta que su tratamiento del crecimiento no es mucho mejor. La mayoría de los modelos suponen que hay una tasa de crecimiento "exógena" subyacente (o sea, una que sigue marchando sin importar que otras cosas estén ocurriendo en el modelo). Aun cuando esta tasa es bastante baja - digamos crecimiento de un 1% anual - la magia de la acumulación significa que después de 100 años, la producción se habrá casi triplicado (ver gráfico, columna 2). Si la tasa de crecimiento fuese 3%, la producción aumentaría casi 20 veces.
Ahora combine esos resultados con la tendencia de los modelos de subestimar el cambio climático. Aun si la pérdida en producción económica fuese estimada en 50% (o sea, la pérdida asociada a un aumento de la temperatura de 19° C que destruiría la vida), los modelos todavía dicen que las generaciones futuras estarían mejor (ver gráfico, columna 4). Por ejemplo, a una tasa de crecimiento de un 1% anual, se requeriría una pérdida de producción de dos terceras partes para que las personas estén peor en el 2100. Esos resultados son increíbles. El problema no es que el cambio climático ciertamente empeorará las condiciones de las personas en el futuro. Por el contrario, es que podría hacerlo si las cosas empeoran lo suficiente. Pero los modelos prácticamente descartan esa posibilidad. Como dice Lord Stern, ellos "se acercan a suponer que los impactos y costos [del calentamiento global] serán modestos, y cercano a excluir la posibilidad de resultados catastróficos."
No inservible, sencillamente erróneo
La pregunta es si de todos modos es útil tener alguna orientación acerca de los costos futuros del cambio climático, aunque sea inexacta. La respuesta de Pindyck es radical: olvídese de los modelos. Los llama "cercanos a inservibles como herramientas para análisis de políticas... su uso sugiere un nivel de conocimiento y precisión que son sencillamente ilusorios".
Lord Stern es un poco más esperanzador. Señala que los científicos están produciendo una nueva generación de modelos climáticos y exhorta a los economistas a hacer lo mismo. Pero para que funcione, dice él se requiere de cambios radicales que incorporen la idea de que el calentamiento global puede dañar el capital, la productividad y el crecimiento. Dice que se necesitarían también tasas de descuentos bajas e incluso negativas, para reflejar la posibilidad de que las generaciones futuras estarán en peores condiciones que la presente. Eso es controversial: el uso de una tasa de descuento baja en la "Opinión Stern", el estudio del 2007 que utilizó algunos de los modelos de lo que se queja ahora, fue fuertemente criticado. Pero como se supone que dijo John Maynard Keynes, es mejor estar aproximadamente correcto que precisamente incorrecto - o no hacer ningún estimado.
Fuentes
"The Structure of Economic Modeling of the Potential Impacts of Climate Change: Grafting Gross Underestimation of Risk onto Already Narrow Science Models", Nicholas Stern, Journal of Economic Literature, 51(3): 838-59
"Climate Change Policy: What do the Models Tell Us?", Robert S. Pindyck, NBER Working Paper
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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
Diario Libre
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