Plan de rescate europeo

La auto felicitación puede ser comprendida. Temprano en la mañana el 27 de octubre, después de conversaciones maratónicas, los líderes de la eurozona acordaron un "paquete amplio" para resolver la crisis que ha plagado la eurozona por casi dos años. Incrementaron un fondo diseñado para apuntalar a los consternados prestatarios soberanos de la eurozona, elaboraron un plan para restaurar los bancos europeos, reducir drásticamente la carga de la deuda griega, y de alguna manera colocar la gobernabilidad del euro sobre una base firme. Después de un verano eclipsado por la amenaza de un colapso financiero, le mostraron a los mercados quien manda.
Sin embargo, a la luz del día, los agujeros en el plan de rescate saltan a la vista. El esquema es confuso y poco convincente. Confuso, porque su ingeniería financiera es demasiado astuta y vulnerable a consecuencias no previstas. Poco convincente porque faltan demasiados detalles y el esquema en su núcleo no está a la altura de lo que se necesita para salvaguardar al euro.
Este es el tercer paquete amplio de la eurozona este año. Es poco probable que sea el último.
Las palabras son baratas...
El logro más notable de la cumbre fue forjar un acuerdo para amortizar la deuda griega con el sector privado en 50%. Durante mucho tiempo este periódico ha abogado por esta movida. Sin embargo, una contraparte esencial a la amortización griega es una creíble barrera de protección alrededor de países fuertemente endeudados pero solventes tales como Italia. Esa es la única manera de restaurar la confianza y de proteger los estados de situación de los bancos europeos, asegurando de esa manera que pueden continuar con el negocio de prestar. Desafortunadamente la barrera de la eurozona es el eslabón más débil del acuerdo. El principal fondo de rescate de Europa, el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF), no tiene suficiente dinero para resistir un pánico en Italia y España. Alemania y el Banco Central Europeo (BCE) han descartado la única fuente de ayuda ilimitada: el banco central mismo. Los gobiernos acreedores del norte de la eurozona se han rehusado a poner más de su dinero en la olla.
En su lugar han diseñado dos esquemas para estirar al EFSF. Uno es utilizarlo para asegurar las primeras pérdidas si bonos nuevos son amortizados. En teoría, esto significa que el poder del fondo de rescate podría ser magnificado varias veces. Pero en la práctica, tal "acrecentamiento del crédito" podría no tener un gran rendimiento. Los mercados de bonos podrían ser suspicaces de garantías ofrecidas por países que ellos mismos serían vulnerables si sus sobre-endeudados vecinos sufren caos.
Bajo el segundo esquema, el EFSF crearía un conjunto de instrumentos con fines especiales financiados por otros inversionistas, incluyendo fondos soberanos. Por igual, hay razones para dudar que esto funcione. Cada instrumento parece estar dedicado a un solo país, de manera que el riesgo no se propague. Y, ¿por qué habrían de invertir mucho la China o Brasil cuando Alemania no está dispuesta a invertir más dinero?
En conjunto, estos esquemas están supuestos a incrementar el valor del EFSF a €1 trillón ($1.4 trillones) o más. Tristemente, eso parece más una aspiración que una predicción. Y debido a que el EFSF soporta las primeras pérdidas, su capital corre mayor riesgo de ser eliminado que bajo un programa de préstamo. Esto podría mancillar a Francia, que financia el fondo de rescate y que recientemente vio amenazada su calificación crediticia AAA. Como el EFSF en parte depende de Francia para su propia calificación crediticia, una degradación francesa podría socavar el fondo de rescate justo cuando más se necesita.
Si las bases de la barrera son demasiado superficiales, entonces el plan de los bancos se hundirá más profundamente. Para finales de junio del 2012 se espera que los bancos hayan establecido un ratio de capital básico de 9%. En principio eso es loable. Pero si los bancos disponen de meses para lograr su objetivo, ellos pueden evitar obtener nuevo capital, lo que diluiría las acciones de sus accionistas, y por el contrario alcanzar el ratio requerido mediante la contracción del estado de situación. Eso sería un resultado terrible: el privar a la economía europea de crédito, empeoraría la recesión.
Luego está Grecia. A pesar de que el tamaño de la amortización es bienvenido, los líderes de la eurozona están desesperados por que sea "voluntaria". Esto se debe a que un incumplimiento desencadenaría los contratos de seguros de bonos denominados permuta de incumplimiento crediticio (CDS). El miedo es que un incumplimiento podría conducir al caos, debido a que el mercado de los CDS no ha sido probado. Eso es verdad, pero esta inverosímil grande amortización "voluntaria" hará que otros inversionistas en otros bonos soberanos europeos duden que los CDS ofrezcan gran protección. De manera que mientras el esquema del EFSF está diseñado para ofrecer garantías a los tenedores de bonos, la insistencia de los líderes europeos de que la amortización griega sea voluntaria hará la deuda de la eurozona más difícil de asegurar.
...pero la confianza no aparece en ninguna parte
Europa ha llegado a este punto debido a que los políticos alemanes están convencidos de que sin la presión del mercado las economías con problemas disminuirán sus esfuerzos para hacer reformas. A pesar de una lista de promesas presentada en el cumbre por Silvio Berlusconi, el primer ministro italiano, Alemania tiene buenas razones para preocuparse. Pero debe concentrarse en formas institucionales de disciplinar a los gobiernos derrochadores, en lugar de privar de fondos al paquete de rescate. Como está, este convenio en el mejor de los casos fracasará en solucionar la crisis del euro; en el peor, podría empeorarla aún más. En la medida que las deficiencias se hagan evidentes, seguro regresarán los temores de los inversionistas, los rendimientos de los bonos subirán y se empeorarán los problemas de financiamiento de los bancos.
Una vez más, se avecinará el desastre. Y nuevamente, el BCE terminará resolviéndolo. Afortunadamente, Mario Draghi, el nuevo presidente del BCE, dejó claramente sentado que él entiende que ese es su trabajo. Pero ahí reside la tragedia de esta cumbre. Un compromiso del BCE de respaldo sin límites para los gobiernos solventes habría tenido una oportunidad mucho mejor de resolver la crisis hace meses, y sigue siendo la mejor opción hoy.
En esta cumbre los líderes europeos esperaban demostrar que su decisión de respaldar el euro era mayor que la capacidad de los mercados de apostar en su contra. Con todas las felicitaciones y valientes palabras, nuevamente fracasaron. Habrá más crisis y más cumbres. Pero para cuando ellos encuentren una solución que funcione, los costos se habrán encumbrado mucho más.
© 2011 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
Sin embargo, a la luz del día, los agujeros en el plan de rescate saltan a la vista. El esquema es confuso y poco convincente. Confuso, porque su ingeniería financiera es demasiado astuta y vulnerable a consecuencias no previstas. Poco convincente porque faltan demasiados detalles y el esquema en su núcleo no está a la altura de lo que se necesita para salvaguardar al euro.
Este es el tercer paquete amplio de la eurozona este año. Es poco probable que sea el último.
Las palabras son baratas...
El logro más notable de la cumbre fue forjar un acuerdo para amortizar la deuda griega con el sector privado en 50%. Durante mucho tiempo este periódico ha abogado por esta movida. Sin embargo, una contraparte esencial a la amortización griega es una creíble barrera de protección alrededor de países fuertemente endeudados pero solventes tales como Italia. Esa es la única manera de restaurar la confianza y de proteger los estados de situación de los bancos europeos, asegurando de esa manera que pueden continuar con el negocio de prestar. Desafortunadamente la barrera de la eurozona es el eslabón más débil del acuerdo. El principal fondo de rescate de Europa, el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF), no tiene suficiente dinero para resistir un pánico en Italia y España. Alemania y el Banco Central Europeo (BCE) han descartado la única fuente de ayuda ilimitada: el banco central mismo. Los gobiernos acreedores del norte de la eurozona se han rehusado a poner más de su dinero en la olla.
En su lugar han diseñado dos esquemas para estirar al EFSF. Uno es utilizarlo para asegurar las primeras pérdidas si bonos nuevos son amortizados. En teoría, esto significa que el poder del fondo de rescate podría ser magnificado varias veces. Pero en la práctica, tal "acrecentamiento del crédito" podría no tener un gran rendimiento. Los mercados de bonos podrían ser suspicaces de garantías ofrecidas por países que ellos mismos serían vulnerables si sus sobre-endeudados vecinos sufren caos.
Bajo el segundo esquema, el EFSF crearía un conjunto de instrumentos con fines especiales financiados por otros inversionistas, incluyendo fondos soberanos. Por igual, hay razones para dudar que esto funcione. Cada instrumento parece estar dedicado a un solo país, de manera que el riesgo no se propague. Y, ¿por qué habrían de invertir mucho la China o Brasil cuando Alemania no está dispuesta a invertir más dinero?
En conjunto, estos esquemas están supuestos a incrementar el valor del EFSF a €1 trillón ($1.4 trillones) o más. Tristemente, eso parece más una aspiración que una predicción. Y debido a que el EFSF soporta las primeras pérdidas, su capital corre mayor riesgo de ser eliminado que bajo un programa de préstamo. Esto podría mancillar a Francia, que financia el fondo de rescate y que recientemente vio amenazada su calificación crediticia AAA. Como el EFSF en parte depende de Francia para su propia calificación crediticia, una degradación francesa podría socavar el fondo de rescate justo cuando más se necesita.
Si las bases de la barrera son demasiado superficiales, entonces el plan de los bancos se hundirá más profundamente. Para finales de junio del 2012 se espera que los bancos hayan establecido un ratio de capital básico de 9%. En principio eso es loable. Pero si los bancos disponen de meses para lograr su objetivo, ellos pueden evitar obtener nuevo capital, lo que diluiría las acciones de sus accionistas, y por el contrario alcanzar el ratio requerido mediante la contracción del estado de situación. Eso sería un resultado terrible: el privar a la economía europea de crédito, empeoraría la recesión.
Luego está Grecia. A pesar de que el tamaño de la amortización es bienvenido, los líderes de la eurozona están desesperados por que sea "voluntaria". Esto se debe a que un incumplimiento desencadenaría los contratos de seguros de bonos denominados permuta de incumplimiento crediticio (CDS). El miedo es que un incumplimiento podría conducir al caos, debido a que el mercado de los CDS no ha sido probado. Eso es verdad, pero esta inverosímil grande amortización "voluntaria" hará que otros inversionistas en otros bonos soberanos europeos duden que los CDS ofrezcan gran protección. De manera que mientras el esquema del EFSF está diseñado para ofrecer garantías a los tenedores de bonos, la insistencia de los líderes europeos de que la amortización griega sea voluntaria hará la deuda de la eurozona más difícil de asegurar.
...pero la confianza no aparece en ninguna parte
Europa ha llegado a este punto debido a que los políticos alemanes están convencidos de que sin la presión del mercado las economías con problemas disminuirán sus esfuerzos para hacer reformas. A pesar de una lista de promesas presentada en el cumbre por Silvio Berlusconi, el primer ministro italiano, Alemania tiene buenas razones para preocuparse. Pero debe concentrarse en formas institucionales de disciplinar a los gobiernos derrochadores, en lugar de privar de fondos al paquete de rescate. Como está, este convenio en el mejor de los casos fracasará en solucionar la crisis del euro; en el peor, podría empeorarla aún más. En la medida que las deficiencias se hagan evidentes, seguro regresarán los temores de los inversionistas, los rendimientos de los bonos subirán y se empeorarán los problemas de financiamiento de los bancos.
Una vez más, se avecinará el desastre. Y nuevamente, el BCE terminará resolviéndolo. Afortunadamente, Mario Draghi, el nuevo presidente del BCE, dejó claramente sentado que él entiende que ese es su trabajo. Pero ahí reside la tragedia de esta cumbre. Un compromiso del BCE de respaldo sin límites para los gobiernos solventes habría tenido una oportunidad mucho mejor de resolver la crisis hace meses, y sigue siendo la mejor opción hoy.
En esta cumbre los líderes europeos esperaban demostrar que su decisión de respaldar el euro era mayor que la capacidad de los mercados de apostar en su contra. Con todas las felicitaciones y valientes palabras, nuevamente fracasaron. Habrá más crisis y más cumbres. Pero para cuando ellos encuentren una solución que funcione, los costos se habrán encumbrado mucho más.
© 2011 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
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