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Por ser precavidos

El gran descenso ocurrido en el precio del petróleo ha sido el mejor regalo de los Reyes Magos que los consumidores, esparcidos por todo el mundo, hubieran podido pedir.

Desde plásticos hasta abonos químicos, pasando por materiales de construcción, equipos de transporte, fibras sintéticas y electrodomésticos, la baja se irá haciendo sentir a medida que los efectos se difundan por la estructura productiva y los inventarios anteriores sean utilizados.

Una especial alegría debería existir en las oficinas de los ejecutivos y accionistas de las líneas aéreas. Siendo el combustible la partida principal en sus costos variables, las alzas de su precio ocurridas en el pasado fueron como una pesadilla hecha realidad.

Muchas compañías quebraron o tuvieron que aceptar ser compradas por otras aerolíneas o fusionarse con ellas.

Pilotos, personal de cabina, mecánicos y empleados de oficina y aeropuerto perdieron sus trabajos, o no tuvieron más remedio que aceptar recortes en sus remuneraciones, vacaciones, pensiones y otros beneficios.

Pero en la economía las cosas no siempre son como deberían ser.

Un informe al respecto señala que algunas líneas aéreas, entre ellas Delta que vuela a nuestro país, fueron muy previsoras.

Para asegurar el suministro a precios estables, compraron protección contra aumentos en el precio del combustible, con recursos recibidos por la venta de opciones que pagan si el precio desciende. Ahora que han bajado, llegó el momento de reconocer las pérdidas.

Esas aerolíneas están en desventaja frente a otras menos precavidas, como American, que no compraron protección, pero como quiera saldrán ganando por el petróleo más barato, pues la cobertura sólo involucra una porción de sus compras futuras de combustible.

Delta, por ejemplo, anticipa pérdidas por protección ascendentes a US$1,200 millones en el 2015, frente a un beneficio de US$1,700 millones debido al menor precio.

gvolmar@diariolibre.com