Revés a la revolución
Elecciones legislativas en Venezuela. La oposición se recupera

Después de cinco años alejados de la acción, la oposición en Venezuela está de vuelta en el parlamento y lista para la contienda. Al ganar 65 escaños de la cámara única de 165 miembros de la Asamblea Nacional en las elecciones del 26 de septiembre, la coalición Venezuela Unida le asestó un golpe a las esperanzas de Hugo Chávez, el presidente izquierdista, de ejercer una hegemonía indefinida. Aún peor para el presidente y su alegato de liderar una revolución popular fue el hecho de que el voto de 5.4 millones para el partido de gobierno, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), y sus aliados comunistas, fue justo por debajo de sus oponentes (5.7 millones).
Solo la demarcación arbitraria de los distritos electorales y una reforma electoral que abolió la representación proporcional le permitieron a Chávez mantener el control de la legislatura. Aun así, no logró mantener la mayoría de dos tercios que él había dicho era vital para el futuro de su régimen. Sin ésta el gobierno deberá negociar los nombramientos de puestos clave, tales como los jueces de la suprema corte y los miembros de la autoridad electoral (el CNE). Y no podrá promulgar, o enmendar, leyes que afecten los derechos constitucionales. Es especialmente molesto el hecho de que no podrá reunir los 99 diputados requeridos para autorizar a Chávez a gobernar por decreto, como él suele hacerlo.
En sus once años en el poder, Chávez se ha beneficiado de los errores de la oposición, que incluyeron un intento de golpe de estado en el 2002 y un desafortunado boicot a las elecciones legislativas anteriores en el 2005. Durante ese período ganó doce votaciones nacionales (con la única excepción de un referéndum constitucional en el 2007). La rehabilitación de la oposición empezó con una muestra de fuerza en las grandes ciudades en votaciones regionales hace dos años. Para las elecciones legislativas, su multitud de grupos de votantes lograron crear un frente unido. Su éxito incrementa la posibilidad de que se unan detrás de un solo candidato contra Chávez en las elecciones presidenciales que deberán celebrarse dentro de dos años.
Después de haber hecho una campaña que dejaba entrever que las elecciones legislativas eran un plebiscito sobre su gobierno, esta semana Chávez dijo que "no se trata de mí". Dijo que había sido una "victoria sólida", argumentando que 3.2% de los votos ganado por un partido de disidentes chavistas moderados (que anteriormente había denunciado como "traidores") no debe considerarse como oposición. Prometió "finalizar el 2010 a todo galope" y continuar "construyendo el socialismo".
Sobre el papel, él tiene los medios para continuar. La asamblea saliente tiene libertad para reescribir las reglas hasta final de año. A partir de ahí, Chávez todavía tendrá el control de los tribunales, las fuerzas armadas, la muy importante industria petrolera y otros organismos del estado. Si la nueva asamblea empata - por ejemplo, para el nombramiento de nuevos miembros del CNE - él podría recurrir a la suprema corte para obviarlo.
¿Le permitirá el mantenerse en su curso recuperar votos suficientes para ganar un tercer mandato consecutivo de seis años en diciembre de 2012? Le espera una enorme tarea. Ha perdido terreno en Venezuela. En algunos de los distritos más pobres que tradicionalmente han sido grandes partidarios del PSUV, fue difícil encontrar a un solo votante chavista el día de las elecciones. En el Gran Caracas, la oposición obtuvo 860,000 votos vs 634,000 del PSUV.
Apenas 24 horas después de la votación Chávez anunció un fondo de mil millones de dólares para la construcción de viviendas en la capital. Pero el electorado está acostumbrado a promesas que no se cumplen. El problema de la vivienda se ha agravado cada año desde que asumió el poder en el 1999. El crimen está a niveles récord, la economía en recesión y los precios de los alimentos están incrementando a razón de 40% por año. Los servicios públicos tales como agua, electricidad y cuidados de salud están a punto de colapsar en muchos lugares.
Las buenas noticias para Venezuela son que la democracia representativa - que Chávez prometió reemplazar con una versión "participativa" - todavía está viva. Un 66% se presentó a votar y hubo poca mención de irregularidades. A pesar de que hubo una demora de unas horas en anunciar los resultados, cuando fueron publicados ninguno de los lados lo cuestionaron. Aquellos de la oposición quienes mantienen que votar es una pérdida de tiempo, continuaron rezongando sin participar pero hoy día pocas personas les escuchan. Aun el uso descarado de los recursos gubernamentales, intimidación de los votantes y otras tácticas dudosas fracasaron en producir los resultados deseados por el presidente.
Chávez le había pedido a sus seguidores que "demolieran" a la oposición. En cambio ha emergido más fuerte que en ningún otro momento en la última década. Su próxima tarea es encontrar un candidato presidencial plausible, capaz de comunicarse con el venezolano común. Pero con el país dividido en dos, un parlamento pluralista podría promover el entendimiento y el diálogo que Venezuela tanto necesita. Cualesquiera que fueran los deseos del presidente, parece que la demolición no es parte de la agenda.
© 2010 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
Solo la demarcación arbitraria de los distritos electorales y una reforma electoral que abolió la representación proporcional le permitieron a Chávez mantener el control de la legislatura. Aun así, no logró mantener la mayoría de dos tercios que él había dicho era vital para el futuro de su régimen. Sin ésta el gobierno deberá negociar los nombramientos de puestos clave, tales como los jueces de la suprema corte y los miembros de la autoridad electoral (el CNE). Y no podrá promulgar, o enmendar, leyes que afecten los derechos constitucionales. Es especialmente molesto el hecho de que no podrá reunir los 99 diputados requeridos para autorizar a Chávez a gobernar por decreto, como él suele hacerlo.
En sus once años en el poder, Chávez se ha beneficiado de los errores de la oposición, que incluyeron un intento de golpe de estado en el 2002 y un desafortunado boicot a las elecciones legislativas anteriores en el 2005. Durante ese período ganó doce votaciones nacionales (con la única excepción de un referéndum constitucional en el 2007). La rehabilitación de la oposición empezó con una muestra de fuerza en las grandes ciudades en votaciones regionales hace dos años. Para las elecciones legislativas, su multitud de grupos de votantes lograron crear un frente unido. Su éxito incrementa la posibilidad de que se unan detrás de un solo candidato contra Chávez en las elecciones presidenciales que deberán celebrarse dentro de dos años.
Después de haber hecho una campaña que dejaba entrever que las elecciones legislativas eran un plebiscito sobre su gobierno, esta semana Chávez dijo que "no se trata de mí". Dijo que había sido una "victoria sólida", argumentando que 3.2% de los votos ganado por un partido de disidentes chavistas moderados (que anteriormente había denunciado como "traidores") no debe considerarse como oposición. Prometió "finalizar el 2010 a todo galope" y continuar "construyendo el socialismo".
Sobre el papel, él tiene los medios para continuar. La asamblea saliente tiene libertad para reescribir las reglas hasta final de año. A partir de ahí, Chávez todavía tendrá el control de los tribunales, las fuerzas armadas, la muy importante industria petrolera y otros organismos del estado. Si la nueva asamblea empata - por ejemplo, para el nombramiento de nuevos miembros del CNE - él podría recurrir a la suprema corte para obviarlo.
¿Le permitirá el mantenerse en su curso recuperar votos suficientes para ganar un tercer mandato consecutivo de seis años en diciembre de 2012? Le espera una enorme tarea. Ha perdido terreno en Venezuela. En algunos de los distritos más pobres que tradicionalmente han sido grandes partidarios del PSUV, fue difícil encontrar a un solo votante chavista el día de las elecciones. En el Gran Caracas, la oposición obtuvo 860,000 votos vs 634,000 del PSUV.
Apenas 24 horas después de la votación Chávez anunció un fondo de mil millones de dólares para la construcción de viviendas en la capital. Pero el electorado está acostumbrado a promesas que no se cumplen. El problema de la vivienda se ha agravado cada año desde que asumió el poder en el 1999. El crimen está a niveles récord, la economía en recesión y los precios de los alimentos están incrementando a razón de 40% por año. Los servicios públicos tales como agua, electricidad y cuidados de salud están a punto de colapsar en muchos lugares.
Las buenas noticias para Venezuela son que la democracia representativa - que Chávez prometió reemplazar con una versión "participativa" - todavía está viva. Un 66% se presentó a votar y hubo poca mención de irregularidades. A pesar de que hubo una demora de unas horas en anunciar los resultados, cuando fueron publicados ninguno de los lados lo cuestionaron. Aquellos de la oposición quienes mantienen que votar es una pérdida de tiempo, continuaron rezongando sin participar pero hoy día pocas personas les escuchan. Aun el uso descarado de los recursos gubernamentales, intimidación de los votantes y otras tácticas dudosas fracasaron en producir los resultados deseados por el presidente.
Chávez le había pedido a sus seguidores que "demolieran" a la oposición. En cambio ha emergido más fuerte que en ningún otro momento en la última década. Su próxima tarea es encontrar un candidato presidencial plausible, capaz de comunicarse con el venezolano común. Pero con el país dividido en dos, un parlamento pluralista podría promover el entendimiento y el diálogo que Venezuela tanto necesita. Cualesquiera que fueran los deseos del presidente, parece que la demolición no es parte de la agenda.
© 2010 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
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