Ellas se llamaban...

La violencia machista acaba con la vida de trece mujeres en el primer trimestre de 2020 en República Dominicana

Los tópicos justificativos continúan inconmovibles: celos, rabia, discusiones acaloradas. Revictimización. Una mujer viaja de una provincia a otra intentando inútilmente escapar de su feminicida y un periódico digital titula que fue “a vacacionar”. Una niña de cuatro años es raptada, violada (incluso después de muerta) y asesinada, pero la virulencia social cae implacable sobre la madre “negligente” y “abusadora”. El chivo expiatorio de la violencia masculina está siempre servido.

La violencia sexual y de género, cuyo culmen es el feminicidio, no encuentra sin embargo más que un eco episódico, por lo general inconsistente y oportunista, en los hacedores de políticas públicas, en el sistema político partidista y en la sociedad misma.

Un estudio de 2018 de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) sitúa a la República Dominicana como el cuarto país en el continente con mayor tasa de feminicidios por cada cien mil habitantes (1.8). Empero, las autoridades invierten el sentido de sus propias estadísticas para solapar el problema: pese a las críticas fundadas pregonan, casi con ánimo celebratorio, que los feminicidios “disminuyen” en lugar de atacar con decisión las razones que los motivan en cualquier número.

La campaña electoral en las atípicas condiciones creadas por la COVID-19 no ha enriquecido el catálogo de las “soluciones” a la violencia de género ni al feminicidio. Las mismas propuestas añejas que, no obstante su superficialidad, son relegadas al olvido tan pronto se pronuncian: endurecimiento de las penas, casas de acogida, educación para “la paz”, puestos de trabajo, acceso a la educación (la República Dominicana tiene el porcentaje de participación femenina en la educación superior más alto de América Latina (63,88%), por encima de Cuba (62,37%), Argentina (61,69%) y Panamá (60,46%), según la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura), etc.

Pero algo tan fundamental para cambiar los patrones culturales que fomentan la discriminación y la violencia contra las mujeres, como lo es, por ejemplo, la Orden Departamental del Ministro de Educación “mediante la cual se establece como prioridad el diseño e implementación de la política de género”, no ha sido ni siquiera mencionada, muchísimo menos defendida, por los candidatos con o sin posibilidades de ganar las elecciones.

Así las cosas, el problema seguirá persistiendo sin atenuación previsible. La cultura de dominación masculina es su caldo de cultivo; transformarla exige mucho más que decisiones jurídico-administrativas. Requiere un ataque frontal a las relaciones de poder social que perjudican a las mujeres.


ENERO


Ella se llamaba Angelita Sánchez.
Tenía 46 años. Trabajaba como doméstica. Deja huérfanos a tres hijos de una relación anterior. La mató de once puñaladas su pareja durante seis años, quien tomó fotos al cadáver y las envió a un familiar. Ella regresaba de la casa de sus familiares, con quienes celebraba el nuevo año. Hoy todos reconocen que la relación de la pareja era problemática, pese a lo cual ella nunca denunció al agresor. Angelita fue la primera víctima de feminicidio de 2020. Ocurrió en Río San Juan, provincia María Trinidad Sánchez, en la madrugada del primero de enero.


Ella se llamaba Yajaira Jiménez.
Tenía 25 años. Deja huérfano un niño de tres años. La mató a puñaladas un hombre a cuyos reclamos sexuales se negó. No tenían ningún tipo de relación. Según versiones de testigos, Yajaira se encontró con su acosador y posterior feminicida en un sitio de diversión. Tras dejar claro su rechazo, la joven se marchó del lugar, pero su feminicida la persiguió. En declaraciones a la prensa, el feminicida alegó amnesia alcohólica. Sin embargo, intentó crear dudas de la moralidad de su víctima. Ocurrió en San José de Ocoa en la tarde del primero de enero.


Ella se llamaba Nersi María Colmenares.
Tenía 40 años. Llegó al país desde Venezuela donde, según sus familiares, fue presentadora en televisión. Aquí se dedicó al cuidado de personas mayores. La mató su pareja de varios disparos en la casa materna de él. Tenían cuatro meses de relación y, se dijo, ella estaba embarazada. Familiares aseguran que el feminicida ejercía un control asfixiante sobre ella y le impedía relacionarse con otras personas. El feminicida intentó suicidarse. Tras más de veinte días de gestionar ayudas, los familiares lograron que el cadáver de Nersi fuera repatriado a Venezuela. Ocurrió en sector Los Mameyes, Santo Domingo Este, el primero de enero.


Ella se llamaba Yeseli Cáceres.
Tenía 27años. Dejó huérfanos a un niño de seis años y una niña de doce, el primero procreado con su feminicida. La mató a balazos su expareja en su lugar de trabajo. Un año antes, el feminicida guardó prisión por amenazarla de muerte. Yeseli había iniciado una nueva relación y el primero de enero publicó en su muro de Facebook una foto de ambos y escribió: “Quizás no fue un año súper excelente pero si puedo decir que llegó una persona a mi vida para mejorarlo todo y esa persona fuiste tu amor mío, aunque la distancia nos separe, nuestros corazones están unidos, te amo mi amor, feliz año nuevo borrón y cuenta nueva”. Ocurrió en municipio de Villa La Mata, provincia Sánchez Ramírez, el 3 de enero.


Ella se llamaba Yaneisy Rodríguez.
Tenía cuatro años. La secuestraron, violaron y mataron dos hombres de 16 y 31 años. El primero de ellos con antecedentes de violación sexual. Incluso después de muerta, el cuerpo de la niña fue nuevamente violado. El caso provocó una intensa discusión pública, en la que la madre de la menor fue acusada de ser culpable de lo acontecido. Había mandado a la menor, a las diez de la noche, a un colmado cercano a la casa. La Policía la apresó en dos ocasiones. El horror del infanticidio-feminicidio quedó sepultado por las acusaciones e invectivas contra ella. El cadáver de la niña fue encontrado el 9 de enero en unos matorrales. El feminicidio-infanticidio se produjo en el sector La Barranca, del municipio Sabana Iglesia, de Santiago el 5 de enero.


Ella se llama Franyelis Rosalía Frías de Paula.
Tenía 21 años. Deja huérfanos un niño de seis años y una niña de siete meses, esta última procreada con el feminicida. Antes de estrangularla, el feminicida la golpeó. Franyelis Rosalía tenía la determinación de separarse, y fue a la casa de ambos, donde no durmió la noche anterior, a recoger algunas pertenencias. Se trasladaría a Las Terrenas, donde vive su madre. Tras cometer el feminicidio, el hombre dejó a la bebé con una vecina, quien al percatarse de los golpes que esta tenía en la frente y otras partes del cuerpo, sospechó lo ocurrido. El feminicida fue apresado al día siguiente en Dajabón, a donde huyó. Ocurrió en el barrio Villa Faro, San Pedro de Macorís, el 9 de enero.


Ella se llamaba Enny Estepan, identificada también como Yirandi García.
Tenía 41 años. Dejó cuatro hijos huérfanos. Trabajaba como doméstica. La mató a puñaladas el hombre con quien procreó sus hijos y convivió durante 20 años. Dos meses antes de su muerte, ella decidió separarse. Acosada, viajó desde San Pedro de Macorís a San Juan de la Maguana huyendo de su agresor. Pero él la persiguió hasta allí. La interceptó en la calle y, a golpes, la introdujo en una casa en construcción, donde la apuñaló. Tras darse cuenta de lo ocurrido, moradores del sector intentaron lincharlo, pero fueron impedidos por la Policía. Ocurrió en San Juan de la Maguana el 12 de enero.


Ella se llamaba Yakaira Pérez.
Tenía 29 años. La estranguló su expareja, quien se suicidó. Habían sostenido una relación de tres años, rota varios meses antes del feminicidio. Pese a las reiteradas amenazas y el hostigamiento telefónico que sufría, Yakaira intentó siempre apoyar a su expareja, que la chantajeaba con suicidarse si no acudía a su llamado, según dijeron familiares de la víctima. Esa fue la razón por la cual llegó a la casa del feminicida, de la que ya no regresó. Ocurrió en el barrio Mejoramiento Social, Distrito Nacional, el 31 de enero.


FEBRERO


Ella se llamaba Yolandy Rafaelina Blanco Báez.
Tenía 29 años. Era sordomuda. Su pareja la mató a machetazos. El lugar del feminicidio ocupó el primer plano de las informaciones: un local donde se practica el vudú, descrito prolijamente en algunas notas periodísticas, aunque presentado como un “centro de brujería”. El feminicida huyó. En una ocasión en que Yolandy llegó a su casa con signos de violencia física, sus familiares le pidieron poner fin a la relación. Ocurrió en la comunidad Maricao, municipio Santo Domingo Norte, el 5 de febrero.


Ella se llamaba Alfa Nawel Rodríguez Olivo.
Tenía 28 años. Era empleada farmacéutica. Deja huérfanos a dos niños de cinco y siete años. La mató su expareja de un disparo en la cabeza. El feminicida la había amenazado de muerte en dos ocasiones, según dijeron familiares de la víctima. Una testigo del feminicidio declaró a la Policía que el victimario, quien se suicidó, se presentó al apartamento de su víctima, a quien compelió a abrirle una ventana y le disparó. Ocurrió en el ensanche Libertad, Santiago, el 10 de febrero.


Ella se llamaba Lidia Payano.
No se publicó su edad. Dejó cuatro menores huérfanos. La mató a puñaladas su expareja, de quien se había separado recientemente y con quien se negaba a volver. De acuerdo con familiares de la víctima, incluido uno de sus hijos menores, el feminicida había pregonado que la mataría. Sin embargo, cuando era advertida del peligro que corría, ella afirmó siempre que no le haría daño. Porque así pensaba, conjeturan, accedió a reunirse con él. Se equivocó. Ocurrió en el sector Julio Columna, del municipio de Bayaguana, provincia Monte Plata, el 16 de febrero.


MARZO


Ella se llamaba Yinet Salomón.
Tenía 34 años. Dejó tres hijos huérfanos. La mató a puñaladas su pareja. Personas que la conocían aseguran que la relación era violenta. En una ocasión, el feminicida quemó enseres de la casa que compartía con Yinet, a raíz de lo cual se separaron. Tiempo después se reconciliaron. Ocurrió en Vicente Noble el 5 de marzo.


Ella se llamaba Arelis Martínez.
No se publicó su edad. Dejó huérfano niño de tres años. Los medios tampoco reseñaron las circunstancias en que la mató su expareja, de la que llevaba meses separada. La joven había puesto varias querellas contra el feminicida sin resultado alguno. Compañeros de trabajo testimonian el acoso a que Arelis era sometida por su victimario. Residente en una pensión, los vecinos afirman que la joven evitaba salir a la calle cuando regresaba de trabajar. Conjeturan que el hombre habría aprovechado la ocasión de ver al niño para matarla. El feminicida se suicidó. Ocurrió en el sector La Planta, en La Vega, el 17 de marzo.


Vivas para contarlo

Sus casos saltan a los espacios mediáticos cuando la agresión las sitúa al borde de la muerte. Pero ¿cuántos feminicidios frustrados ocurren en el país? Calificada de pandemia para la que de momento no parece haber vacuna, la violencia de género daña a diario la vida de millones de mujeres en todo el mundo.

A los feminicidios consumados durante el primer trimestre del año, habría que sumar como evidencia de la violencia machista extrema el propósito se matar a la pareja o expareja que solo las circunstancias impiden consumar.

Dando por sentado el subregistro de estos casos, Diario Libre pudo documentar diez tentativas de feminicidio, sin que fuera posible determinar, a partir de las fuentes consultadas en internet, cuántas de estas mujeres finalmente murieron a consecuencia de las heridas recibidas.

  • Milena Pie, de 32 años, fue herida de un machetazo en la cabeza por su pareja. Tras intentar matarla, el hombre huyó. Siguiendo el patrón social que individualiza la violencia, los vecinos atribuyeron la agresión machista a “los celos”. Ocurrió en Sabaneta, municipio Juan de Herrera, San Juan de la Maguana, el 15 de enero.
  • Anny Mercedes, de 31 años, transitaba en una motocicleta cuando su expareja la atacó a machetazos logrando herirla. Ella luchó por su vida y pidió auxilio. Acorralado, el agresor intentó huir en una motocicleta, pero chocó con un poste del tendido eléctrico y murió. La víctima declaró que su agresor había dañado las ruedas de un vehículo utilizado por ella, por lo que durante los cinco días anteriores al intento de feminicidio, dormía “en el monte para que él no me encontrara y me matara”. Ocurrió en Sabana Iglesia, Santiago, el 30 de enero.
  • Yoselin Rodríguez, de 28 años, se dirigía a su trabajo en la zona franca santiaguera cuando su expareja, un vigilante privado, se le acercó y le disparó a la cabeza. Ya en pavimento, el hombre volvió a dispararle. Creyendo que había logrado su propósito, se suicidó. Algunos medios regionales dieron seguimiento al caso hasta ocho días después del fallido intento, reportando que, tras dos operaciones, la víctima continuaba en cuidados intensivos. Ocurrió en Santiago el 11 de marzo.
  • Gabriela María Manzueta, de 18 años, con 37 semanas de embarazo, salvó la vida gracias a la intervención de su madre y los vecinos. Su expareja la apuñaló cuando ella salió al patio de su vivienda. Le perforó un pulmón y le produjo heridas en los dedos y otras partes del cuerpo. El frustrado feminicida huyó cuando los vecinos de su víctima salieron a defenderla. Ocurrió en la comunidad Cuesta del Jobo, en el municipio de Yamasá, provincia Monte Plata, el 7 de febrero.
  • Alexandra Luciano Beltré, de 40 años, confesó no haber esperado nunca que su expareja la atacara a machetazos. Tanta era su confianza que accedió a acompañarlo a la casa recién adquirida de un pariente de él. En el camino, el agresor la atacó: le amputó un pie y le produjo otras heridas que la dejaron en estado grave. Estuvo desangrándose durante horas antes de ser encontrada y llevada al hospital. Ocurrió en Juan de Herrera, provincia San Juan de la Maguana, el 11 de febrero.
  • Miguelina Guzmán, de 33 años, sobrevivió milagrosamente a las 30 puñaladas que le infirió su pareja, cuando ambos se encontraban en la playa, posiblemente con ocasión de la fecha. Los médicos que la atendieron calificaron su estado de reservado. El agresor huyó tras cometer el hecho. Ocurrió en la playa Juan de Bolaños, provincia Montecristi, el 14 de febrero.
  • Nailon Sepúlveda, de 34 años, se abalanzó contra su expareja para salvar su vida cuando lo vio blandir el arma. En el forcejeo, el agresor logró herirla de bala en ambas piernas. Sin embargo, el desenlace pudo ser bien otro si en ese momento preciso no llega al lugar el padre de la mujer. Nailon y su agresor, con quien procreó una hija, tenían más de un año separados al momento del ataque. Ocurrió en el sector La Sábila, del municipio de Galván, provincia Bahoruco, el 14 de febrero.
  • Linda Aquino y su hijo Brailyn fueron apuñalados en la cabeza y otras partes del cuerpo por la pareja de ella, que huyó de la escena de su tentativa de feminicidio. Ambos fueron ingresados en un centro hospitalario. La prensa no ofreció más detalles del caso. Ocurrió en el barrio La Piña, del municipio Los Alcarrizos, el 21 de febrero.
  • Olfa (sin apellido ni otra seña de identidad) estuvo a punto de perder la vida a manos de su expareja, quien la apuñaló varias veces cuando ella, temprano en la mañana, abría las puertas de su pequeño negocio. Los gritos de la mujer alertaron a los vecinos. El hombre, envalentonado, vociferó que la había matado “atento” a él. Intentó huir, pero la persecución de los vecinos lo impidió. Ocurrió en el sector La Toronja, del municipio Santo Domingo Este, el 3 de marzo.
  • Ruth Esther Ventura, de 27 años, recibió casi el mismo número de heridas con un destornillador cuando comunicó a su pareja su intención de poner fin a la relación. En una ocasión anterior, el frustrado feminicida intentó agredirla. Ocurrió en el sector El Paraíso, en Cotuí, provincia Sánchez Ramírez, el 13 de marzo.

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