Aunque la mayoría de quienes han padecido COVID-19 se recupera por completo, otras personas no tienen la misma suerte.

Es difícil predecir los efectos a largo plazo de las secuelas del Covid, todavía no se conocen del todo, pero las investigaciones avanzan con el paso del tiempo y el desarrollo de la enfermedad.

Las secuelas incluyen coágulos sanguíneos, daños renales, cardiopatías, inflamaciones y alteraciones del sistema inmunológico entre otras.

Justina, 19 años, padeció el COVID-19 hace ya ocho meses y aún no recupera el olfato ni el gusto. Esta condición la ha sumergido en una depresión que le cuesta superar.

Como secuela del COVID-19, Andreína, 40 años, estuvo experimentando una hinchazón generalizada en su cuerpo por más de dos meses, lo que le hizo consultar a un endocrinólogo. Los análisis a los que fue sometida arrojaron resultados dentro de lo normal. No obstante, la hinchazón persistía. Cuatro meses después retomó la normalidad.

Julissa, 65 años, quedó afectada de dolores articulares. Hace seis meses que lo padeció y aún persisten los dolores. Consultó a diferentes especialistas que le indicaron antiinflamatorios y analgésicos.

Rubén, 45 años, había padecido COVID-19, cursó sin gravedad alguna y dos meses después de dar negativo, mientras pescaba, le sobrevino una especie de “black out”. Veía todo negro. En esa condición permaneció unos minutos. Al acudir al especialista y luego de una revisión, varios estudios determinaron que su corazón acumulaba líquido. Fue sometido a un tratamiento para contrarrestar el daño ocasionado.

Raquel, 36 años, padeció COVID-19 hace siete meses y los olores los percibe distorsionados. Ejemplo: un aroma agradable lo percibe como algo podrido.

Según los estudiosos del tema, es probable que los resultados no sean aplicables para todos los pacientes con COVID-19. Algunos que han padecido la enfermedad, meses después de haberla superado presentan daños a nivel físico, a veces orgánico, otras emocionales o psicológicos.

John Sperati, nefrólogo y profesor adjunto de Medicina en la universidad Johns Hopkins y otros especialistas han señalado que incluso si solo un pequeño porcentaje de los millones de sobrevivientes de COVID-19 en Estados Unidos desarrollasen problemas renales prolongados, el impacto para la atención sanitaria sería muy importante.

Según estudios, los pacientes recuperados de COVID-19 tuvieron 35 por ciento más probabilidades de sufrir daños a largo plazo en los riñones o un deterioro de la función renal, que puede durar meses y, en algunos casos, las secuelas pueden originar una reducción considerable de la función renal.

Un estudio recién publicado en la revista Journal of the American Society of Nephrology, descubrió que cuanto más enfermos estuvieran los pacientes al inicio, más probable era que sufrieran un daño renal prolongado.

Aunque se considera una enfermedad que afecta los pulmones, en principio, puede dañar otros órganos como los riñones, hígado, corazón, sistema nervioso central y el sistema inmunitario

Psicológicamente hablando, “los jóvenes han sido los más afectados por el distanciamiento social, la cuarentena y el aislamiento, situación que impedía la socialización entre pares, tan vital para su crecimiento”, indica Geisha Carpio, psicóloga.

Asegura que el personal de salud ha sido otro segmento de la población que también experimentó cambios en su salud mental.

Carpio asegura que la psicoeducación y las terapias psicológicas pueden ayudar porque evitan diferentes situaciones de vulnerabilidad en el estado mental.

Sobre el tema, abordamos a la doctora Madelin Reynoso Ruiz, infectóloga pediatra, acerca de cómo a nivel orgánico pueden afectar las secuelas del COVID-19.

—¿Que tanto daño puede ocasionar la secuela según sea el órgano?

A nivel del sistema inmune: La tormenta de mediadores inmunológicos y químicos (inmunohistoquímico) ocasiona lesiones a todo nivel, comprometiendo la respuesta de defensas del huésped, además de ocasionar lesiones endoteliales a nivel de cada uno de los órganos vitales o no (pulmones, corazón, cerebro, vasos sanguíneos, riñones, hígado y otros en menor frecuencia).

Vasos sanguíneos: Alteración del endotelio, fuga capilar, trombosis, colapso circulatorio, etcétera.

Pulmones: Fibrosis, obstrucción, daño en el parénquima, disminución de la capacidad residual funcional respiratoria, menor cuantía daño pleural y neumonías que se coinfectan con otros gérmenes.

Corazón: Afectación en las capas del corazón, disfunción miocárdica y valvular, efusión pericárdica, insuficiencia cardiaca fulminante.

Cerebro: Meningitis aséptica, cerebritis, alteraciones de los centros epileptogenos, otros.

Riñones: Injuria renal aguda que puede cronificarse, lesión glomerular, insuficiencia renal.

Hígado: Hepatitis, alteración de la función metabólica sobre todo con los precursores de la coagulación.

Otros por investigar.

—¿Qué determina que una persona sea o no más propensa a padecer de secuelas del COVID-19?

Los grupos de edades por encima de la sexta década de la vida, pacientes con alguna comorbilidad, con mayores riesgos los diabéticos, obesos, fumadores crónicos, hipertensos, inmunodeficiencias primarias o secundarias, niños con comorbilidad, etcétera.

—En el caso de las personas que quedan propensas a la formación de coágulos, ¿qué se sugiere?

Manejo de seguimiento con su hematólogo y cardiovascular, posibilidad de heparinizar por largo tiempo, medias compresivas, ejercicios y dieta sanas etc.

—Luego de superar el COVID-19 ¿debe la persona hacerse chequeos médicos regulares?

Definitivamente sí, debe mantenerse periódicamente en chequeo, si el paciente presentó un cuadro de moderado a grave y si fue leve por lo menos una vez en el año y evidenciar secuelas a largo plazo que aún no se describen en este último grupo.

—¿Considera que la persona que ha padecido el COVID-19 debe reformular sus hábitos de vida?

Sí, para mejorar su calidad de vida, sobre todo en los que han presentado secuelas y bajo recomendaciones médicas.

—De todos los órganos ¿considera que los riñones son los más propensos a verse afectados a largo plazo?

Los riñones se afectan en importante porcentaje, pero depende del momento del diagnóstico se padecerá o no, un daño irreversible. Por lo tanto, pienso que no sería el órgano que más sufre.

¿Cuáles órganos cree son mayormente comprometidos?

El sistema inmunitario, los pulmones y el cardiovascular son los más comprometidos y es por efecto directo de la tormenta de citocinas de manera desregulada en el organismo.

—¿Qué tanto puede verse afectado nuestro sistema inmunitario a largo plazo luego de superar el COVID-19?

Su órgano diana en este caso es nuestro sistema inmune desde donde parte el daño a los demás órganos, por tal motivo creo que en menor o mayor cuantía es el más afectado.

—¿Y el sistema neurológico?

En menor frecuencia, pero si hay reportes de pacientes con importantes alteraciones neurológicas durante el proceso infeccioso agudo y post covid19

—¿Considera que es la enfermedad o son los medicamentos que se están utilizando para abordar el COVID-19 lo que podría generar estas secuelas a veces permanentes?

Creo que los medicamentos son compasivos tratando de limitar el proceso o el daño generado por el virus, los procesos virales que atacan directamente el sistema inmunitarios de la manera en la que lo hace el SARS CoV2 son letales en cuerpos pocos fortalecidos inmunológicamente. Eventualmente algún manejo compasivo de los que en la actualidad utilizamos pueda ser deletéreo en casos particulares, definitivamente es el virus y sus efectos nocivos los responsables de las secuelas y la duración del proceso.

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