Atreverme

Me doy cuenta de que todo lo que he logrado ha sido corriendo riesgos, atreviéndome a saltar muchas veces sin malla y claro que he fallado, pero de cada caída he aprendido una hermosa lección
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Soy un ser humano a quien la vida, por más absurda que parezca, le invita a desafiarla día a día.

Aprendí desde muy pequeño a atreverme. Me sentía un niño tímido y supe que si no superaba ese apocamiento tendría el mundo en contra. Mi primer gran reto, drama en mi caso, fue aceptar que era un hijo de padres divorciados, y que en lugar de una casa tendría dos, pero que nunca más volvería a tener a mis padres juntos cuando quisiera salir a pasear. Aprendí temprano a llorar escondido para no dar pena. Los divorcios que hoy se toman tan a la ligera marcan a los hijos para siempre y dejan una huella de dolor difícil de sobrellevar. Me atreví a desafiarla y no abandonar la sonrisa a pesar del dolor y la soledad que sentía en mi corazón. Esa primera lección la convertí en arma poderosa para atreverme a salir adelante, para vencer las más agresivas tempestades e inventarme, cuando todo se oscurecía, una poderosa luz en mi firmamento. Una mañana abandoné las lágrimas y comencé a sentir la alegría de estar vivo y de celebrar la vida. Me costó. No fue nada que cayera del cielo, sino un aprendizaje que vino con los años y momentos difíciles.

Cuando miro hacia atrás, cosa que hago muy pocas veces, me doy cuenta de que todo lo que he logrado ha sido corriendo riesgos, atreviéndome a saltar muchas veces sin malla y claro que he fallado, pero de cada caída he aprendido una hermosa lección. Aprender a ser feliz ha sido la mejor de todas. Esa sensación de saberme pasajero en tránsito, de que nada me pertenece, de que todo es un préstamo, hasta los más queridos amores, me ha dado una libertad que aún hoy no deja de sorprenderme. Aprendí el gran poder que tienen las sonrisas, no solo las corporales sino las internas, lo mucho que facilitan el camino y las muchas puertas que abren. Sé que ser amable es una llave maestra y que hacer el bien recompensa con creces aun a aquellos que no lo merecen. He envejecido por fuera, pero he protegido al niño que habita dentro y eso me ha dado una juventud eterna que no deja apagar la esperanza. El día que descubrí que dar era mucho más gratificante que recibir, el misterio de la vida lo entendí de inmediato.

No soy nada especial, estoy hecho de los mismos materiales que los demás seres humanos, tengo las mismas miserias, las mismas limitaciones, angustias y un montón de etcéteras interminables, pero estoy determinado a encontrar todas las respuestas al final del camino. Difícilmente me doy por vencido, soy paciente y, aunque muchas veces el miedo ha violentado mi cotidianidad, he cerrado los ojos y me he arriesgado a padecerlo asustando al miedo con mi osadía.

Soy un ser humano a quien la cordura le sobrecoge y a quien la vida, por más absurda que parezca, le invita a desafiarla día a día.

Cuando no hay oportunidades me las invento, tengo una fábrica dentro y es esa fábrica la que me ha ayudado a caminar sin perder la mirada en el universo divino. Hoy me desperté soñando con un mundo mejor.... Sé que existe.

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