La propuesta

La carta de Valentina a Santa devolvió a la vida a mi hermano
$!La propuesta
Valentina, dejó debajo del árbol una carta a Santa con letras infantiles muy grandes.

El día de Navidad la vida nos dejó un regalo doloroso. Mi hermano José tuvo un coma que convirtió una fecha tan importante en nuestra familia en angustia y preocupación. Los días siguientes fueron todos de mucha tensión, interno en cuidados intensivos con los mejores doctores, pero las noticias no eran alentadoras, habían ido desapareciendo los signos vitales y, aunque no lo hablamos entre nosotros, esperábamos lo peor.

La temporada de lagrimas sustituyó a la de celebración. Sin poder evitarlo repasaba mis recuerdos a su lado, nuestra infancia, adolescencia, y luego la vida de adultos en la cual vimos cada uno crecer nuestras familias. De más está decir que en cada recuerdo un dolor traspasaba mi corazón, y en casi todos me culpaba de no haber tenido el suficiente tiempo a su lado, me faltan conversaciones, secretos, complicidades. Hubo momentos en mi soledad donde pedí a Dios me diera más tiempo para expresarle a mi hermano todo el amor que le tengo y que quizás, por la prisa y la vida que cada uno lleva, no le había dedicado.

Inventario de faltas, de omisiones, de abrazos y besos, de encuentros familiares con la excusa del trabajo, ausencias tontas donde lo esencial lo perdía llenándome quizás de cosas sin importancia.

En las tardes nos reuníamos en la casa de mi hermano para consolarnos unos a otros esperando siempre la ultima palabra de los médicos. Cualquier señal era signo de esperanza. Las oraciones al Ser Supremo a la orden del día. La Navidad cambió de rostro y, aunque abatidos, no nos permitíamos declararnos vencidos; cuando uno parecía desfallecer, otro surgía ‘va a pasar el milagro’. Valentina, la nieta de mi hermano de siete años, correteaba de un lugar a otro aparentemente sin percatarse de lo que vivíamos. Ella es una señora a pesar de su temprana edad, habla con propiedad e impresiona con sus comentarios.

Como Santa la había llenado de juguetes pasaba todo el día abrumada por los tantos que tiene y algunos ni siquiera había tenido la oportunidad de abrir. Una tía le regaló un teclado y ella misma bajó de internet un instructivo y ya está, según ella, en clases de piano y, según ella, interpreta algunas canciones; el piano se deja escuchar de lejos mientras nos reunimos, es la música de Valentina, ahora sí nos salvamos.

Una noche, cuando parecía que todo se oscurecía y las lágrimas se habían hecho parte del rostro de todos los familiares, presentimos lo peor. Por primera vez hablamos de hacer preparativos para la despedida, reinaba un silencio cortante en la casa y solo se escuchaban palabras casi susurradas.

Angelle, la mamá de Valentina vio debajo del árbol una carta a Santa con letras infantiles muy grandes, una carta nueva y de inmediato pensó: “¡pero qué niña insaciable que con todo lo que le han dejado sigue pidiendo juguetes!”.

Llamó a su hija y le pregunto que ya Santa había pasado y que no había más regalos.

La niña la miró muy seria y le dijo:

-Esa carta es para Santa y no tienes que abrirla.

-No la he abierto, yo respeto tus cartas -contestó la mamá-, pero debo advertirte que ya no hay más regalos, la Navidad terminó y Santa no vuelve hasta el año que viene.

-¿Y no hay manera de que esta carta le llegue?

-Hasta el año que viene no -contestó la mama sin herir a su niña.

-Pues yo tengo urgencia de que la lea ahora.

-¿Y por qué?

-Le tengo una propuesta a Santa.

-¿La puedo abrir para ver si te puedo ayudar¿ -insistió su mamá-.

La niña encogió los hombros y asintió. Angelle abrió la carta y comenzó a leer: “Querido Santa, gracias por los regalos, me han gustado mucho. Quiero hacerte una propuesta, te los cambio todos por la salud de mi abuelo... DEVUÉLVEME A MI ABUELO”.

Santa dejó los regalos y mi hermano volvió a la vida.

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