$!Siempre joven

Soy un niño en un cuerpo de viejo. Defender mi estado frente al mundo en que vivo ha sido difícil pero no imposible. Pienso que, de repente, un día amaneceré anciano y todas estas arrugas y dolores que ignoro conscientemente me cobrarán factura. Espero no llegue nunca y la partida me sorprenda bailando.

Mientras tanto me hago el loco y sigo soñando como cuando era apenas un adolescente y soñaba con conquistar el mundo. Estoy al borde de los 75. Cada vez que pienso en este número me dan escalofríos, pero simultáneamente también orgullo. Haber llegado no ha sido fácil, soy un volcán que pocas veces se apaga y pienso que el día tiene más de 24 horas, soy propenso a comprometerme con tres eventos a la vez y asistir a todos, algunos días me creo Superman, como era mi papá, y no le tengo miedo a la kriptonita.

En estos días una amiga me preguntaba que de dónde sacaba la energía, le contesté que tenía dentro de mí algo de vampiro y que me energizaba conviviendo con personas jóvenes y positivas que constantemente me inspiraban a seguir. Les saco la energía a ellos, no hay mejor fuente que la conversación con un joven que no ha perdido la ilusión y persigue sus ideales con firmeza y pasión. Ellos me estimulan, me obligan a ser mejor ser humano, a que aspiren a llegar a mi edad sin perder la mirada en las estrellas, a que a pesar de vivir en un mundo convulso donde se confunden los valores, un mundo de espejismos, sepan que dentro de cada uno existe un universo que no puede ser contaminado si uno decide mantenerlo. Evito a los profesionales de la tristeza y aquellos que han pintado de oscuridad sus vidas y se quejan de todo sin aportar el granito de arena que les toca. Intento darles un poco de mi alegría, pero si se niegan los saludo desde lejos. Vivo rodeado de mucha gente buena, honesta, trabajadora, que cree en su país, que no se corrompe, que se afana por si no puede cambiar la patria, embellecer su entorno y vivir como Dios manda. Gente de fe que vive la esperanza, que da hasta que duela, que está comprometida con el bien, no para alcanzar un cielo, sino para hacer un poquito de cielo en el entorno en que vive.

Vivir feliz es una decisión, repito constantemente. El día que estoy a punto de desfallecer me esmero por esbozar mi mejor sonrisa y me dibujo el horizonte lleno de luz.

Muchas veces me tengo que provocar la energía, días difíciles tenemos todos, el dolor y la pena son parte obligatoria en este paquete existencial, son los días más complicados, entonces recurro a una fábrica interna que me pone retos constantemente y no permite ni que me considere derrotado ni que me aburra.

Además he desterrado el miedo a hacer el ridículo y me atrevo a lanzarme sin paracaídas. Muchas veces me he dado tremendos golpes, pero los he convertido en aprendizaje, en lecciones duras que me han obligado a rectificar el camino.

Hoy, mientras escribo estas líneas para todos los amigos que me leen, pienso en ellos y sonrío y agradezco, los invito a que descubran que cada día es una nueva oportunidad de ser pleno y feliz.

Cada mañana podemos comenzar de nuevo, cada mañana...

Hoy mi edad ronda los veinte... contágiense y por lo menos pónganse a bailar.

Ilustración: Ramón L. Sandoval

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