Vivir la soledad

Si algo tiene de positivo esta pandemia es que ha enfrentado a cada ser humano a su soledad, a su fragilidad, a su esperanza, a sus miedos, o a su intimidad
$!Vivir la soledad
La vida es un eterno camino de aprendizaje y quien lo niega se estanca y se pierde en la trayectoria.

He aprendido que la vida, una vez más, es simple y que a veces la prisa en que vivimos nos sumerge en mundos que nada tienen que ver con el verdadero sentido de la existencia y nos complicamos. Siempre he dicho que he asimilado más de los golpes que de los aplausos, que los momentos difíciles vividos me han enseñado nuevos caminos en los cuales he crecido y encontrado valores que me han ayudado a ver con claridad en temporadas en las cuales he estado perdido.

La vida es un eterno camino de aprendizaje y quien lo niega se estanca y se pierde en la trayectoria. Cada día me reinvento, cada mañana me pongo metas, me ilusiono con el futuro, hago planes, tomó impulso para no perder la alegría y trato de ser cada vez más independiente con mis sueños. Sé que cada mañana es una oportunidad y que el solo hecho de estar vivos es ya una fiesta y un convite a que aunemos fuerzas para lograr los propósitos que queramos lograr. Hay que vencer el tedio, las posiciones fáciles y romper muchas veces las limitaciones que nos imponemos por el miedo. Hay que poner pasión en lo que hagamos, llenarnos de optimismo y si fracasamos verlo como una enseñanza que nos a obliga a intentarlo de nuevo. Sé que es arduo pero no imposible.

Supe desde muy temprano que la felicidad se genera desde dentro, que se alimenta día a día, que los factores externos ayudan o atentan contra ella, pero que el control de mi estado anímico tengo que manejarlo yo. He tenido mis días complicados, como todo ser humano, he caído en tristezas que por momentos me han parecido eternas, pero jamás cierro los ojos a la esperanza y, cuando no puedo por mí mismo, busco una mano en la cual apoyarme y volver de nuevo al equilibrio, a mi paz interior y reencontrar el camino perdido. Siempre hay otra oportunidad para comenzar de nuevo.

Vivir es complicado, pero eso es lo que le da sentido. El reto de sobrevivir cada día, llegar a mi meta, mantener la sonrisa no para que los demás la vean, sino para que yo la sienta dentro, la pueda irradiar a quienes me rodean y la trayectoria sea más llevadera. Una vez confesé que no hay mejor premio que el que pueda darse uno mismo por haber realizado algo de lo cual puedas sentirte orgulloso. Los aplausos externos se agradecen, pero el más valioso es el que puedes darte a ti mismo, cuando desnudas tu alma y sabes que lo que has hecho lo has hecho satisfactoriamente.

Amanecí con esto en la cabeza y no tuve más remedio que contarlo. Aprovecho estos instantes donde todos los días son domingos...

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