En el gimnasio me recomendaron tomar ‘proteínas’ (2/3)

Conocer sobre la bioquímica y efectos nutricionales provee el sustento necesario para entender los valores recomendados según los requerimientos dietéticos diarios
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La suplementación, de ser necesaria, debe ser utilizada de forma supervisada y personalizada.

Continuando la secuencia de las recomendaciones más frecuentes de suplementos dietéticos, la de consumir suplementos de proteína es una de las más comunes. Los beneficios de consumir proteínas junto a ejercicios de resistencia física ha sido documentado ampliamente, especialmente su relación con la hipertrofia (crecimiento) y función muscular (Santarpia, 2017).

La proteína contiene varios tipos y cantidades de aminoácidos unidos a través de enlaces peptídicos. Conocer sobre la bioquímica y efectos nutricionales provee el sustento necesario para entender los valores recomendados según los requerimientos dietéticos diarios.

Las principales fuentes de proteínas de origen animal son las carnes de vaca, pollo, pavo, cerdo, pato, conejo, pescados, los lácteos y sus derivados (ej. queso, yogurt), de origen vegetal son fuente de proteínas las leguminosas, nueces, cereales como quinoa, avena, la soya y otros.

¿Cuál es la cantidad de proteína que debemos consumir?

La respuesta es compleja. Los factores que afectan el requerimiento proteico son:

• Características del paciente como la edad, sexo, antecedentes genéticos, hormonas, embarazo, lactancia, actividad física, hábitos dietéticos y preferencias.

• Presencia de patologías como infección, trauma, neoplasias, diabetes, obesidad, enfermedad cardiovascular, insuficiencia renal y restricción del crecimiento fetal.

Todas estas condiciones o factores deben ser consideradas al momento de prescribir el requerimiento exacto de proteínas.

¿Qué efectos podría causar un consumo excesivo de proteínas?

Algunos estudios sugieren que un consumo mayor de 2 gramos por kilogramo por un tiempo prolongado podría resultar en anormalidades del sistema renal, digestivo y vascular (Guayao, 2016).

Este exceso de proteína puede interferir en la capacidad del hígado, intestino y riñones de excretar el amonio y por tanto resulta tóxico. Algunos efectos indeseados incluyen el malestar gastrointestinal, elevación del amonio, elevación de la insulina, deshidratación, náusea, diarreas, fatiga, dolor de cabeza, convulsiones y aumento del riesgo cardiovascular.

La alteración renal (elevación de la creatinina y reducción de la filtración glomerular), la elevación del ácido úrico y la constipación son algunos de los efectos más comunes que identificamos a diario en consulta.

Consideremos que las fuentes dietéticas de proteína tienden a cubrir los requerimientos diarios y que la suplementación, de ser necesaria, debe ser utilizada de forma supervisada y personalizada.

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