Quercetina, un suplemento en pandemia

¿Conoce a la quercetina? Lo más probable es que no. Es conocida hace más de 100 años, se descubrió junto a la vitamina C y se le denominó, de forma efímera, como “vitamina P”.
Sus probables efectos antivirales, anticancerígenos, antiinflamatorios y antioxidantes han sido de interés para muchos estudios científicos que buscan estimular nuestro sistema inmunológico y ofrecer estrategias de prevención, principalmente en esta pandemia.
La Quercetina es categorizada como un flavonoide, presente en múltiples frutas, verduras, granos y semillas. Algunos ejemplos son la manzana, las uvas, cebolla, tomates así como nueces y algunas hojas verdes. Pero, a pesar de estar presente en alimentos, su disponibilidad al ingerirlas y que sean de aprovechamiento es baja, debido a su pobre absorción intestinal. De ahí que se utilicen suplementos en dosis más altas para obtener los efectos propuestos.
Actualmente, los estudios que sugieren beneficios y estos grandes aportes a nuestro sistema inmunológico (Biancatelli, Salehi, 2020) son claros en que los efectos se han visto “in vitro” (es decir, en pipetas del laboratorio) y en algunos modelos animales. En los análisis realizados en humanos, no hubo diferencias con la suplementación de quercetina en optimizar el sistema inmunológico.
Esto es importante mencionarlo porque estamos ante una avalancha de propuestas, y conocer el trasfondo de cada una podría ayudarnos a tomar selecciones acertadas con criterio.
Para los fines de lugar, muchas autoridades promueven su uso en la prevención del COVID-19 basados en que es un suplemento de bajo costo y sin efectos adversos considerables en cuanto a toxicidad o daño a órganos.
Estemos claros de que, el uso de mascarillas y distanciamiento es el método más eficiente, seguido de una alimentación equilibrada y variada, actividad física regular (dentro de las limitaciones existentes) y buenos hábitos en general (sueño apropiado y buen estado de ánimo).

Erika Pérez Lara