¿Una dieta para el asma?

“Existen algunos factores dietéticos relacionados con el asma, sin presencia de alergias, que contribuyen a el entorno fisiopatológico que involucra el asma.”
$!¿Una dieta para el asma?

El asma es un trastorno respiratorio crónico asociado con inflamación de las vías aéreas. Entre sus principales factores precipitantes destacan los alérgenos (ej. ácaros, polen), exposición al humo, contaminación ambiental, predisposición genética y otros (Guilleminault, 2017).

Se ha demostrado la relación entre los alimentos y alergias, así también, algunos factores dietéticos relacionados con el asma, sin presencia de alergias, que contribuyen a el entorno fisiopatológico que involucra el asma. (Macia, 2015)

Todo esto tiene que ver, con que se produce un estado de inflamación sistémica donde el patrón dietético podría modificar el estado inflamatorio de forma favorable o desfavorable. La dieta occidental (Western diet en inglés), prevalente en países desarrollados, se caracteriza por facilidad en el acceso, con alimentos altamente procesados, cereales refinados, carnes procesadas, dulces, frituras y bajo consumo de frutas y verduras. Este tipo de alimentación, promueve un ambiente pro-inflamatorio debido a múltiples factores, tales como, ausencia de antioxidantes, susceptibilidad al estrés oxidativo y abundancia de grasas saturadas que conllevan a la activación de receptores inflamatorios.

En contraste, se ha comparado con la dieta mediterránea, que ofrece un ambiente antiinflamatorio, debido a la presencia de nutrientes como los ácidos grasos no saturados (ej. omega 3) y antioxidantes, que han sugerido la reducción de marcadores inflamatorios (ej. proteína C reactiva). (Widmer, 2015)

De acuerdo a la Iniciativa Global para el Asma (GINA, por sus siglas en inglés) el control del asma tiene dos motivos principales: el control de los síntomas y reducir el riesgo de eventos adversos (tales como crisis y función pulmonar reducida).

¿Cuáles factores podrían contribuir a estos objetivos?

Las revisiones científicas de las últimas décadas coinciden que, consumir frutas y verduras diariamente, realizar actividad física regular, evitar alérgenos y dejar de fumar, contribuyen a satisfacer estos propósitos. (García-Larsen, 2016)

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce el rol de la lactancia materna como un factor protector de gran importancia en la reducción de la incidencia del asma.

El uso de vitaminas C y D podría aportar beneficios, pero deberán realizarse estudios para colocar este apoyo como parte de un tratamiento protocolar.

No existe una dieta específica para el asma, sin embargo, una alimentación no saludable predispone a las exacerbaciones o crisis de asma, así como, la obesidad resalta por ser una estado patológico que empeora la receptividad al tratamiento, pues su respuesta al uso de costicoesteroides es menor, mayor uso de fármacos, más crisis asmáticas y por tanto, peor calidad de vida. (Wolfinger, 2017)

Incluya el equilibrio nutricional dentro del tratamiento del asma, considere todos los elementos no farmacológicos (ejercicio, identificación de alergias e higiene), siga las instrucciones de su médico y logrará conseguir los mejores resultados.

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