Diferencia lo que necesitas de lo que deseas

Diferenciar nuestros deseos de nuestras necesidades nos puede llevar a cubrir nuestras prioridades financieras. ¿Se atreve a encontrar las diferencias?
$!Diferencia lo que necesitas de lo que deseas
Los deseos son infinitos y las necesidades son finitas.

Necesito un nuevo celular –escuché al hijo de un amigo expresarle con tono de exigencia. –¿Qué pasó con el que tenías? –Ya está viejo. Podría poner muchos ejemplos parecidos: ropa nueva para una actividad, vehículo, viajes y mucho más. El humano de hoy utiliza indiscriminadamente el verbo “necesitar”. No sé si la Real Academia Española estará de acuerdo, pero en cuanto a la psicología financiera debemos diferenciar bien entre necesidad y deseo.

Las necesidades que involucran dinero son de déficit. Dicho de otra manera, los deseos son infinitos y las necesidades son finitas. Una vez una necesidad está cubierta el humano se siente satisfecho y sale a cubrir otras. Lo que nos está pasando es que no sabemos en realidad qué necesidad estamos tratando de cubrir. Los mercadólogos se han aprovechado de esta confusión y nos hacen creer que necesitamos cuando en realidad deseamos.

El joven de mi ejemplo no necesitaba un nuevo teléfono, él deseaba... y no un nuevo teléfono, sino algo mucho más complejo. Su teléfono funcionaba y cubría las necesidades que un teléfono puede cubrir... en cuanto a lo tecnológico. Aquí comienza la complejidad.

Cuando salimos a un restaurante con amigos no estamos cubriendo necesidades básicas. En la mayoría de los casos no vamos porque necesitamos, sino porque deseamos. Saciar el hambre se puede en muchos lugares, principalmente en la casa... y se logra con menos inversión. Pero deseamos compartir con los amigos.

Son necesidades sociales las que están en nuestra mente, de alimentación. Y no es que no la saciemos a lo que me refiero, como enseño por extenso en mi libro Arco Iris Financiero, sino a que entendamos lo que hacemos, porque luego dejamos prioridades sin cubrir y pensamos que es el dinero que no alcanza.

El teléfono que buscaba adquirir el adolescente en cuestión no le cubriría necesidades prioritarias, sino que quería ser reconocido en la manada. Con unas cuantas preguntas que le hice me enteré que deseaba uno más moderno que el que tenían sus compañeros. No solo era igualarlos, quería superarlos. No es lo mismo pertenecer a la tribu, que ser admirado por los de la tribu.

Algunos desean ese nuevo teléfono para que no los saquen de la manada, más en el tiempo del acoso tecnológico (bulling para el que lo prefiera así). Otros, como el hijo de mi amigo, para que lo vean en la cabeza de la manada. Podría ser tomado en cuenta un día para dirigirla.

El deseo de tener un nuevo teléfono es en realidad una necesidad, pero no de un teléfono, sino de aceptación social (que me dejen estar en la manada) o de reconocimiento (que me vean como exitoso).

Diferenciar nuestros deseos de nuestras necesidades nos puede llevar a cubrir nuestras prioridades financieras. ¿Se atreve a encontrar las diferencias?

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