Las mentiras no siempre son tan malas como aparentan

Esconder la verdad puede ser considerado como mentira y, en la realidad, muchas veces la escondemos a pesar de preguntas directas
$!Las mentiras no siempre son tan malas como aparentan
Uno de los grandes problemas que tenemos es creer que nuestro parecer es la verdad.

“Manita, te ves horrible”. Le escuché decir a una amiga a su querida pariente. Supongo que fue fácil expresarlo por la confianza que se tienen. La pregunta que me hago es: ¿Siempre debemos decir la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad?

Esconder la verdad puede ser considerado como mentira y, en la realidad, muchas veces la escondemos a pesar de preguntas directas. En ocasiones es por no generar en los demás algún sentimiento feo, mientras que en otras es por no delatarnos en algo... gran diferencia.

Estudios recientes han arrojado resultados muy interesantes. Los grupos que en los experimentos siempre se decían la verdad, a pesar de que no se les preguntara, no lograron una unión fuerte. Mientras que aquellos que se guardan algunas informaciones lograron en los experimentos una empatía mucho mayor y una dinámica más productiva, pasando de ser grupos a convertirse en equipos con mayor facilidad.

Considero que si la verdad lleva a una mejora puede ser expresada. Si la pensamos o será percibida como crítica (no creo en la crítica constructiva, no deja de ser crítica) no tiene ningún sentido que sea expresada... a pesar de ser considerada una verdad.

En mi libro “Migomismo II” explico con profundidad el tema de la comunicación asertiva. Uno de los grandes problemas que tenemos es creer que nuestro parecer es la verdad. Por otro lado, no nos ponemos en los zapatos de los demás. La hermana de mi amiga podía estar dando prioridad a otras cosas que no fuera a maquillarse. La expresión “te ves horrible” no ayuda en nada más que a profundizar el mal momento emocional que la persona quizá estaba pasando.

No dejemos de lado la forma en que nos expresamos. Estoy seguro que mi amiga quería que su hermana cambiara el aspecto, pero su tono fue desastroso para lograr su objetivo. La respuesta vino cargada de defensa y una discusión evitable se desató. Una muralla creció entre las dos y el mandato de cambio de aspecto fue tomado como una ofensa, variadas disculpas llovieron por encima del muro, para luego pasar a reproches tipo: “como si tú siempre anduvieras así como hoy” y cosas por el estilo.

Podemos hacer llegar nuestra observación, la clave es dejarle al otro el libre albedrío de usarla o no. ¿Se atreve a cambiar su próxima crítica por una observación?

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