¿Qué esperan nuestros hijos de nosotros?

Nos pasamos la vida comparando a nuestros hijos con los hijos de los demás. Queremos que sean los mejores y así debe ser
$!¿Qué esperan nuestros hijos de nosotros?
Si nuestros hijos sienten que no estamos felices con lo que son, ellos tendrán el derecho de esperar que les demos lo que otros padres les dan.

Pero pasarles a ellos la idea de que tienen que serlo puede ser frustrante. ¿El problema? Cuando los comparamos tomamos ejemplos de varios niños o de adultos cuando eran niños. Si queremos un buen jugador de golf como hijo, le decimos lo que hacía Tiger Woods cuando era un niño. Si tiene una buena nota le preguntamos por el resultado de los demás. Y así con cada área de sus vidas.

Queremos que ese niño tenga lo mejor de todo lo que podemos unir en nuestra cabeza. O sea, un humano más que perfecto... que dicho sea de paso aún no existe. Ni siquiera tomamos en cuenta que hay diferentes inteligencias, como la espacial, la lógica, la lingüística, etc. No pueden ser buenos en todo.

¿Y ellos? ¿Qué quieren de nosotros? Si tenemos el derecho a pedir “nuestro” niño perfecto: ¿tienen derecho ellos a solicitar “su” padre perfecto? Pongo algunas palabras entre comillas porque lo que es perfecto para uno no lo es para otros.

Es difícil ser el padre que siempre está en los juegos de fútbol y las presentaciones del ballet, pero a su vez es dueño de una gran empresa y tiene casas y vehículos de lujo. Es difícil ser un astro del golf profesional y estar en casa todos los días.

¿Somos igual con nuestros hijos? Digo, ¿estamos exigiendo sólo por lo que no tienen? ¿Podemos pulir más sus fortalezas?

Encontrar el equilibrio es lo más importante. La familia y la carrera están en nuestras vidas. Los momentos con los hijos son restringidos y se marchan más rápido de lo que pensamos. A los dos años requieren una cosa y a los catorce otra. Cada etapa hay que vivirla a su tiempo.

Si comparamos a nuestros hijos con otros niños, tenemos que aceptar ser comparados con otros adultos. Es terrible saber que ellos querrán que seamos como otros. Quizá no lo entiendan, pero también es complejo para ellos que los estemos comparando con otros... es más, algunas frustraciones pueden quedar sin que nos demos cuenta.

Si nuestros hijos sienten que no estamos felices con lo que son, ellos tendrán el derecho de esperar que les demos lo que otros padres les dan. Y hoy muchos valoran al humano en dinero.

Una relación sana llevará a una exigencia sana. No ser conformistas y querer ser mejor cada día es más rentable que desear ser el mejor. No tener tanto como otro, o como ellos aparentan, no nos hace peores padres. Como un infante no debe decepcionarnos por no alcanzar a algún otro niño en alguna de sus competencias.

Le aseguro que es más difícil ser el padre perfecto que aceptar al hijo que no será el mejor de todos en todo.

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