El deporte: un fenómeno social, educativo y cultural

$!El deporte: un fenómeno social, educativo y cultural

“Con el deporte se fomenta la colaboración en la búsqueda de un fin común y se evita el individualismo”. Se desarrollan en el niño sus capacidades motrices, afectivas, cognitivas y sociales. Recordando siempre a los padres y entrenadores, que el deporte es una actividad que el niño debe disfrutar. Y que en el caso de los más pequeños, el aspecto competitivo deberá llegar un poco más tarde.

He participado en debates en los que algunos padres no ven con claridad que sus hijos participen en competencias deportivas, porque cuando pierden según ellos, sufren grandes frustraciones. Y yo soy de los que creen que esos momentos son una de las mejores enseñanzas que el deporte nos aporta. Porque la vida es eso, ganar y perder; y, en nuestro rol de padres, debemos enseñar que también nosotros ganamos y perdemos en la vida y que esas experiencias son las que nos han hecho crecer.

Algunos padres antes de las competencias nos ponemos ansiosos, nos creamos falsas expectativas respecto a nuestros hijos, y ese estado de ánimo lo transmitimos al niño y pensamos que el deporte es el culpable. Porque no hemos aprendido, que las metas (medallas y trofeos) deben ser un compromiso del niño y su entrenador en base al trabajo realizado.

El deporte trae consigo una mejor salud física y mental, algo reconocido desde hace años por los médicos, educadores y psicólogos. El niño que hace deporte mantiene mejor su peso corporal, reduce las posibilidades de padecer enfermedades cardiovasculares, fortalece sus músculos, huesos y articulaciones y su autoestima. Reduce al mínimo el estrés y la depresión males tan comunes entre nuestros jóvenes, precisamente, en aquellos que viven una vida sedentaria.

El deporte competitivo y de equipo, favorece el desempeño en nuestra vida cotidiana fomentando valores como la responsabilidad, la cooperación, disciplina, el respeto y la tolerancia. Elimina las diferencias y rompe las barreras culturales. Y, pone de lado la discriminación social, étnica y religiosa.

Por lo tanto, no debe haber temor en que nuestros hijos hagan deporte competitivo, a que ganen y pierdan. Porque le habremos dado la oportunidad de ser mejores ciudadanos, los que aprendieron a ganar y a perder con humildad y elegancia.

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