$!El derecho a ser niño

Los padres, desde el momento en que decidimos serlo, tenemos la obligación de educar, alimentar, abrigar, amar y proteger a nuestros hijos. Unos lo hacen de la manera más irresponsable, y otros tan en serio, que hasta les niegan el derecho a vivir como niños.

En ocasiones el niño puede irse a la cama pasadas las 12 de la noche, enganchado a un celular sin el menor control, y en otros casos, tan ocupado que se le niega el derecho al juego o al ocio.

En la sociedad competitiva en que vivimos, el niño debe hacer sus tareas, asistir a clases de música, estudiar idiomas, ir al ballet o al fútbol, porque debe estar lo mejor preparado posible en esta sociedad global, en la que solo los mejores tendrán oportunidades. Cosas que son muy ciertas y reales, y muy buenas, solo cuando se dan de manera equilibrada, cuando se pone cada cosa en su lugar.

No es sano que un ser humano en formación como es el niño, deba estar en un laborantismo permanente, sin espacio libre, sin oportunidad de aburrirse, que deje de ser niño. Hay que evitar en esa etapa de su vida, que pase el tiempo y cuando ya sea tarde, darnos cuenta de que por no perder las oportunidades, perdimos lo que más queríamos.

Debemos aburrirnos de vez en cuando y permitírselo a nuestros hijos para que puedan desarrollar su capacidad innata de ser creativos, no tienen que estar ocupados todo el tiempo.

“El aburrimiento puede ser una sensación incómoda, y por ello, la sociedad ha desarrollado expectativas para que estemos constantemente ocupados y estimulados. Sin embargo, para ser creativo, hay que desarrollar estímulos internos que precisan de cierta quietud. Y a nuestros niños y jóvenes, no les estamos proporcionando los recursos interiores o las respuestas para hacer frente al aburrimiento de una manera creativa sin terminar dando tumbos o haciendo cosas sin sentido”( Teresa Belton, investigadora de la universidad East Anglia, Reino Unido).

El futuro de nuestro país y de todos los países está en sus niños. Ese futuro será promisorio si les damos las oportunidades de crecer en su formación como profesionales y en su yo interno, sin tanta prisa. Regalemos más experiencias de vida y menos juguetes en estas Navidades, compartiendo con ellos nuestro tiempo, y estaremos construyendo una nueva sociedad de hombres y mujeres más felices.

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