¡A votar!

Voy a votar porque es mi deber como mujer, como madre y como ciudadana y no lo negocio
$!¡A votar!
Votar es una responsabilidad que no debe tomarse a la ligera.

Al momento de redactar este escrito, faltan apenas días para la celebración de nuevas elecciones, esta vez para elegir los próximos presidente y vicepresidenta, así como los miembros de las cámaras legislativas para los próximos cuatro años. Elecciones extraordinarias por demás, siendo celebradas en medio de una pandemia que ha cobrado, mal contados, más de 600 vidas en nuestro país, fuera de la fecha que establece la Ley (en un periodo normal el gobierno recién electo estaría en un proceso de transición) y lo que es peor, precedida de la campaña más sucia y disparatada que esta ciudadana, en pleno ejercicio de sus poderes civiles y políticos, recuerda.

He votado desde que tengo edad para hacerlo, sin faltar. Mis hijas han visto con el ejemplo de su madre que los derechos se ejercen y los deberes se cumplen y, al igual que yo, desean cumplir con uno de los más importantes: elegir a quienes delegamos el poder de decidir por nosotras.

Visto de esa manera, votar es una responsabilidad que no debe tomarse a la ligera. Respeto las banderías políticas, tengo grandes amigos de todos los partidos que son políticos fervorosos y todo eso pesa, pero no es lo único. Hay colores, eslóganes, símbolos que nos exaltan, pero no son lo único.

En mi ingenuidad, pensé que, como ya tenemos una “democracia madura”, los aspirantes iban a presentar propuestas serias y bien definidas para cubrir los temas que a la sociedad en general le preocupan y que tienen varias décadas pendientes de solución, y por qué no, conocer la posición personal del candidato sobre los derechos humanos de tercera y cuarta generación, sobre el aborto, el matrimonio igualitario, la migración ilegal, la explotación minera y de recursos naturales y otros tantos temas que tienden a rehuir para quedar bien con todos y con ninguno.

Me atrevo a decir que incluso aquellos que venden su voto les interesa saber si alguna vez habrá empleos para ellos, si a sus hijos les enseñarán a comprender lo que leen en las escuelas y si en su localidad se podrá vivir sin miedo a caer en la próxima balacera. Me quedé esperando con las palomitas puestas.

En vez de propuestas, abundaron los insultos, los memes, las juramentaciones de todos los colores y las descalificaciones en todos los literales. Y muchas, muchas encuestas. Nos salvamos, gracias al coronavirus, de las caravanas, los bandereos y de la terrible contaminación sónica que acarrean. Debo reconocer en justicia que en el pandemonio de la política vernácula sobresalieron candidatas y candidatos, mayoritariamente jóvenes, con ideas que merecen la pena ser escuchadas.

Pero, a pesar de todo, yo voy a votar. Con consciencia, con dignidad, con seguridad. Con el Covid-19 entre nosotros, acudiré a mi mesa cédula en mano, bañada en alcohol y oliendo a manitas limpias, forrada con un poncho de fundas negras, botas de goma, mascarillas, lentes, protector facial, guantes, mi gorra de las Águilas y un palo para darle al que ose acercarse a menos de un metro de distancia.

Voy a votar con mis hijas (la pequeña vota con emoción por primera vez en unas elecciones presidenciales), poniendo nueva vez mi confianza en una Junta Central Electoral que nos ha fallado a todos, pero que tiene que quedar bien por la presión que tiene encima, más que por otra cosa.

Voy a votar por los nietos que algún día tendré, porque sueño para ellos con un país diferente al que me ha tocado. Que conserve la esencia de su alegría pero que levante ciudadanos respetuosos y responsables. Quiero un país donde se vuelva a enseñar ortografía, moral y cívica, junto con robótica y ciencias espaciales, porque la educación y los principios añaden virtud al conocimiento y te hacen mejor persona. Y sí, quiero un país que valore tener una Biblia en el centro de su escudo y que se lea, respetando la fe y las creencias de todos.

Finalmente, voy a votar porque es mi deber como mujer, como madre y como ciudadana y no lo negocio.

Por respeto a los que lucharon y murieron y por aquellos que aún luchan por esta maltrecha democracia, te invito a que te protejas bien, que ejerzas tu derecho y hagas que tu voto cuente. Si no vas, no te quejes. ¡A votar!

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