Atrapado por Zoom

La nueva normalidad ha transformado la forma en que nos relacionamos socialmente, en especial en el ambiente laboral
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La nueva normalidad ha traído muchos inconvenientes con las videollamadas.
Las reuniones de trabajo presenciales se han prohibido en muchos lugares, teniendo los empleados y empleadores que migrar a plataformas digitales para verse la cara y despachar los temas del día a día. Si no tienes una buena conexión estás condenado al ostracismo laboral.

Pero esa nueva normalidad ha traído muchos inconvenientes, sobre todo para los que no estábamos muy acostumbrados. Las llamadas por WhatsApp o por Facetime no tienen nada que ver con los códigos y las maneras en que debemos llevar las reuniones de trabajo a través de la plataforma Zoom, por ejemplo.

Los casos en que una videollamada ha agarrado a gente en paños menores o en situaciones comprometedoras son innumerables. Mal peinados, mal vestidos, mal tramados, mal sentados... frente a las pantallas hemos visto y ha pasado de todo, literalmente. Tras la vergüenza y el mal rato inicial, solo queda espacio para la risa, los memes y los despidos.

Sé de muchos lugares donde las reuniones virtuales deben ser con cámaras encendidas, no solo audio, lo que ha dado pie a muchísimos trucos de engaño, para disimular. Desde espacios “arreglados” en la casa para que no se vea el reguero general, a mujeres que se maquillan, se peinan, se ponen una blusa y más nada, rogando a Dios no tener que pararse ni en caso de temblor de tierra. Los hombres que trabajan con boxers (si acaso) son cada vez más numerosos.

En mi caso, soy culpable de todo lo anterior y más. En reuniones de alto perfil, con el jefe mayor, por ejemplo, he mandado a trancar al perro y a las niñas para evitar contratiempos. Gedeón, mi canino con problemas de atención, no le importa si le explicas que no puedes interrumpir porque él necesita bajar a hacer lo suyo. La de rabietas perrunas que mis pares han tenido que aguantar da para un libro. También he tenido difíciles experiencias con una guagüita anunciadora que pasa fijo a la hora de la reunión de staff, que ya luce que lo hace a propósito, pero esa es otra historia.

Muchas veces ocurre que ya pasó tu presentación, la reunión es interminable, te entretienes con el celular o comienzas a bostezar. Solo te salva un compañero solidario que te manda un mensaje por el mismo celular para recordarte que el jefe te está mirando, te ha llamado por tu nombre dos veces y tú sigues dando likes en Instagram. O te entra una llamada, comienzas a contar el chisme del año y se te olvida que el sonido está encendido, el micrófono amplifica y se te escuchan hasta los pensamientos. Ante la recurrencia de estas situaciones, o te haces el sinvergüenza o debes ser creativo con las excusas para que no te manden una cartita firmada por Recursos Humanos.

Lo anterior es solo en lo laboral. En lo social, ya he participado en varios cumpleaños, reuniones de amigos, velorios, bodas, fiestas temáticas y hora loca utilizando la misma plataforma. Que al final, es cuestión de adaptarse a la modalidad, ser creativos e intentar pasarlo lo mejor posible. Por lo menos nos estamos ahorrando un dineral en ropa y en salón.

Parece que vamos a estar confinados el tiempo suficiente para que la vida anterior sea parte del anecdotario personal y esta “nueva normalidad” se convierta en cotidiano. Lo malo es que nadie nos lo advirtió y tenemos meses pagando la novatada.

Cuéntame, ¿a ti también te han pasado cosas por Zoom?

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