Carta a mi ahijada

Quiero compartir algunos párrafos de una carta, escrita por un padre a una hija que se asoma a la adultez, con todo el mundo por delante y decisiones importantes qué tomar
$!Carta a mi ahijada
Espero que estos párrafos les sirvan de inspiración si no saben qué decirles a sus hijos que crecen.

Les voy a contar una historia. Me bautizaron por el rito católico con edad suficiente para que pudiera “opinar” sobre de mis padrinos. Cuando me explicaron del importante rol que jugarían en mi crianza, haciendo uso de mi particular frescura, sugerí a mis abuelos paternos y a una pareja de amigos de mis padres, de esos que tratas y son parte de tu familia para que fueran los míos.

Cacán y Hugo Pérez asumieron el compromiso con toda la seriedad del mundo. Los dos, mocanos de pura cepa, me acogieron como una hija más, con el mismo trato estricto y deferente.

Hace unos días, la muerte separó a esta hermosa pareja, ejemplo para toda una comunidad y varias generaciones de mocanos. Encontré, buscando y hurgando en álbumes y recuerdos, la carta que Hugo y Cacán me dirigieron cuando cumplí mis quince años. Es exactamente la misma que entregaron a Rosa Luisa, su hija, cuando alcanzó la misma edad. Con esto queda demostrado que para ellos ser “padrinos” era algo extremadamente serio e importante.

Quiero compartir algunos párrafos de esa carta, escrita por un padre a una hija que se asoma a la adultez, con todo el mundo por delante y decisiones importantes qué tomar. Es un compendio de valores y de consejos intemporales que reflejan profundo amor y confianza en el futuro. Es una carta para guardar y repasar.

Más de 30 años después estos consejos mantienen su vigencia, como la brújula mantiene el Norte, sin importar la tempestad. Espero que estos párrafos les traigan recuerdos de sus padres o padrinos; espero que les sirvan de inspiración si no saben qué decirles a sus hijos que crecen, pero, sobre todo, espero que les reflejen el mismo amor con el que fueron escritos tantos años atrás.

Himilce Amelia: “aprende a escuchar para que la experiencia ajena sirva a tus mejores propósitos, aun cuando debas preparar tu ánimo para aceptar decepciones provenientes de propios y extraños. La difícil época en que te ha tocado vivir te obliga a ser inteligente para distinguir lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, la sinceridad de la hipocresía.

Cumple con dignidad y entrega el magnífico papel que Dios ha reservado a la mujer en este mundo. Pon al servicio de todos los incomparables atributos de comprensión, ternura y sensibilidad que posees, y con ello habrás de ganar el cariño y el respeto de los que te rodean.

Nunca desees los lujos que envanecen, ni siembres odio en los corazones. Pide a Dios el don de la bondad para que tu amistad sea fuente inagotable de buenos ejemplos y acción solidaria para todos los necesitados de bienes materiales y morales.

Honra tu linaje de mujer. Vive tu época, pero conserva tu pudor, que es uno de los más hermosos atributos femeninos. Piensa que cada día de tu vida es un nuevo reto por delante, acéptalo y lucha sin tregua para que el de tus hijos sea un mundo más justo que el que te ha tocado vivir a ti, y por supuesto, a tus padres y abuelos.

Elige a tu compañero de por vida más por sus virtudes que por sus tenencias materiales, ya que el dinero que te falte se verá compensado por el tesoro incalculable de la bondad, la comprensión y el respeto que presidan a tus relaciones.

Huye del orgullo esclavizante y haz de tu hogar un puerto de refugio donde tu compañero, en el triunfo o en la derrota, perciba la refrescante dulzura de su esposa, renovando con ello las fuerzas y las esperanzas de un futuro mejor.

Posiblemente ahora no comprendas a plenitud el significado de mis consejos, pero a medida que el tiempo pase y acumules las experiencias vividas, los apreciarás en toda su belleza y dimensión y podrás entonces, con mayor propiedad, vencer las pasiones personales y alcanzar definitivamente el incomparable derecho a llamarte Mujer “.

Gracias por tanto... buen viaje, querida madrina.

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