Cuarenta y cinco días más

Desde el inicio de la creación hasta nuestros días, todo parece girar alrededor del tiempo
$!Cuarenta y cinco días más
Nos cuentan las horas productivas, las que podemos circular en la calle, las de ocio y parece que hasta las de sueño.

Desde el principio de los tiempos, el hombre ha intentado entender y dominar el tiempo. Al principio, supongo, medía su actividad según era noche y día; luego, más evolucionado, se puso a mirar las estrellas y dividió su existencia en años lunares y solares, hasta el punto de crear complicados calendarios de increíble exactitud. Desde el inicio de la creación hasta nuestros días, todo parece girar alrededor del tiempo.

Con esta pandemia pasa igual. Desde marzo, en República Dominicana estamos viviendo en un calendario Covid, que se mide en periodos de emergencia y toques de queda. Cada 45 días, el ejecutivo se pronuncia para alargar el suplicio. Nos cuentan las horas productivas, las que podemos circular en la calle, las de ocio y parece que hasta las de sueño.

Pero las cosas no funcionan así. El prolongado confinamiento está provocando efectos secundarios que sobrepasarán por muchos años este infausto 2020. Gente que vive en un estado constante de ansiedad, con variaciones en el ciclo del sueño, depresiones. Niños que han aguantado mejor de lo que se esperaba, pero que necesitan espacio para moverse, quemar energías y compartir con otros niños de edades similares. Adolescentes a los que se les van a pegar los dedos a los videojuegos. Universitarios con sus carreras y su futuro profesional en espera.

Todo lo anterior, claro está, sin considerar las graves consecuencias para la economía, los mercados, los pequeños y medianos negocios, los emprendimientos que están entrando en un estado comatoso, sin ventiladores suficientes para tanta gente.

Y mientras eso ocurre, el ejecutivo proclamó hace pocos días la necesidad de prolongar por 45 días más el estado de emergencia. Es decir, la prolongación de las mismas medidas que se han tomado desde marzo pasado y que no han logrado nada significativo en términos de salud pública, si a contar fallecidos e infectados nos ponemos, pero que sí ha logrado desgastar progresivamente el tejido productivo del país, la paciencia y la buena fe de mucha gente.

El nuevo gobierno tiene poco tiempo en el poder, lo concedo, pero tuvieron lo suficiente en la oposición para criticar todo lo que se estaba haciendo y venir con un plan medianamente funcional. Hasta los niños han escuchado que no se pueden obtener resultados diferentes haciendo lo mismo... y nos estamos repitiendo.

No vamos a ver resultados positivos a las medidas si solo una parte de la población obedece las normas. Y si no hay consecuencias reales para los desobedientes. No funciona en una casa, no puede funcionar en un país. ¿Que quieren hacer fiestas? Perfecto. Hagamos fiestas. Todo el que vaya debe dar su nombre y cédula y firmar por escrito que en caso de enfermarse del virus del covid, no va a necesitar, ni exigir, ni quemar gomas para recibir atención médica.

Que el gobierno va a disponer de sus escasos medios para atender a la parte de la población que ha puesto de su parte y que se ha sacrificado por el resto. ¿Que es ilegal o injusto? Posiblemente, pero también es injusto mantener gente sana y productiva trancada en su casa por miedo al contagio. Como debe ser ilegal utilizar medidas “de emergencia” y convertirlas en cotidianas. De paso, si fuera gobierno, contrataría par de abogados, de esos que no tienen nada qué perder, para que echen el pleito en cada tribunal que se apodere, aquí o en La Haya.

Yo no soy quién para dar consejos al presidente de la República ni a su gabinete. Solo soy una madre soltera, empleada privada, con dos hijas universitarias, que paga religiosamente más del 25% de sus ingresos en impuestos y que no recibe, ni ha recibido, ninguna ayuda del gobierno.

No obstante, si pudiera darle alguna recomendación, respetuosa y humildemente le pediría que deje la diplomacia a los diplomáticos y que comience a hacer lo que prometió. Que este país despertó, que le queda poca paciencia, que el cambio no puede ser más de lo mismo y que no es buena idea unir aburrimiento con crisis económica por sus efectos altamente inflamables.

Se lo dejo de tarea.

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