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Dígame... ¿usted también se está ahogando?

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Dígame... ¿usted también se está ahogando?
Helados de agua o leche: de frambuesa, chinola, naranja, fresa, limón, siempre refrescantes. (SHUTTERSTOCK)

SANTO DOMINGO. No se asuste, no es una promoción de pastillas para el corazón. Es una pregunta perfectamente válida en estos días, cuando uno piensa que de verdad es posible morir derretido en el asfalto, aspirando polvo del Sahara y rezumando humedad por todos los poros del cuerpo.

Confieso que el título de este artículo era más coloquial. Cambiaba la “h” del ahogo por una “j” a la criolla, que demostrara fehacientemente mi alto nivel de hartazgo, pero luego pensé en la cantidad de amantes del español que leen este diario y decidí optar por escribir correctamente aunque me diera más calor.

A medida que me deshago de prendas de ropa y enciendo más abanicos en la casa, más deseos siento de un helado casero. De esos que la abuela siempre tenía en la nevera de reserva para cuando uno llegaba de visita “el verano entero”.

En mi feliz niñez cibaeña, los abuelos abrían la casa a principios de junio y la cerraban la última semana de agosto y nadie había escuchado hablar de campamentos. Para hacer frente a unos nietos a quienes el hambre no se les quitaba ni durmiendo, los amados abuelos echaban mano de todas las frutas disponibles y media docena de trucos.

Lo mejor del verano eran los helados caseros. Con leche o de agua según el presupuesto, y de todas las frutas posibles: tamarindo, limón, chinola, coco, frambuesa, guanábana, mango, “mantecado” y hasta batata! Por alguna razón la naranja no daba buenos helados, pero los de “cocacola” resolvían cuando no había más nada.

Las horas se hacían interminables esperando que el helado “cuajara” en los vasitos desechables o en una jarrita de aluminio que enfriaba de una vez. Una vez congelados, a cucharita limpia nos asegurábamos de consumir hasta la última gota del dulce y preciado líquido solo para darnos cuenta que habíamos dejado la mitad del helado en la ropa y nos mandaban “de castigo” a bañarnos con la manguera al patio. ¡Y eso era el castigo!

Cediendo a la nostalgia, comencé a buscar recetas de helados, postres y batidas de frutas que puede preparar cualquier día de estos en lo que recuerda su propia niñez, tranquiliza el hambre de sus hijos y combate el terrible calor de estos días. ¡Salud!

himilcetejada@live.com

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