El tiempo de los imponderables

Estamos viviendo tiempos inéditos. Ya es habitual y a nadie asombra que por cualquier cosa, microscópica o macroscópica, el mundo se paralice. Debemos prepararnos para todo tipo de imponderables. ¿Estamos listos?
$!El tiempo de los imponderables
Quédate en casa hasta que podamos salir sin peligro de contagio.

Con todos los problemas que se vienen arrastrando desde los intentos humanos de convivencia, la historia se ha dividido en “edades”, que representan a su vez grandes hitos que definieron el pasado y el futuro. Algunas de estas edades se separan por siglos y otras, sobre todo las contemporáneas, se separarán por otro tipo de medidas o hechos que generaron un impacto tan grande que modificaron para siempre nuestra forma de vida.

Al uso de la energía atómica como arma de destrucción masiva le siguen las armas biológicas. Un bichito microscópico, con alta capacidad de transmisión y alta letalidad, puede diezmar la población mundial, eficientemente conectada por aire, mar y tierra, en semanas. Lo que antes solo se leía en libros de ciencia ficción o se escuchaban como teoría conspiracionista, se parece mucho a lo que todavía estamos viviendo.

No hemos resuelto nuestros problemas en este planeta, por mencionar que una gran parte de la población mundial no tiene acceso a agua potable o a alimentos suficientes, pero ya estamos en Marte, pensando en colonizarlo. Estamos viendo cómo cosechar lechugas sin gravedad mientras nuestros vecinos en la tierra se mueren de hambre.

Las plataformas y redes sociales han venido a dar voz a todos. A lo que tienen una opinión y a los que las venden. A los bots. A los que se ofenden por todo y los que ofenden por todo. A los que atacan en grupo, se apandillan y se alegran por haber quitado a otros el derecho a expresarse. Que una red social censure a quien no comulga con mis ideas, se considera una victoria.

La polarización campea en la era de la información. Sobran los datos y faltan los argumentos. No se puede disentir sin insultarse. Una pena, con lo amena que resulta una buena discusión sin que peligren las amistades.

El comercio mundial, ese que te garantiza un paquete de China en 24 horas en la puerta de tu casa, sufrió un golpe inesperado. El imponderable evento de un carguero atravesado en el Canal de Suez retuvo por una semana miles de millones de dólares en todo tipo de commodities y mercancías, provocando serios retrasos en abastecimiento para docenas de países.

Por décadas, salvo una guerra de seis días que lo paralizó por varios años, los cargueros han pasado plácidamente por ese estrecho, hasta que no se pudo y se dispararon las alarmas. El Ever Given, con 400 metros de largo y 200,000 toneladas de peso, se atravesó tan largo era y nos puso a repasar geografía a todo el mundo.

La pandemia del Covid-19 nos mostró que la vida, como la conocíamos, puede cambiar en segundos y que la salud de otros –y la propia– depende de nuestra decisión personal. Usar mascarillas, guardar distancias y mantener la higiene se convirtieron en una barrera contra el virus en lo que llegaba la vacuna.

Mientras tanto, aun vacunados, no estamos a salvo.

Esta columna se publicará en Semana Santa. Lo que resulte en los días subsiguientes –aumento de contagios o de muertes, recrudecimiento de las medidas de emergencia– también va a depender de una decisión que tomemos. ¿Salir y aglomerarnos o esperar un poco más a que una mayor cantidad de personas estén vacunadas para lograr el efecto de rebaño?

Algunos ejemplos que he compartido en este escrito son de imponderables, hechos que suceden de manera inesperada y tienen consecuencias que no se pueden conocer o precisar. El seguir cuidándonos del virus no lo es.

Sé un héroe de tu propia historia. Aguanta un poco más. Quédate en casa hasta que podamos salir sin peligro de contagio.

Mientras tanto, que Dios te bendiga y te guarde. ¡Felices fiestas de resurrección!

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