Mala nota

Al arribar a un año de medidas de emergencia, es preciso sacar cuentas y poner notas
$!Mala nota
Un maestro es esencial en cualquier sociedad y más en emergencia.

A pesar del esfuerzo de muchos, no todos pasaron o aprendieron la lección. Hubo algunos que su único mérito fue enseñar su verdadera naturaleza y quedaron a deber.

El personal de primera línea en el sector salud merece todos los aplausos: médicos, enfermeras, bioanalistas, auxiliares, camilleros, paramédicos, personal de limpieza y administrativo en clínicas y hospitales, quienes trabajaron con todo su corazón para salvar vidas. Muchas veces con lo mínimo, pero siempre con optimismo y profesionalidad, a pesar de que por momentos la batalla parecía perdida.

A las fuerzas del orden también hay que hacerle su pequeña ola. Hay que admitir que hicieron lo mejor que pudieron con lo que tenían a mano frente a una masa insurrecta, que nunca respetó el toque de queda ni las medidas que debían ser para todos. Hay que agradecer la paciencia de algunos jefes, porque la situación en los barrios ameritaba entrar con tanques y no con policías de a pie, por igual hambrientos y hartos de la situación.

Con los negocios hubo un poco de todo. Muchos negocios y emprendimientos legítimos no pudieron sobrevivir, llevándose con ellos los sueños, los ahorros y las economías de muchas familias. El camino hacia la recuperación puede tardar años. Se necesitarán recursos frescos, mucho trabajo y mucha fe.

Pero, así como muchos cerraron, hubo otros negocios que florecieron durante la emergencia. Supermercados, farmacias, laboratorios clínicos, plataformas de deliverys, para mencionar algunos, vivieron sus mejores tiempos con ventas récord. Es cierto que eran “esenciales”, pero no estaban sujetos a regulaciones y nadie les puso freno. Ahora son todo excusas y explicaciones ante la realidad del aumento de precios de muchos artículos y medicamentos y seguimos en pandemia.

Dicho lo anterior, llegamos a las peores notas del ranking. Los que se quemaron sin posibilidad de repetir, a pesar de que les exoneraron las pruebas nacionales, se habló con los papás y se les dieron todos los chances.

Los choferes. Solo conocen una forma de lucha y un único argumento. Cuentan, al parecer, con el beneplácito del gobierno que se las deja pasar todas. Al inicio de la pandemia se les pidió que entendieran lo del distanciamiento social y subieron los precios del pasaje “porque no iban a perder”. Cuando dejaron de darles seguimiento, volvieron a atiborrar a los pasajeros en los vehículos y mantuvieron los precios altos “porque no iban a perder”. La conclusión es que son intocables, a la par que esenciales.

Los profesores. La pandemia lo hizo evidente: no los necesitamos. Si es verdad que se puede dar clases (un éxito dice el ministerio) vía remota, por televisión, radio y WhatsApp, podemos desvincular sin guardar luto a cientos de profesores (ni muerta les llamo maestros), ahorrándonos cientos de millones de pesos.

A veces me pongo a leer el pliego de exigencias que hacen sus dirigentes gremiales y en ninguna mencionan a los estudiantes o la calidad de la docencia o del maestro. Solo quieren más salarios, menos horas de clase, que los vacunen primero y que, si es posible, les paguen sin trabajar. Ojo, que sé que el sistema no funciona, que las escuelas son cascarones y que se hace muy difícil enseñar cuando el estudiante no quiere aprender.

Pero, aun así, duele por lo que representa. Un maestro es esencial en cualquier sociedad y más en emergencia. Debieron ocuparse y preocuparse. En todo este año, no hemos escuchado su voz de alarma, solo sus quejas y exigencias. Esos niños y adolescentes, sus alumnos, han perdido horas de clase que nadie les va a devolver.

Tenemos la asociación de profesores (así en minúscula) que merecemos porque nunca les hemos exigido nada. Hemos delegado en el Ministerio de Educación el tratar con los profesores de nuestros hijos y no nos hemos involucrado. Este es el resultado.

Penosamente, los profesores se quemaron, no dieron la talla y no dieron la nota en esta pandemia. Cuando volvamos a la normalidad, y cuando ya no queden razones para quedarse en casa, ¿cuál va a ser la excusa para no volver a las aulas?

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