Porque son cosas para mujeres...

A veces siento que las mujeres nos estamos desgastando, peleando por derechos que ya tenemos y hemos dado la espalda a otros derechos que no tenemos, como pagar lo mismo por productos que funcionan igual para hembras y varones
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Algunos productos cuestan más porque son “cosas para mujeres”.

El otro día casi tropiezo con el carrito en el supermercado. En la góndola de artículos de higiene íntima femenina, unos flamencos con piña llamaron mi atención. Como no es usual encontrar animales entre toallas sanitarias y jabones, me detuve a observar. Mis ojos no me engañaron. Efectivamente estaba viendo flamencos y piñas en un protector de ropa interior femenina. Inmediatamente me pregunté: “Mimisma, ¿te gustaría que tus partes íntimas olieran a flamenco mojado o a piña colada?”. Mimisma contestó con una carcajada. Me encantaría conocer al creativo o al gerente de esa marca para preguntarle, sin ápice de sarcasmo, qué rayos estaban pensando.

Pero después de un rato y habiendo comentado el tema con media docena de grupos de WhatsApp, me quedé pensando que no es la primera vez que me topo con estupideces de esa índole, con el agravante de que el producto usualmente es más costoso por la “novedad”, que no es otra cosa que el mismo producto con diferente empaque, colores neón u olores tropicales, que aplican para cualquier parte del cuerpo.

Las máquinas de afeitar, los productos para el cabello, para la cara, para la piel, las cremas depiladoras, los desodorantes y un larguísimo etcétera, justifican precios más altos por alguna “cualidad femenina” en el artículo.

En otros países denominan “impuesto rosa” o Pink Tax al costo adicional que se refleja en productos cuando son destinados a mujeres, en especial cuando son funcionalmente idénticos a sus equivalentes destinados a los hombres y, por lo tanto, la diferencia no puede adjudicarse a un mayor costo de producción. En otras palabras, cuestan más porque son “cosas para mujeres”.

Este sobreprecio, muchas veces disfrazado de novedad, puede oscilar entre el 8 y el 48% sobre el mismo producto solo porque el empaque es rosado o especifica un uso femenino. Otro estudio realizado en los Estados Unidos confirma que ese “impuesto” lleva a gastar a las mujeres casi US$1,400 dólares adicionales cada año. Un verdadero escándalo o un filón mercadológico importante, según como se vea.

A veces siento que las mujeres nos estamos desgastando, peleando por derechos que ya tenemos y hemos dado la espalda a otros derechos que no tenemos, como pagar lo mismo por productos que funcionan igual para hembras y varones y que representan miles de pesos al año que bien podemos ahorrarnos, o exigir que se revise el ITBIS a productos de higiene íntima que utiliza el 50% de la población por al menos 30 años de su vida.

Nosotras somos cuatro hermanas y Dios me bendijo con dos hijas, ya mayores de edad. Tengo más sobrinas. Si me pongo a sacar cuentas de los impuestos que mi familia ha pagado solo por toallas sanitarias, sin contar otros artículos de higiene, hemos hecho rico al Estado y al dueño de la marca. Y son productos de primera necesidad, eso no se discute. Y son caros.

En los barrios y los campos de nuestro país, muy posiblemente, miles de niñas y adolescentes pasan las de Caín y sufren vergüenza porque no pueden adquirir estos productos básicos para mantenerse cómodas y seguras durante sus periodos menstruales. Entre el arroz que les llena la barriga y una toalla sanitaria, porque no hay para más nada, ¿cuál usted cree que sea la elección?

¿Por qué en lugar de pretender legislar, sometiendo proyectos de ley para declarar de urgencia el día de la arepa dulce, una o un congresista no se casa con la gloria y busca desmontar esta injusticia? Los productos de higiene, masculinos, femeninos o neutros, no deben llevar ITBIS porque son productos de primera necesidad y, en algunos casos, hasta de salud pública.

Si quieren un tema para sonar en redes, o para hablar duro en el hemiciclo, les dejo uno. ¡Estaremos pendientes!

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