Ruido, mucho ruido

De repente todos en la sociedad se dieron cuenta de que tenían algo que decir
$!Ruido, mucho ruido
Vivimos en un constante bombardeo de informaciones que llegan de todas las áreas sociales.

Los dominicanos somos bullosos. Somos sociales, caneros y ruidosos, de eso no hay ninguna duda. Pero últimamente hay más ruido de la cuenta, y no tiene que ver necesariamente con sonido o música alta. Me explico:

Hay mucho ruido en el gobierno: Muchas informaciones, muchos voceros, muchas ruedas de prensa, muchas presentaciones. No se le da tiempo al ciudadano de sentarse a analizar si todo eso es posible, si es realmente necesario u oportuno, si alguien lleva una agenda de prioridades, si hay dinero para tanto invento, o si no es más que bulto para mantener un pueblo embullado mientras todo sube de precio.

Mucho ruido en las redes sociales: de buenas a primeras, todos tenemos algo qué decir, aunque no conozcamos el tema y no entendamos reglas de urbanidad. Las redes sociales se han convertido en un vertedero de amarguras, dejando poco espacio para el debate, para el intercambio de ideas divergentes con un mínimo de respeto y sentido común. Deja qué pensar que los más furibundos en sus posiciones son los más proclives a la ofensa si los contradices. Nada, que hay que tolerarlo porque estamos en democracia, aunque siempre se tiene la opción de dejar de seguir o elegir mejores cuentas con las que interactuar. Las redes son un mundo paralelo, aunque virtual y muy, muy ruidoso.

Mucho ruido en las noticias. Lo importante es que lo digas primero, no que lo que digas sea verdad, o real, si a eso vamos. Todo el que tiene un celular es reportero y todo el que tiene una opinión, comunicador o periodista. Abundan los fake news, las verdades a medias, las mentiras totales y mucha desinformación. La dignidad y la reputación de las personas – vivas o muertas – no importan tanto mientras la información reciba likes, se haga viral o pueda monetizarse.

Mucho ruido en la justicia: abundan los jueces, los abogados, los fiscales y hasta los acusados mediáticos. La causa no se presenta ante un tribunal de justicia, sino que todo tiene que dilucidarse frente a los medios para que el “juicio” ocurra fuera de los ámbitos que establece la Ley. La gente tiene culpables favoritos, por lo que a veces no entiende las decisiones de los jueces, ni el histrionismo del abogado de una causa que sabe perdida. Entre reenvíos, declaraciones apocalípticas, victimismo y show mediático, seguimos esperando que se dejen de anuncios y que comiencen a demostrar cada posición con expedientes y pruebas bien estructurados. Merecemos justicia, no más ruido.

Mucho ruido en las calles: el COVID-19 llegó para quedarse y con cada día que pasa la economía se resiente más. La extenuación y el cansancio por las medidas y el escaso resultado se siente en todas partes. No queda mucho espacio para la paciencia. Los niños con la escuela en la casa, los padres con los trabajos y la escuela en la casa. Relaciones que no aguantan tanto roce y llegan al maltrato emocional, físico, psicológico. Vecinos con la música altísima, gente que no respeta y que mata por un rayoncito en el carro. No podemos calmarnos, ni respirar porque hay mucho ruido. Un ruido peligroso al que hay que ponerle atención.

Mucho ruido en la cabeza: los consultorios de psicólogos y siquiatras al explotar. Emergencias saturadas de dolores en el pecho, ardor en el estómago, presión por las nubes, azúcar disparada. Cardiólogos e internistas recibiendo pacientes que están somatizando la perenne ansiedad que estamos viviendo. Las secuelas mentales serán la peor herencia de este virus que hemos permitido que se quede entre nosotros. ¿Quién puede callar esas voces?

Necesitamos vivir sin tanto ruido que nos enferma y nos está matando. Necesitamos calmarnos, respirar, reenfocarnos. Poner la mirada en el futuro y hacer planes. Necesitamos comenzar de nuevo. Desde cero, preferiblemente.

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