Una Navidad para celebrar, a pesar de todo

Esta Navidad nos invita a un tipo de celebración especial, a volver a lo básico, a los orígenes, al verdadero significado
$!Una Navidad para celebrar, a pesar de todo
La vida sigue y, a pesar de la tristeza que se lleva a cuestas, hay que seguir caminando, recordando tantas razones por las que dar gracias.

A mi familia, como a otras tantas, en este año tan aciago nos ha tocado la muerte de cerca. Tan cerca que se llevó el tronco de nuestra familia en tan solo cuatro días, a principios de este mes, cuando estábamos planificando su cumpleaños. Dios quiso que el día de su muerte coincidiera con el de su natalicio para que siempre tuviéramos que recordarlo con una sonrisa.

No quiero que piensen que este es un escrito triste. Para nada. Como familia, estamos muy agradecidas con Dios por habernos dado el privilegio de haberlo tenido como esposo, padre, abuelo, tío por 72 años y haberlo podido compartir diariamente con tanta gente, que en los pocos días de su enfermedad y de su posterior fallecimiento, se unió a nosotros en oración y duelo. No tenemos palabras para agradecer tanto apoyo y solidaridad.

Pero la vida sigue. Y a pesar de la tristeza que se lleva a cuestas, hay que seguir caminando, recordando tantas razones por las que dar gracias.

Esta Navidad nos invita a un tipo de celebración especial, a volver a lo básico, a los orígenes, al verdadero significado. Se trata de recordar el amor más puro, el sentimiento más noble. Es un tiempo que nos llama a compartir con aquellos con quienes más cerca debemos estar, sin olvidarnos de los demás.

Esta Navidad la pomposidad de la mesa pierde significado ante la realidad de que muchos han perdido sus trabajos y sus medios de sustento por lo que, haciendo malabares para quedar bien, están estirando el peso para compartir la cena de Nochebuena en familia. Porque no se trata de pollo o pavo, sino de estar juntos.

Esta Navidad el costo y la cantidad de los regalos pierde importancia ante el hecho de que abrazarnos está casi prohibido. ¿Cuántos no cambiaríamos todo lo que nos puedan regalar por pasar un minuto más con los que ya no están entre nosotros? Ahí es cuando verdaderamente aquilatamos la diferencia entre el costo y el valor de las cosas y los momentos.

Esta Navidad las fiestas dejaron de ser importantes porque el tiempo apremia y la Ley se cumple, aunque en esta granja, decía Orwell, “algunos animales son más iguales que otros” y los ejemplos sobran.

Si usted se siente solo y triste, si piensa que la Navidad no volverá a ser la misma gracias a este Coronavirus que nos impone nuevas normas y nos ha separado de tanta gente querida, sepa que no es el único. Pero no permita que esos sentimientos -válidos, sinceros y legítimos- le roben el gozo en su corazón y la oportunidad de dar y de agradecer.

Agradezca por su salud y por la de los suyos. Porque tiene la oportunidad de ver otra Navidad, en la condición que sea. Ya vendrán tiempos mejores. Agradezca la comida que tiene en su mesa, que tiene hambre para comérsela y personas con quien compartirla. Mi lista es larga, haga la suya.

Siempre tendremos razones para agradecer y siempre tendremos algo para dar. Piense que hay gente que la está pasando peor y que necesita un plato de comida, una llamada cariñosa o un poco de aliento. No permita que el Covid le robe la oportunidad de ser y estar para alguien y transformar su vida, aun dentro del respeto a las normas del distanciamiento.

No permita que el virus le robe la Navidad, esa que anuncia que Jesús nació por nosotros. Que los mejores sentimientos de paz, unión, gozo, solidaridad y generosidad abunden en su corazón y permanezcan en su familia. De eso es que realmente se trata.

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