(Foto: Shutterstock)
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¿Y entonces? ¿A quién le confío mis listas?

Por|| 17 JUN 2018, 12:00 AM

Spotify y los servicios musicales de Amazon, Apple y Youtube se disputan el mercado de las reproducciones de pago a la carta.

Olvídense. Abandonen el debate. No es verdad, ninguno de ustedes prima ya el uso de reproductores analógicos sobre los digitales a la hora de escuchar música. Ni siquiera los melómanos esquivan (esquivamos, vaya) la música comprimida, hasta el punto de que nuestros oídos se han acostumbrado a perder variables por arriba y por abajo de las notas: es el pago tolerado por la facilidad de acceso, por escuchar esa canción que necesitas a la voz de ‘ya’, apenas diez segundos después de pensar en ella. Este, empero, no es el debate que nos ocupa hoy. Puestos a elegir un proveedor-ventana por el que asomarnos al insondable universo de la música grabada, puestos a hacerlo por módicos pagos mensuales que eliminen los engorrosos insertos publicitarios y (en teoría) mejoren la calidad del sonido, la cuestión es elegir ‘veneno’, determinar con qué herramienta vamos a sostener nuestra adicción. Cuatro variables se alzan actualmente sobre el resto: Spotify, Amazon Music, Apple Music y Youtube Music. Tidal y Pandora, que nacieron con hechuras grandes, quedaron ligeramente atrás o retrasaron demasiado su expansión global.

Youtube Music acaba de emerger como servicio, pero se le adivina el potencial. No obstante, tendrá que picar fuerte el paso para alcanzar las cifras de suscriptores que exhiben sus rivales: 75 millones en Spotify, 50 en Apple Music y los millonarios (aunque secretos) afines a Amazon Music. ¿Cómo y por qué elegir, entonces, teniendo en cuenta que optar por más de un servicio remunerado no parece la idea más inteligente?

Vamos por partes, y no, no voy a hacer la broma con Jack the Ripper:

Spotify. Es el más fácil de usar, los huecos en su catálogo se han ido llenando, tiene 20 millones de canciones y sus listas, talladas a imagen y semejanza de los usuarios que acceden a la entrega de datos para alimentar el algoritmo de turno, llegan más lejos de lo esperado en profundidad y riesgo. Oferta en muchas ocasiones suscripciones de tres meses a precios muy reducidos, tiene tarifa especial para estudiantes y sus acuerdos con otros servicios (Hulu, por ejemplo) optimizan la inversión.

Apple Music. Como casi todo lo que hizo Steve Jobs, asusta por su precisión. Aquí el papel del algoritmo es mucho más simple en el concepto (aprende con tus escuchas, y te sugiere cosas a partir de esta información) y completo en el despliegue, ya que mezcla artistas selectos y los referentes de esos artistas en sugerencias encadenadas. Esto es, si te gusta Wolfmother te llevará a Led Zeppelin pero no osará la deriva hacia Lenny Kravitz, sino que más bien buscará en Robert Johnson: ‘deeper’, a la esencia. Ideal, por tanto, para melómanos. El problema: lógicamente, es más funcional con los aparatos Apple, y usarlo en otras marcas hace perder algunos ‘features’.

Amazon Music. El motor de búsquedas es bastante más restrictivo que el de su dos competidoras principales, aunque la amplitud del catálogo es muy similar. Ofrece el mejor precio (8 dólares al mes en vez de 10) si ya eres Amazon Prime.

Youtube Music. Imbatible en la oferta: a las canciones de estudio, los ‘live’ y las rarezas añaden las presentaciones televisivas, las versiones más variopintas... una barbaridad. En cuanto a la precisión de las recomendaciones, está basada (a no ser que hayas deshabilitado la opción) en tus búsquedas de Youtube regular y Google. Al estar recién salido de la incubadora, el proyecto tiene un amplio margen de mejora.

Conclusión personal: a pesar de lo que me irrita su minúsculo pago a los artistas por cada reproducción –Youtube lo mejora un poco: no mucho– me quedo con Spotify como usuario. Nos conocemos desde hace tiempo, nos respetamos, siempre me sorprende con regalos inesperados cuando llego a casa o me marcho de viaje, sabe lo que me gusta y cómo me gusta... y en la vida llega un punto en el que resulta casi ridículo dar explicaciones por el modo en que satisfaces tus preferencias artísticas. Incluso el adjetivo ‘artísticas’ sobra en esta reflexión, ¿no creen? l


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