Sin complejos

Merecido homenaje

Por|| 20 MAY 2017, 12:00 AM
Merecido homenaje

Si pensáramos en una profesión que consumiera todo el tiempo, todas las emociones, todo el corazón, seguro que a muchos nos llegaría a la mente la palabra “maternidad”.

Aunque muchas deciden cuándo ser madres y entienden que están “preparadas” para serlo, lo cierto es que no hay entrenamiento posible que garantice el éxito en el desarrollo de una tarea donde todo es desconocido y cuya gestión no tiene fecha de vencimiento. Es bien sabido que cada criatura viene con un librito muy particular debajo del brazo y su propia personalidad, que no tiene que ver con nada que hayamos visto o experimentado.

Otros muchos casos de embarazos, lamentablemente, no son planificados, bien pensados o muy queridos. Hay madres que lo son por imposición y otras que deciden serlo incluso fuera de su cuerpo. Hay tantas madres como hijos sobre la tierra.

Y porque hay tantas, sobran razones para homenajes y faltan días para celebrar.

Quisiera que este “sin complejos” fuera un homenaje muy particular a “todas las madres de la creación”, sin considerar un día del año, ni regalos muy caros o necesarios como un juego de ollas o una mecedora para ver la novela.

Quisiera que fuera un homenaje a las madres guerreras, a aquellas que por muchas razones han emprendido una lucha en solitario que estratégicamente fue diseñada para dos. Deben hacer por dos, pensar por dos, vigilar por dos, trabajar por dos... y están solas. Esas que nunca reciben un reconocimiento público porque su mayor triunfo está en unas buenas notas, hijos agradecidos e intentar llegar a fin de mes sin tener que empeñar su honra.

Quisiera que fuera un homenaje a las madres que han visto emigrar en busca de “mejor vida” a la mayor parte de sus hijos y han asumido la crianza de los nietos sin quejarse. Comenzar de nuevo con las fuerzas menguadas, pero con la esperanza de que sus hijos (los verdaderos, los que se fueron) algún día regresarán con algo más que ropa sucia y sueños destrozados.

Quisiera que fuera un homenaje a las madres que, resistiendo toda presión del “medio”, han colgado en la pared su título profesional y han decidido quedarse en casa y asumir la carrera más difícil de todas, donde las materias no cuadran y el pensum no termina: licenciatura en crianza con maestría en paciencia y doctorado en ciencias de la alimentación saludable.

Quisiera que fuera un homenaje a las madres de corazón, hayan tenido o no hijos propios. Aquellas que sacan mucho de su tiempo para ir en auxilio de niños que no tienen a quien llamar “mamá”, pero que están ávidos de recibir tiempo, cariño y consejo y ellas tienen en abundancia.

Quisiera que fuera un homenaje a las madres que perdieron horas de sueño para regalarte una más a ti, que te levantaste y encontraste que la ropa estaba planchada, que el café estaba puesto y el desayuno listo. Aquella que, aun seas adulto, no vacila en salir a defenderte. O en darte un merecido “cocotazo”. Aquellas que muerden el polvo de la vergüenza cuando ve a alguno de sus hijos en malos caminos, sabiendo que hicieron todo lo posible por evitarlo.

Quisiera que fuera un homenaje a las madres que ya no están físicamente, pero que su recuerdo pesa más que el aire. Aquella que “escuchas” alto y claro cuando tienes que tomar una decisión que puede comprometerte. Aquella a la que le guardas un puesto en la mesa aunque ya no esté para comer contigo.

Este “sin complejos” es un homenaje a las madres que saben que no hay dinero en el mundo para pagarles, pero que se conforman con un beso, un abrazo y un te quiero.

Ilustración: Ramón L. Sandoval

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