Señales del síndrome de Ulises que afecta a muchos inmigrantes

Las oleadas inmigratorias son características de los tiempos difíciles. La gente escapa de sus países natales y deja todo detrás en búsqueda de nuevas oportunidades. Es un sacrificio enorme, desde luego, pero muchas veces necesario para sobrevivir situaciones adversas. El siglo pasado, por ejemplo, la segunda posguerra trajo a América Latina cientos de miles de emigrantes provenientes de Europa (sobre todo de Italia y España).
¿Pero qué ocurre ahora? Hace ya varios años que algunos países comenzaron a recibir inmigrantes de Asia occidental y algunas partes de África. En general, los focos receptores más importantes son, de acuerdo a los datos provistos por la ACNUR, Turquía, Pakistán y Uganda, aunque también se han instalado en Alemania, Francia e Italia en menor medida. Y por supuesto, dentro de América misma vivimos de cerca casos de emigraciones. En estos casos todos lo hacen forzadamente por los diversos problemas que afectan a su región de origen, y eso, sumado al peligroso viaje que deben hacer para encontrar un refugio, puede ocasionar grandes traumas... ¿Y cómo no?

El Síndrome de Ulises es precisamente un cuadro psicológico que hace referencia a un estado de estrés crónico y múltiple que padecen los emigrantes luego de atravesar situaciones extremas. En un mundo en el que más de 70 millones de personas debieron abandonar el hogar por culpa de conflictos y la persecución no es raro encontrarse con este síndrome.
¿De dónde viene el nombre?
Ulises es el protagonista de La Odisea, una peripecia antigua escrita o narrada por Homero, el aeda griego del momento. Su historia comienza en su patria, Ítaca, que deja por cuestiones de héroes míticos. En el medio del viaje mete la pata con un cíclope y eso hace que Poseidón, dios de los mares y padre de los cíclopes, se enoje. Como castigo, Poseidón demora su regreso y lo somete a él y su tripulación a muchas penurias, desde Circe a las sirenas, de todo.
La analogía está clara: la travesía a la que se enfrentan los migrantes no es nada menos que una peripecia. Muchos se han embarcado en una aventura (algunos literalmente) a la que no todos sobreviven.
Síntomas y causas
Los principales signos que manifiestan quienes sufren de este cuadro son depresión, ansiedad, disociación (sentimiento de separación entre lo físico y lo mental) y en algunos casos trastornos psicosomáticos (es decir, síntomas que nacen en la psiquis pero se manifiestan físicamente). En cuanto a la depresión, es común que se sientan profundamente tristes, lo que puede estar asociado a la idea del fracaso, la culpa, la baja autoestima o al sin-sentido de la vida, una suerte de estancamiento emocional y personal. La ansiedad, a su vez, deviene en otras complicaciones como el insomnio, la tensión constante o la irritabilidad.
En lo referido a las causas, no sólo se trata de extrañar. La vida en los lugares receptores no es sencilla y también se debe luchar ferozmente en el día a día, sobre todo en el aspecto económico y social (el racismo está a la orden del día). Además, adaptarse a una vida nueva es todo un desafío y aquí entra en juego la frustración: entrar en el mercado laboral es complicado; la asistencia médica y de servicios básicos no siempre está garantizada; el temor a represalias judiciales nacidas en un contexto de discriminación no es cosa rara... en fin, abandonar el mundo como lo conocían es duro.

Importantísimo:
Si bien la voluntad de salir adelante es admirable, nada de esto debe romantizarse. Las migraciones son una muestra de valentía, sí, pero no corresponde asociar su idea a algo poético, y el Síndrome de Ulises es un tema serio que amerita tratamiento.
Estamos frente a una crisis humanitaria que debe ser escuchada. La gente muere intentando escapar, ¿o es que acaso no recuerdas aquella foto de Alan en la playa de Grecia?
De todos modos, para quitarse el gusto amargo, debes recordar que al menos hay ayuda humanitaria. Quizá no sea suficiente, pero muchas personas de verdad se preocupan; la empatía es un gran tesoro que no debe ser menospreciado.

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