París nos viste de otoño
PARÍS. Si el desfile es una demostración de poder, Karl Lagerfeld es el más poderoso de los diseñadores de París. Cada seis meses traslada a los invitados al Grand Palais a un escenario tan chocante como efectivo: un concierto, un bazar oriental, un supermercado o una manifestación feminista.. ahora tocó comer en la "Braserie Gabrielle".
"Quería algo muy, muy francés y ¿qué es más francés que una 'brasserie'?", explicó el kaiser de la moda, que convirtió los delantales de camareros en faldas y los bolsos de las modelos en platos.
Lagerfeld y sus chaquetas
Los invitados, dispuestos en mesas, pudieron tomar café, zumo, huecos cocidos y leer la prensa internacional, mientras veían pasar voluminosos abrigos acolchados, hechos con técnica origami, y parkas bordadas con brillos, que exhalaban aires de "sport" refinado.
Clásicas faldas de tubo en tweed, las emblemáticas chaquetas de la casa, y prendas inspiradas en las pajaritas de los "maîtres" y telas en cuadros rojos y negros, tomados de la mantelería, quieren conquistar el armario de mujeres de gustos clásicos, que se niega a perder el ritmo de la actualidad.
Lagerfeld trasladó con esta puesta en escena "una visión idealizada de un París actual". "He querido exagerarlo para calmar el 'French bashing' (ensañamiento con Francia)", aseguró Lagerfeld tras la barra. Y muy probablemente, lo consiguió.

Louis Voiton se asienta
Si Marc Jacobs puso patas arriba el buque del conglomerado del lujo LVMH y lo reinventó con cada desfile, Ghesquière lo ha embarcado en un viaje hacia el futuro. A costa de revitalizar patrones antiguos, como el de las medievales mangas abullonadas que, gracias a su combinación con corpiños de cremallera y con partes de abajo de cuero rockero, desempolvaron siglos de historia.
El "must" del próximo otoño-invierno es la minifalda recta, pero no ajustada, y la textura el tono metalizado, un tándem al que añade una alta dosis de piel, blanco roto y aspiraciones futuristas que ha conseguido convencer a los escépticos de sus primeros desfiles.
Como declaración de intenciones, la primera salida de la danesa Freja Beha Erichsen que, envuelta en un enorme abrigo de pelo blanco, ataviada con un bolso-caja demostró que el suyo es un cliente del lujo.
El estampado de leopardo, un invitado poco habitual en la propuesta Vuitton, contó en esta ocasión con numerosas salidas, en una cita que tampoco quiso perderse su característico 'print' damero.
Valentino se ríe de la moda
La centenaria, sobria y clásica casa Valentino fue, contra todo pronóstico, el encargado de poner la nota de humor a la semana de la moda de París.

Los actores Ben Stiller y Owen Wilson se subieron a la pasarela para lucir los diseños de la firma, en la piel de sus alteregos de "Zoolander", la más extravagante parodia del mundo de la moda.
A esta aparición le siguió una serie de contundentes juegos de geometrías y estampados caleidoscópicos, en binomio blanco y negro, coloridos mosaicos y "guipur". Tablero, rayas y triángulos, abrazaron el cuerpo de las modelos con vestidos hasta la rodilla, pantalones anchos y ceñidos a la cintura.
Las pieles en su formato más atrevido vino de la mano de una serie de sinuosos abrigos de tosco patrón, que entraron en contienda con volantes plisados de tul, que forraron vestidos semitransparentes y brotaron de las mangas y los bajos.
Cabe destacar la tupida selva de rinocerontes, jirafas y leones de un vestido, o los curiosos estampados de los protagonistas dfe "Zoolander" en Ben Stiller, con un abrigo con mariposas, y en Owen Wilson con un traje estampado con figuras humanas.
YSL se pasa al punk
Primero fue "grunge", más tarde quiso ser "hippy", y ahora, Hedi Slimane, el modisto de incorruptible alma rockera, envolvió Saint Laurent en un halo de estética "punk", que puso el broche de oro a la Semana de la Moda de París.
Cuero negro a raudales, medias rotas y ojos ahumados, son los ejes maestros de las propuestas del diseñador franco-italo-tunecino, que no ceja en su empeño de trasladar la clásica casa francesa a un universo musical, y tampoco, de suscitar críticas por ello.
Vestidos de cortes cuidados, largos muy cortos y escotes imposibles, teñidos con "glitter", tonos metalizados, y negro, dieron paso a estampados animales de leopardo y tigre, como nota discordante.
El cuero negro sirvió a Slimane como comodín: de minifaldas ajustadas con un toque de sensualidad, a pantalones con hendiduras canallas y, por supuesto, la chaqueta "biker" o "perfecto".
Esta propuesta aparentemente subversiva, estuvo jalonada por inocentes vestidos de muñeca, hechos en tul, teñidos de cándidos tonos y estampados con lunares; algún lazo aquí y allá, ya fuese de forma discreta en un cinturón, o con un inmenso volumen en un hombro.
Las prendas de abrigo, una de las señas de identidad del Saint Laurent desde que Slimane tomó sus riendas, adquieren esta temporada la responsabilidad del color, como quedó patente en un "patchwork" que combinó azul eléctrico, violeta, rojo, blanco, amarillo y el leopardo. Todo es poco.
Elie Saab cambia de tercio
Conocido por su dominio del vestido de noche de estética princesa, el modisto libanés Elie Saab cambia de dirección la próxima temporada con piezas de estética sobria, ligeramente militar y gótica, en el que la pedrería de muselinas y el traje de noche, se ven sustituidos por un repertorio de materiales rudos.
Gris cemento, verde militar, negro petróleo, con alguna concesión al turquesa, sirvió de tapiz para apliques metálicos, botones dorados y largas cremalleras, que reforzaron la dureza de un repertorio que incorporó "tweed", cuero y piel.
Por si fuera poco, el tema "Sweet Dreams" de Marilyn Manson, acompañó el paso de las modelos con sinuosas faldas de largo midi, monos, abrigos y trajes de cóctel.
La última parte estuvo, eso sí, dedicada a sus incondicionales, vestidos largos y fluidos hasta los pies, armados con delicados encajes y alguna concesión a la pedrería, aunque menor que en anteriores ocasiones.
Diario Libre




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