Tom Hanks: “Es difícil ver una película mía más de una vez”

En un mundo de Hollywood donde las estrellas no sobreviven al éxito, Tom Hanks supo conservar el prestigio y la fama a lo largo de tres décadas. Solo hay que mirar el presente, donde hoy mismo prepara la vuelta del ‘animado’ rol de Woody en una cuarta película de ‘Toy Story’ (para el 2018), después de haber producido también la segunda película de ‘My Big Fat Greek Weeding’, además de estrenar tres superproducciones de Hollywood, en menos de seis meses: ‘A Hologram For the King’, ‘Sully’ y la continuación de ‘Código Da Vinci’ con la película ‘Inferno’. Y mientras disfruta tanto éxito en el presente, se sentó a hablar abiertamente del principio de aquel éxito, en su pasado.
- ¿Cómo fue que se decidió por la actuación como una forma de vida?
- Yo no sabía que podía ganarme la vida como actor. Cuando terminé con al escuela secundaria y entré a la Universidad, San Francisco era una ciudad muy buena con el teatro. Tienen el Conservatorio Americano, El Teatro de Repertorio de Berkeley, la Compañía de Teatro de Berkeley. Y en la Universidad, yo empecé a tomar unas clases solo porque me daban crédito extra si iba al teatro. Pero hasta ese entonces, yo pensaba que el teatro era algo que de vez en cuando se hacía en grupo para la escuela pública o algún parque. Y cuando me di cuenta que podía ser un trabajo, empecé a estudiar teatro en la única avenida que estaba abierta en el Junior College y el State College local.
- ¿Se acuerda la primera película que vio en su vida?
- Sí y puedo contarte la historia porque es una imagen que todavía me persigue al día de hoy. Con mis hermanos, nos habían dejado en el cine para ver ‘101 Dálmatas’. Yo tenía cuatro años, a lo mejor cinco...Era el momento en que mis padres se preocupaban más por darse cuenta como podían ser ex exposos o conseguir otra persona para casarse. Mi familia era tan poco funcional que un día dijeron “Hoy nuestros hijos van a ir al cine. Hay que llevarlos donde dan ‘101 Dálmatas’.” Pero cuando entramos, nos dimos cuenta que la proyección de ‘101 Dálmatas’ se había levantado el miércoles y el sábado a la tarde daban una película de terror llamada ‘Shriek of Fear’ y el pequeño Tommy Hanks no paraba de gritar “Aaaaaaahhhh!”. Todo lo que me acuerdo es que había gente corriendo por una mansión de terror donde había una piscina con una viejita hundida en su silla, en el fondo. No era exactamente ‘101 Dálmatas’. Esa fue la primera película que me acuerdo de haber visto en un cine. La decisión de ser actor después, debe haber sido un instinto de sobrevivencia (Risas).
- ¿Cuál fue entonces la mejor experiencia con el cine después de aquella mala pasada?
- Cuando mis padres se divorciaron, yo me fui a vivir con mi padre y él me dejaba decidir lo que yo quería hacer. Y empecé a ir al cine todo el tiempo a los 8, 9, 10 y 11 años. Iba a ver películas que ni siquiera eran para mi edad. Eran todas historias sobre adultos, para adultos, en lugares de adultos. Iba solo al Cine de Alameda a ver ‘Ship of Fools’ con Michael Dunn. Vi a Sean Connery en ‘The Hills’, que me parece que trataba sobre un campo de prisioneros de guerra. Vi pasar por mis ojos la cultura del cine de la década del ´60, pero tampoco eran grandes producciones. Siempre eran películas de adultos que yo ni siquiera entendía, pero sabía que eran importantes y quería sentirme involucrado

- ¿Se aprende mejor en cine con las buenas o las peores experiencias?
- Las malas experiencias siempre les ganan a las mejores, todo el tiempo. Para empezar, es muy difícil ver una película mía más de una vez, porque no hay nada que vaya a cambiar. Los tiempos son los mismos, la música llega al mismo momento y el feo corte de pelo sigue estando feo después de dos horas. Pero en todas las películas siempre vas a encontrar lo mismo: trabajo duro, suerte ciega, un compromiso amargo, frustraciones y una loca bendición que me sonríe en cierto momento. Ese es el Factor X que marca si a alguien le va a interesar ver una de mis películas realmente.
- ¿Algún ejemplo de una mala experiencia que terminó siendo buena?
- Ok... En el rodaje de ‘Forrest Gump’, la clásica escena del principio, en verdad estábamos sentados en un banco del parque de Savannah, Georgia, tratando de ver que íbamos a hacer después. Nos la pasamos cambiando a los actores y no sabíamos si íbamos a dejar la parte de la mujer que se sienta en el banco. Y yo le pregunté a Robert Zemeckis si alguien le iba a interesar quien se iba a sentar en el parque y ni él tenía la respuesta “El cine es un campo de minas”, me dijo (Risas). Y cuando algo así funciona tan bien, decimos que pudimos evitar una de las minas (Risas). Estudiar los errores también es muy duro, porque duele muchísimo. Pero cuando te aseguras que pasen desapercibidos sin dejar rastros, es posible ver la marca del éxito o la suerte que uno puede tener en el trabajo, con la alianza de una historia que termina funcionando.
- ¿Y cómo hace para no repetir dos veces el mismo error?
- Lo importante es entrar en un rodaje cuestionando lo suficiente como para no afirmar con toda confianza y sin ninguna duda, lo que va a pasar en cada escena. Hay que tener confianza en el proceso, con la esperanza de que funcionen las alianzas que uno acuerda con el material que cambia constantemente. Cuando se pierde esa confianza, estás perdido. Con Captain Philips pensábamos que todos los malos de una película tienen que tener dientes feos, pero es imposible hacer que todos los villanos tengan dientes feos. Por eso, es imposible codificar todas las lecciones que uno aprende.
- ¿Qué lo mantuvo en aquellos días, al principio de su carrera, cuando las cosas no funcionaba tan bien como hoy?
- Este mundo nos divide en dos grupos muy distintos entre aquellos que son muy conscientes de lo que hacen y nunca van a hacer actores y aquellos que pudieron vencerle a la conciencia y que pueden llegar a ser actores. Esa mitad del mundo, también se puede dividir con aquellos que perseveran en lo que quieren hacer y aquellos que no soportan el rechazo y abandonan la actuación. Por eso es tan importante insistir, porque en algún momento alguien va a necesitar alguien como uno que te llame y diga “Sé que solo es un restaurante teatro y queda en Chatsworth, pero creo que estarías perfecto en este rol. ¿Vendrías a interpretar uno de las palomas de ‘Extraña Pareja’ por 75 dólares a la semana?” Y cuando entras, aunque no hayas ganado lo suficiente, a lo mejor en la sala hay alguien que trabaja con Steven Spielberg, que a lo mejor lo llevaron a la fuerza hasta Chatsworth, pero a lo mejor al día siguiente le dice a Spielberg “Vi a alguien en el rol de una paloma que sería perfecta para uno de los roles chiquitos de Zorro”... Y justo cuando estabas a punto de renunciar a todo, cuando querías buscar otro trabajo con una entrada mucho más estable, a la semana siguiente podrías estar probándote el vestuario para un personaje del Zorro. Es duro. Las estadísticas nunca favorecen a los actores, de ninguna manera. Pero para aquellos que logran mantener la creatividad, hoy existen medios como Internet, donde si alguien es lo suficientemente bueno, siempre va a ver alguien que te llame. Hay que ser perseverante. Y honestamente, en ciertas ocasiones hay que entender que no siempre vas a ganar lo suficiente como para arreglar el auto. (Risas) Pero no hay nada que puedas hacer en ese sentido.

- ¿En qué momento de su carrera se dio cuenta que usted realmente podía hacer las películas que quería hacer?- Diría que fue después de filmar ‘Apollo 13´ que fue un trabajo apasionante para mi, por toda la investigación que hice y la gente con la que hablé. Gente que fue a la luna o estaba involucrada con la gente que llegó. Lo curioso es que ni siquiera tocamos la luna, en la película y por eso fui a ver a los amigos de HBO para ofrecerles la idea de filmar otras 12 historias en TV sobre el programa espacial de Apollo y los seres humanos que lo consiguieron. Esa fue la primera vez que pensé “No tengo la menor idea como lo voy a hacer, pero ya le voy a encontrar la vuelta”.
- ¿Qué tal fue conocer a los verdaderos astronautas de la NASA?- Eso es otro tema, la gente del programa Apollo son fabulosos seres humanos. Y son los más competitivos que puedas conocer, gente sinvergüenza que de repente se me acercaron a decir “Tom, Tom tengo que decirte que me encantó la película y todo lo que hizo Jim. Jim es muy buen como astronauta, pero Tom... Jim que nunca llegó a la luna consiguió que filmen una película? (Risas) Pero yo aterrice en la luna, Tom. Yo caminé por la luna y nunca filmaron una película con mi historia” (Le cuesta parar de reir).
- ¿Entre todos los personajes que interpretó, con cuál le gustaría salir a tomar una cerveza... juntos?
- Me gusaría dar una vuelta con Charlie Wilson, seguro. Era la persona más fabulosa para salir de fiesta. Era un Sendador de Estados Unidos que se metía desnudo en un spa con strippers de Las Vegas. Yo incluso le pregunté si en ese momento estaba borracho y me confesó que probablemente había tomado todo el día. Y cuando le pregunté si también había consumido cocaína me dijo “Tom, dejame darte mi respuesta. Yo vi la cocaína que me pasó por la nariz en las uñas de una hermosa jovencita, pero no me acuerdo de haber inalado.” (Risas)

- ¿Qué factores toma en cuenta al momento de elegir un nuevo personaje?
- Me tiene que encantar y yo también tengo que querer ver la película. Cuando lees un guion, en cierta forma estás viendo la película en tu cabeza, juzgando si es o no es algo fascinante. A los 30 años, hice muchas películas pésimas sobre el inconsciente que nunca podía acostarse con una mujer o quería acostarse y la vida era lo mejor cuando lo conseguía, hasta que dejaba de acostarse con nadie (Risas). Para ese entonces, yo ya estaba casado, tenía hijos, había experimentado las partes difíciles de la vida y tengo que decir que entonces me di cuenta que tenía que empezar a utilizar, la dificíl palabra “no”. Aunque sea la gente más talentosa y tenga que filmar en Francia, a tiempo para que vuelvan a casa mis hijos, si una película no tiene el fuego suficiente como para quemarme, tengo que decir que no. La extraña lección es que así es como también terminé eligiendo con quien iba a trabajar. Después de decir que sí, solo hay que trabajar, pero decir “no” significa que elijo la clase del estilo de historia que quiero contar y el estilo de personaje que quiero interpretar. Eso es lo que hago.
- ¿Y disfruta cuando tiene que filmar en un escenario lejos de Los Angeles como Italia con ‘Inferno’ o el Medio Oriente con ‘A Hologram For the King’?
- Lo mejor de viajar es el plato glamoroso que te entregan. Te dan lo que llaman ‘Per Diem’. ¿Sabes lo que es? ‘Per Diem’ son 800 dólares en efectivo, que te dan en un sobrecito para gastar en una semana. En las dos primeras películas que filmé en Nueva York, Toronto y Atlanta, llegué a poner en fila los billetes de 20 dólares en mi cama gritándo “Mira, mira, es dinero gratis” hasta que por supuesto, me enteré que tenía que pagar la habitación del hotel. No era para nada gratis, después de todo.
- ¿El trabajo que más lo enorgullece, hoy?
- Todos son muy difíciles de ver. Si aparecen en HBO o algo parecido, cambio muy rápido de canal porque todo lo que me acuerdo es lo que pasó el día del rodaje. Pero si tengo que elegir una película que me gusta desde el principio al fin, porque toda mi familia también estaba involucrada, es una película que hice llamada ‘That Thing You Do’, que fue fabulosa. La escena donde la banda escucha su canción en la radio por primera vez... es algo que hasta Bruce Springsteen llego a decirme “A nosotros nos pasó lo mismo. Estábamos en el auto y paramos el auto a un costado de la calle para escucharlo”. ¿Qué más puedo pedir?
Fabián Waintal
Fabián Waintal