|Agricultura|
| 16 AGO 2018, 12:00 AM

En Nigua usan los excrementos de la letrina como abono

De un proyecto implementado hace 10 años en el que se instalaron 35 letrinas aboneras, aún quedan usuarios que reciclan las heces fecales

El obrero David de los Santos deposita excremento en el tronco de una de las plantas del patio de Carmen Bautista.
El obrero David de los Santos deposita excremento en el tronco de una de las plantas del patio de Carmen Bautista.
20180816 https://www.diariolibre.com


NIGUA. “Échale a la mata de guayaba para que se me abone. ¡Ese abono la pone bomba!”, le indicó Carmen Bautista al obrero David de los Santos. El hombre llevaba en una carretilla algo que parecía una tierra negruzca y la acomodaba en los troncos de las plantas que la señora tiene en su patio. En realidad eran los excrementos de la letrina.

La noche anterior Bautista, de 57 años, echó cal viva a una de las dos cámaras de la letrina que ya estaba llena de excrementos humanos y debía ser limpiado. La cal funciona como material secante. Se esperó unas 12 horas a que absorbiera el remanente de humedad de las heces, para entonces extraer la materia fecal y descargarla en la flora del patio.

Investigaciones indican que los desechos humanos son ricos en nitrógeno, fósforo, potasio y otros elementos necesarios para el crecimiento de las plantas. Así como se usa estiércol de animales como abono orgánico, los excrementos se pueden tratar y transformar en fertilizantes naturales para su uso en la agricultura.

La casa de la señora Bautista colinda con otras que están en un amplio terreno donde hay sembrados plantas florales y árboles frutales de mango, limoncillos, guayaba, cereza, guanábanas y otros. Algunas de las viviendas comparten la misma letrina con la familia de Bautista. Al lado del sanitario está la letrina anterior, tradicional. Se ve un hoyo clausurado con un muro bajo en el que se sentaba el usuario.

En Nigua usan los excrementos de la letrina como abono
Carmen Bautista frente a la letrina de su casa, en julio de 2018.

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En Nigua usan los excrementos de la letrina como abono
La letrina que usa la familia de Carmen Bautista está rodeada de plantas florales y frutales.

Todo comenzó entre 2006 y 2008 cuando el Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillado (Inapa) ejecutó, con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), un proyecto en Hato Viejo y Los Amaceyes en el municipio Nigua de la provincia San Cristóbal. Contempló la sustitución de letrinas tradicionales por unas ecológicas o aboneras, de tipo seco, diseñadas para separar la orina de los excrementos y permitir el posterior uso de estos últimos como abono.

“Aquí en Inapa no se construyen letrinas, nosotros hacemos soluciones colectivas”, aclara Esther Reyes, del departamento de Desarrollo Rural de la entidad. “Pero durante programas que hemos tenido internacionales, que piden que sean integrales (agua potable y saneamiento), sí se llegaron a hacer letrinas”.

Y así se instalaron 35 letrinas aboneras en el municipio. Las comunidades se capacitaron para concienciarlas y enseñarles a usarlas. A Bautista le explicaron que debía darle mantenimiento, destapar las cámaras cuando se llenaran y lo extraído abonarlo a las plantas. Por el tratamiento de los excrementos, el olor que emanan cuando se limpia la letrina es similar al del lodo.

“Eso le da vida”, asegura Bautista cuando se le pregunta sobre los efectos que ve en sus plantas cuando les echa el particular abono. “Esas maticas se ponen más verdes, más copiosas, tú las sientes con más fuerza”.

Diario Libre consultó a personal del Departamento de Agricultura Orgánica del Ministerio de Agricultura sobre la práctica. Aunque su subdirector Juan Ramón Rodríguez reconoce que las heces humanas tienen propiedades que ayudan al crecimiento de las plantas, entiende que por su inocuidad puede ser riesgosa para el humano que la manipula, en el sentido de que puede contraer alguna enfermedad proveniente de microorganismos presentes en los excrementos.

“Los estiércoles lo más recomendable es compostarlos, o sea que pasen por un proceso de compostaje, mezclados con tierra con restos de vegetales, y ahí los microorganismos se encargan de trabajarlos, de descomponerlos, y en esa descomposición, en ese proceso, se eleva bastante la temperatura, entonces eso garantiza que cualquier patógeno que haya ahí desaparezca”, explica Rodríguez.

En Haití, desde 2006 se ejecuta un proyecto de transformación de los desechos humanos en compostaje a través de la entidad Sustainable Organic Integrated Livelihoods (SOIL). La organización explica en su página web que el material se vende como abono a agricultores, organizaciones y empresas de ese país para actividades agrícolas y de reforestación. Informa que más de 6,500 personas acceden a unos baños ecológicos que proveen, más de 510 toneladas de residuos se transformaron en compostaje de grado agrícola el año pasado y sobre las 1,000 personas se benefician anualmente de los programas.

A la orina también se le han encontrado propiedades. En los Estados Unidos, el Rich Earth Institute desarrolla desde 2012 ensayos controlados en campos agrícolas utilizando orina humana separada como fertilizante, y opera el primer programa de reciclaje de ese desecho a escala comunitaria en ese país. En su página web promueve la donación de orina y propone la instalación de un inodoro especial para colectarla.

Al preguntarle a Reyes, del Inapa, si se intentó colectar la orina en el país, responde: “Intentamos, pero nadie quiso”. “Intentamos con las heces fecales ahí en Polo, en Barahona, pero la gente la rechazó, me dijeron que ni de caballos ni de gente se podían utilizar para abono”.

La Fundación para el desarrollo de Azua, San Juan y Elías Piña (Fundasep), que construye letrinas en comunidades que carecen de sanitarios, también ha instalado aboneras en lugares donde el agua superficial está cerca. A las personas se les orientó para que aprovecharan los desechos como abono. “Pero la gente todavía no ha asimilado ese proceso”, dice el diácono Juan Boció Cabral. Él entiende que hace falta más educación.

En Nigua usan los excrementos de la letrina como abono

Vivir de los excrementos

La Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (Enhogar 2016) reportó que el 5.1 % de las viviendas encuestadas tenía una letrina con cajón compartido. La de Bautista la usan unas 20 personas.

La periodicidad de la limpieza de una letrina abonera depende de la cantidad de usuarios. El proceso de extracción de los excrementos supone un gasto para las familias pero resulta en fuente de empleo para obreros como De los Santos, el hombre, de 40 años, a quien Bautista le indicaba en cuáles plantas depositar el material. Él también trabaja limpiando pozos sépticos.

“A mi me conviene porque si no se tapa esto prácticamente no como”, dice el padre de cuatro. Su tarifa por limpiar sanitarios puede llegar a los RD$12,000, aunque a sus clientes conocidos -como Bautista- les da un precio más bajo.

“Me siento bien porque es mi dinero que me estoy ganando, ya después de que estoy aquí que voy y me baño, el dinero que me gano aquí y el de un abogado y el de un ingeniero es lo mismito”, afirma De los Santos, quien llegó hasta séptimo grado en la escuela.

En Nigua usan los excrementos de la letrina como abono
David de los Santos extrae los excrementos de la letrina abonera para transportarlos hacia las plantas.

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En Nigua usan los excrementos de la letrina como abono
Así luce una de las cámaras de la letrina abonera. Lo que aparenta lodo, es excremento humano.

De las 35 letrinas aboneras instaladas en Nigua, el dirigente comunitario y exregidor Timoteo Pinales estima que funcionan 28. No se pudo verificar en todas si sus usuarios implementan la técnica del abono. “Conseguimos 35 con los ideales de que venía otro proyecto de algunas más, pero hasta la fecha vamos a tener desde 2008 con esas y no ha aparecido la segunda etapa”, explica.

“Algunas personas sí las usan –dice Reyes-, otras personas no les gustó porque eran letrinas aboneras que separaban las heces y la gente no entendía el concepto por más que se les capacitó. En San Cristóbal funcionaron, pero no en todas partes sucedió así”.

Pinales, quien es vecino de Bautista, tiene en su baño un inodoro con descarga hidráulica y los desechos van a un pozo séptico. Entiende que se debería implementar un proyecto para que sus compueblanos tengan acceso a un sistema sanitario más mejorado ya que la comunidad cuenta con acueducto. Según consultas hechas por Diario Libre, construir un baño convencional oscila entre los RD$50,000 y RD$100,000.

Aunque la señora Bautista ha mantenido las indicaciones del programa y se considera con más conciencia ambiental, no está del todo conforme. Ella quisiera tener un baño convencional pero los ingresos familiares no alcanzan. Además tiene a su madre enferma y debe gastar en su medicación. “Yo lo que quisiera es que eso (la letrina) desaparezca; es la incomodidad, es muy duro uno levantarse de noche (para usarla)”, afirma.

Un proyecto financiado por el Inapa, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Aecid, busca beneficiar a 668 hogares de las comunidades Los Pinos del Edén, en la provincia Independencia; La Lista-El Naranjo, en Barahona, y Las Tres Veredas, en San Cristóbal, con la construcción de soluciones de saneamiento que permitirán la gestión de sistemas para el manejo de las excretas. Se prevé que sea un modelo a replicar en todo el país.

“Esta será la primera vez que comunidades rurales completas van a contar con sistemas modernos de tratamiento de aguas residuales, dejando en el pasado la tristemente célebre y hasta peligrosa letrina”, expresó Melba Segura de Grullón, presidenta de la Fundación Sur Futuro, cuando se inició la fase piloto del programa en octubre de 2017.

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