La caída de Nicolás Maduro, el "presidente obrero" con mano de hierro de Venezuela
Maduro siempre intentó dar una imagen de hombre común, aunque carga a cuestas acusaciones de violaciones de derechos humanos

El presidente Nicolás Maduro bailaba en mítines una música tecno con una frase suya en inglés: "No war, yes peace". Pero Estados Unidos lo capturó junto a su esposa este sábado por orden de Donald Trump tras un bombardeo en varios puntos de Venezuela.
En el palacio de Miraflores se mostraba en son de "paz" durante sus alocuciones. Maduro siempre intentó dar una imagen de hombre común, de "presidente obrero", aunque carga a cuestas acusaciones de violaciones de derechos humanos.
Alto, con espeso bigote, este exchofer de bus y dirigente sindical de 63 años explota los estereotipos de "hombre de pueblo" para su beneficio político.
Le complacía apelar al sentido común, destrozar palabras en inglés, hablar de béisbol o de sus noches de televisión con su esposa Cilia Flores, la "primera combatiente", una exprocuradora omnipresente en la escena política venezolana.
Flores fue además diputada desde el año 2000 hasta convertirse en presidencia de la Asamblea Nacional (2006-2010). De 69 años y muy poderosa tras bastidores, "Cilita", como la llama Maduro, también fue capturada, según anunció Trump.
El paradero de ambos se desconoce después de que Estados Unidos lanzara un "ataque a gran escala" contra Caracas y otras regiones de Venezuela.
Maduro avanzaba en su tercer mandato (2025-2031), con los que hubiera acumulado 18 años en el poder, más que el fallecido Hugo Chávez, que estuvo 14 en el palacio presidencial (1999-2013), y solo superado por el dictador Juan Vicente Gómez, que gobernó por 27 (1908-1935).
Pero la vida de Maduro va mucho más allá del volante del bus que condujo en su juventud. Formado en Cuba, fue parlamentario, canciller y vicepresidente de Chávez. Sus rivales, erróneamente, le subestimaron desde todos los flancos.
Supo eliminar resistencias en el gobernante Partido Socialista de Venezuela (PSUV) y mantuvo a raya, con apoyo militar, a la oposición.
"¡Indestructible!"
Tildado de "dictador" por sus detractores, Maduro fue designado por Chávez como su heredero el 9 de diciembre de 2012, antes de que el entonces presidente viajara a Cuba para tratar un cáncer por el que murió tres meses después. Su "opinión firme, plena como la luna llena", era que su entonces vicepresidente le sucediera.
Durante su gobierno, masivas manifestaciones fueron duramente reprimidas en 2014, 2017 y 2019 por militares y policías, con centenares de muertos.
La Corte Penal Internacional abrió una investigación por crímenes de lesa humanidad.
Maduro maniobró también entre una batería de sanciones internacionales tras su primera reelección en 2018, boicoteada por la oposición y desconocida por medio centenar de países.
Se mantuvo en el cargo a pesar de una crisis económica sin precedentes en esta nación de casi 30 millones de habitantes, con un PIB que se redujo en 80 % en una década y cuatro años seguidos de hiperinflación.
Un fallido gobierno paralelo de la oposición, escándalos de corrupción, denuncias de atentados... y Maduro se vendía "indestructible", como reza el eslogan del dibujo animado de propaganda "Súper Bigote", que lo muestra en la TV estatal como un superhéroe que combate monstruos y villanos enviados por Estados Unidos y la oposición venezolana.
"Realpolitik"
Contó con el respaldo de los militares y los cuerpos de seguridad, entre denuncias de detenciones arbitrarias, juicios amañados, tortura y censura.
Maduro no tiene el carisma de Chávez, aunque lo emula con discursos de horas en los que mezcla asuntos políticos duros, beligerantes, con chistes y anécdotas personales.
No obstante, más allá de lo retórico, supo hacer "realpolitik": recortó el gasto público, eliminó aranceles para impulsar importaciones que acabaran con el desabastecimiento y permitió el uso informal del dólar, que hoy reina en un país donde tiendas y restaurantes de lujo reaparecieron, aunque solo para el disfrute de unos pocos.
Y supo, durante un tiempo, negociar con Washington, pese a su intransigente discurso "antiyanqui".
Reanudó parcialmente el comercio de petróleo con licencias a empresas como la estadounidense Chevron y consiguió la excarcelación de dos sobrinos de Flores condenados por narcotráfico en Estados Unidos y del empresario Alex Saab, acusado de ser su testaferro y enjuiciado en Florida por lavado de dinero.
Hoy, es el propio Maduro quien se enfrentará a jueces estadounidenses. Washington lo acusa de estar al frente del tráfico de drogas y del Cartel de los Soles, una banda cuya existencia es puesta en duda por numerosos expertos.
Lejos del ateísmo que por definición acompaña al marxismo, Maduro se define como "marxista", "cristiano" y "bolivariano" y tiene una estrecha relación con los evangélicos. "¡Cristo está con nosotros!", repite.

